¿ESTÁN LAS TEORÍAS EQUIVOCADAS?

¿Por qué nos cuesta perder peso? ¿Por qué tenemos hambre? Nuevos descubrimientos

¿Por qué si ingerimos menos calorías de las que gastamos resulta tan complicado eliminar los kilos que nos sobran? David Ludwig tiene la respuesta

Foto: Si comemos todo lo que necesitamos, ¿por qué sentimos hambre a media mañana o poco después de comer? (Corbis)
Si comemos todo lo que necesitamos, ¿por qué sentimos hambre a media mañana o poco después de comer? (Corbis)

¿Por qué nos cuesta tanto perder peso? ¿Por qué si, como se suele asegurar, ingerimos menos calorías de las que gastamos, resulta tan complicado eliminar los kilos que nos sobran, y las tasas de obesidad siguen aumentando incansablemente? Adelgazar es tan fácil como comer menos y hacer más deporte, se suele pensar. Pero aun así, los efectos tardan en dejarse notar, y de vez en cuando aparece una dieta milagrosa que parece ofrecer jugosos atajos en tan arduo camino.

Una teoría alternativa a la del “lo que entra por lo que sale”, en referencia al equilibrio entre lo consumido y lo gastado, parece coger cada vez más fuerza. En su edición del pasado domingo, The New York Times publicó un artículo que está dando mucho que hablar y en el cual David S. Ludwig, el director del Centro para la Prevención de la Obesidad de la Fundación New Balance y profesor de la Universidad de Harvard explicaba cómo las teorías que manejamos actualmente sobre nutrición pueden habernos llevado al desastre. No se trata de que estén “técnicamente equivocadas” en sí, sino de que obvian causas subyacentes que pueden estar determinándolo todo.

En resumen, la tesis que Ludwig defiende, y que ha intentado defender en sus investigaciones, es que quizá estemos confundiendo la causa con el efecto y no sea comer de más lo que haga que ganemos peso, sino que es precisamente el proceso de engorde que ha sufrido el hombre durante las últimas décadas lo que le hace comer cada vez más. El artículo, coescrito junto a Mark I. Friedman, vicepresidente de investigación en la Nutrition Science Initative, ha abierto un debate tal que hasta en la página de cartas al director del periódico se han recogido unas cuantas aportaciones de expertos que han debatido o completado la tesis original del artículo.

Necesitamos cada vez más calorías

En una investigación que acaba de ser publicada en el Journal of the American Medical Association, Ludwig señala que los factores ambientales pueden haber provocado que los lipocitos, las células grasas, estén almacenando niveles más altos de glucosa y otros compuestos ricos en calorías. Ingerimos las calorías que deberíamos ingerir, pero estas se almacenan en un lugar incorrecto del cuerpo: se hallan en el tejido adiposo, no en la corriente sanguínea, donde podrían satisfacer las necesidades del organismo.

Nuestro organismo se ralentiza y tenemos más hambre, por lo que engordamos más rápido

Por esa razón, y a pesar de que consumimos las calorías que necesitamos, nuestro cuerpo nos envía constantemente señales de que necesitamos comer más. Ludwig traza un paralelismo en el artículo entre dicha situación y lo que ocurre a los enfermos de edema, una acumulación de líquidos en el tejido intercelular o intersticial y en las cavidades del organismo. Uno de los síntomas de dicha dolencia es una sed insaciable, que se origina porque el agua no pasa al torrente sanguíneo, sino que se acumula. Algo semejante ocurre con las calorías, que se destinan directamente al tejido adiposo.

El efecto que se produce es una mayor sensación de hambre y la ralentización de nuestro organismo para ahorrar energía. Esto, a su vez, provoca que el gasto energético sea menor y, por lo tanto, se engorde más. Comer más hace que este problema se solucione durante un breve período de tiempo, pero también que se ganen kilos rápidamente.

Los factores que importan

Ludwig somete a escrutinio dónde se encuentra la clave. Por una parte, recuerda que hay quien explica esta preponderancia de la obesidad a partir de factores biológicos, en cuanto que nacemos con unos condicionantes metabólicos de los que es muy difícil de escapar. Otros culpan a la ausencia  del sueño, al estrés y a los bajos niveles de actividad física. Pero el médico apunta a otro culpable, la hormona de la insulina, que es lo que ha marcado la diferencia durante las últimas décadas en EEUU, en las que los niveles de obesidad se han triplicado desde los años 60.

Los carbohidratos rápidos han provocado que aumenten los niveles de insulina

La insulina no engorda por sí misma, pero hace que las células absorban más glucosa. Y, como recuerda Ludwig, los carbohidratos rápidos (es decir, los que suelen encontrarse en los alimentos procesados) han provocado que aumenten los niveles de insulina y que aparezca el tipo de respuesta anteriormente citada en un gran número de ciudadanos.

Esta tesis ya había sido anticipada por otros científicos como Gary Taubes, que en una entrevista concedida a este medio, señalaba que el problema no es que comamos demasiado, sino que ingerimos demasiados carbohidratos y azúcares. Como recuerda Ludwig, la guerra contra la obesidad ha encontrado en la grasa su principal enemigo, porque posee un mayor número de calorías. Ello ha provocado que la industria alimentaria se haya centrado en el destierro de las grasas y su progresiva sustitución por los carbohidratos refinados. Sin embargo, y como recordaba Taubes, la grasa es el único nutriente que no influye sobre la insulina.

Con un consumo reducido de granos refinados, azúcar concentrado y productos con patata, nuestro control interno del peso puede hacer el resto

Como ha puesto de manifiesto un estudio en el que ha participado el propio Ludwig, ante el mismo número de calorías, aquellos que habían formado parte de una dieta baja en carbohidratos perdían 325 calorías o más que aquellos que habían sido sometidos a una dieta baja en grasas. Los autores del artículo señalan a la industria alimentaria como la principal culpable. Es ella la que defiende este balance calórico, puesto que como defiende el artículo, “gana mucho dinero de productos altamente procesados derivados del arroz, el cereal y el trigo”.

“Con un consumo reducido de granos refinados, azúcar concentrado y productos con patata, así como otras elecciones significativas en el estilo de vida, nuestro control interno del peso puede hacer el resto”, concluyen los autores del artículo. “De esa manera, podríamos devolver a nuestro cuerpo a niveles previos a la epidemia”. 

Alma, Corazón, Vida
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