PEPE MUJICA, RETRATADO POR KUSTURICA

¿Este hombre es el último héroe? El político que le cae bien a todo el mundo

“Los que pensamos distinto quedamos como unos locos, a lo sumo nos pueden admirar, pero no nos siguen”. Lo dice José Mujica, presidente uruguayo

Foto: Mujica ha conseguido el apoyo de los uruguayos gracias a unos valores personales poco frecuentes en la política contemporánea. (Efe/Iván Franco)
Mujica ha conseguido el apoyo de los uruguayos gracias a unos valores personales poco frecuentes en la política contemporánea. (Efe/Iván Franco)

 “Los que pensamos distinto quedamos como unos locos sueltos, a lo sumo nos pueden admirar, pero no nos siguen”. Lo confiesa José “Pepe” Mujica, presidente de Uruguay, con una risa franca que capta al vuelo la cámara de Emir Kusturica, quien está rodando estos días un documental sobre el mandatario más impactante y mejor aceptado de la comunidad internacional. Obama le recibió la pasada semana en la Casa Blanca, y dijo de él que es una persona que “vive de acuerdo a lo que piensa”. Y así parece, a juzgar por su forma de vida: sigue residiendo en una pequeña y más que modesta casa, el único coche que posee un viejísimo Volkswagen azul y dona gran parte de su sueldo al Fondo Raúl Sendic, una popular iniciativa solidaria.

Ese modo de vida austero ha sido confundido con la simple pobreza, calificativo que Mujica ha rechazado afirmando que “yo no soy pobre, pobres son los que creen que yo soy pobre. Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero sólo para poder ser rico. Quiero tener tiempo para dedicarlo a las cosas que me motivan. Y si tuviera muchas cosas tendría que ocuparme de atenderlas y no podría hacer lo que realmente me gusta. Esa es la verdadera libertad, la austeridad, el consumir poco. La casa pequeña, para poder dedicar el tiempo a lo que verdaderamente disfruto”.

La felicidad y el destino del mundo

“Mujica simboliza un modelo distinto de hacer político. Vive modestamente pero no lo siente como un sacrificio. Él vive así –compra en la misma carnicería, conduce el mismo coche, cultiva crisantemos– porque está a gusto, no lo percibe como una renuncia. Y ha llegado a un punto vital en el que ha tejido una reflexión muy interesante sobre la felicidad y sobre el destino del mundo más allá de una discusión política circunstancial”.

Hugo Sigman, empresario argentino.
Hugo Sigman, empresario argentino.
Lo afirma Hugo Sigman, empresario argentino con intereses en el sector farmacéutico, agropecuario y cultural, y buen amigo de Mujica. Sigman publicó en su editorial Capital Intelectual De tupamaro a ministro, texto en el que Mujica describe su trayectoria política, que tuvo continuación en De tupamaro a presidente y ahora está produciendo El último héroe, un documental sobre el presidente dirigido por Emir Kusturica. Sigman sabe que es un momento perfecto para este retrato cinematográfico por la popularidad de Mujica, porque acaba mandato, ya no está presionado por las exigencias electorales y es mucho más libre a la hora de expresarse, pero también porque los años le han brindado multitud de experiencias contradictorias y las armas intelectuales precisas para traducirlas en una teoría sobre el mundo.  

De ahí parte ese deseo austero en su vida privada (“Yo no vivo con sobriedad porque sí, es una manera de predicar que hay que luchar por la libertad”, le dice a Kusturica) pero también su comprensión de unas cuantas verdades que rigen este mundo. Cuando asegura que “a veces, lo malo es bueno, y a veces, a la vez, lo bueno es malo. Es complicado el ser humano”, acompaña su afirmación con una mirada profundísima que Kusturica (quien terminará de rodar el último día presidencial de Mujica) capta en toda su belleza. 

Fue guerrillero tupamaro, le hirieron de bala en seis ocasiones, se fue detenido y se fugó dos veces, y acabó pasando 13 años en la cárcel, donde recibió torturas prolongadas e inhumanasThe Economist nombró a Uruguay país del año por su “receta para la felicidad humana”, Time eligió a Mujica como una de las personas más influyentes del mundo, y los mandatarios estadounidenses le acogieron con grandes alabanzas. Mujica acaba de sentarse con John Kerry, George Soros o Sean Penn, pero mucho antes de eso fue guerrillero tupamaro, le hirieron de bala en seis ocasiones, fue detenido y se fugó dos veces, y acabó pasando 13 años en la cárcel (de los 37 a los 50), donde recibió torturas prolongadas e inhumanas. Supo resistirlas con increíble entereza y tras su puesta en libertad, apostó por la vía política. Fue nombrado ministro y desde el 1 de marzo de 2010 es el máximo mandatario de su país.

