para el filósofo, la situación es "mediocre, no catastrófica"

José Antonio Marina: "El primer problema de la educación es la ideología"

"No es cierto que hayamos entrado en la era del conocimiento. Hemos entrado en la era del aprendizaje", dice el filósofo

Foto: El filósofo José Antonio Marina. (E. Villarino)
El filósofo José Antonio Marina. (E. Villarino)

"No es cierto que hayamos entrado en la era del conocimiento. Hemos entrado en la era del aprendizaje. Si no aprendemos continuamente, quedaremos marginados". La cita presidía el pasado jueves el acto -denominado "debate" aunque resultó más bien monólogo-, del filósofo y experto en educación José Antonio Marina sobre Educar en el siglo XXI, organizado por la Universidad Pontificia de Comillas ICAI-ICADE y por la revista Ethic.

Para Marina -que hace un par de meses participaba en un foro de El Confidencial sobre las 'enseñanzas' de la crisis-, cualquiera con "dos dedos de frente" puede darse cuenta de que "deberíamos abrir una época dorada de la educación: para no quedar expulsados de la realidad en este nuevo entorno tan cambiante, en el que no basta con aprender un oficio para toda la vida, vamos a tener que aprender constantemente. Debemos inculcar en nosotros mismos, en nuestros alumnos y en nuestros maestros la pasión por aprender. Porque la riqueza de las naciones radica ahora en su capacidad de generar talento, que es el buen uso de la inteligencia".

¿Demasiado teórico? Bajó también el filósofo a la arena: "El primero de los problemas de nuestra educación es su ideologización. La ideología es a la educación lo que la mixomatosis al conejo. En este país nunca va a haber un gran pacto de Estado al respecto, porque cada partido quiere mangonear en ella. A ver si conseguimos que se den cuenta de que hay muchas cosas en las que no se puede tener una idea política de la educación". 

La situación de la educación en España 'es mediocre, no catastrófica. Lo grave es que nos hemos estancado en ese puesto', apunta MarinaY pasó de la crítica general a la particular, ante, por ejemplo, el "deprimente e indecente espectáculo" que se dio en torno a Educación para la Ciudadanía (de la que fue defensor): "Si la escuela no tiene poder para transmitir valores morales, como decía la Conferencia Episcopal, ¿entonces, qué enseñamos? Es como decir que hay agua que no es húmeda". O ante el ministro del ramo, José Ignacio Wert: "Decir que recortando presupuestos se va a mejorar algo es una impostura. Yo lo que le critico a este ministro, aparte de que entrara como un elefante en una cacharrería, es que saliera diciendo que con 32 alumnos por aula en vez de 28 se favorece la sociabilidad". Y ante su secretaria de Estado, Montserrat Gomendio: "La inteligencia está en la memoria, que es el órgano del aprendizaje. Cuando se refirió a ella [pidió un cambio en la metodología "anticuada" basada en la memoria], se equivocó. ¿Si no aprendo de memoria, cómo aprendo? A lo que se refería es al uso de la memoria que consiste meramente en repetir".   

Sin embargo, a pesar de la ideologización, de no haber tenido buenos gestores ("y seguimos sin ellos") y de haber administrado "muy mal" los recursos dedicados a la educación española, la situación "es mediocre, no catastrófica. Lo grave es que nos hemos estancado en ese puesto. Con el presupuesto que teníamos [5% del PIB en 2009] podríamos pasar de un sistema mediocre a uno de alto rendimiento en tres o cinco años". ¿Haciendo qué? "Mejorando primero los equipos directivos, que en muy poco tiempo pueden destrozar o mejorar muchísimo un centro. Segundo, la calidad del profesorado, que en España no se ha formado nunca. Había una especie de broma chusca llamada CAP, mientras en el Reino Unido un profesor dedica 100 horas al año en formación. Tercero, que los centros tengan más autonomía, lo que significa que deben organizar sus proyectos educactivos muy bien... y en España están empezando a funcionar mejor los de gestión concertada que pública. Cuarto, implicar a las familias en su relación con la escuela, que ahora está rota. No es verdad que no les interese la educación de sus hijos, pero no saben qué hacer, no tienen vías concretas para colaborar". ¿Sencillo? Quizá hagan falta unos cuantos "debates" más para explicar los cómos de los qués de José Antonio Marina.

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