El final de las ideologías, el auge de lo personal

Cuatro años después, Mujica se ha convertido en un referente internacional gracias a decisiones como legalizar la marihuana (“El problema no es la droga sino el tráfico de drogas”), o a su manera de apoyar fórmulas gubernamentales para paliar las desigualdades sin abrazar la vía venezolana. Sigman no cree, sin embargo, que el modelo de Mujica pueda replicarse: “En una de mis visitas a China, hablando con uno de sus ministros, comentamos cómo los gobiernos se mueven desde una suerte de pragmatismo y no tienen la intención de proponer nuevos modelos teóricos. Tampoco ellos, que tienen problemas de crecimiento y de distribución, querían apostar por ese camino. El ministro me explicó que no creen en los modelos exportables, que son un país de mil y pico millones de personas con su propia realidad y que cada país tiene que construirse su referente. Uruguay tiene tres millones de habitantes, posee una historia y unas características especiales y es un país en el que los guerrilleros se institucionalizaron y llegaron a presidentes. No sé si su modelo puede trasladarse a otros lugares …”

Yo no vivo con sobriedad porque sí, es una manera de predicar que hay que luchar por la libertadSin embargo, en este contexto en el que tanto la religión como las ideologías están abandonando el centro de la vida política contemporánea sin haber dejado sucesor, y en el que, por tanto, los modelos orientativos escasean, es probable que algunas de las características personales de Mujica sí tengan un gran valor a la hora de sugerirnos el futuro. “Las actitudes de políticos y personalidades públicas como Pepe Mujica o Bergoglio impactan mucho. De hecho, el Papa fue rescatado precisamente por esa austeridad y por su desprecio por el dinero y el lujo. No vive en el lugar que podría vivir, sigue usando sus zapatos negros gastados en lugar de los rojos papales y desecha todo gesto de ostentación. En un momento en que hay un enorme divorcio entre políticos y sociedad, la empatía que generan Mujica o Bergoglio es grande porque la gente encuentra en ellos a personas que no disfrutan del poder a título personal, sino que tienen convicciones utópicas en el buen sentido de la palabra”.

Si esa legitimidad ganada con los actos se complementa con un mayor impulso democrático, es muy probable, cree Sigman, que ese deterioro institucional desaparezca. “Casi nadie sabe quién es el presidente de Suiza, porque es un país cuyos dirigentes son de perfil bajo, y eso lo gente lo valora. Tienen la costumbre de llevar a referéndum las cuestiones importantes para la ciudadanía, no utilizan sólo las urnas para elegir presidente. Y creo que si juntamos la austeridad y una democracia que funciona, esa brecha entre los políticos y la gente desaparecerá”.

Mujica, entrevistado por Kusturica para el documental que aún se encuentra en su rodaje.
Mujica, entrevistado por Kusturica para el documental que aún se encuentra en su rodaje.

Pero más allá de la fórmula política concreta, lo cierto es que estos referentes de nuevo cuño son muy importantes en una sociedad que está viviendo acuciantes procesos de descomposición. Sigman es también productor de un largometraje, Relatos salvajes, de Damián Szifron, que se presenta en la presente edición del festival de Cannes, que narra seis historias en las que distintas personas pierden el control al tener que enfrentarse a inmoralidades, reaccionando con violencia a las agresiones sociales. Uno de los factores que más influyen en ese descontrol son las diferencias económicas. "Necesitamos que éstas se achiquen, que haya más clase media, porque eso generará más armonía y equilibro social. Hay mucha gente que ni siquiera tiene voz para reclamar lo que le falta, porque están ya acostumbrados a vivir así. Tenemos una fundación, Mundo Sano, que trabaja con enfermedades olvidadas, aquellas de las que nuestra industria no se ocupa porque no son rentables, y ves que muchas de esas personas sufren sin ni siquiera tener voz para decir que están disconformes. Tenemos que empoderar a las personas para que puedan hacer que las diferencias se aminoren”.  

Alma, Corazón, Vida
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