Nutrición: La guía definitiva para usar bien la nevera. Noticias de Alma, Corazón, Vida
¿SIGUES GUARDANDO EL PAN EN LA NEVERA?

La guía definitiva para usar bien la nevera

La nevera es un electrodoméstico esencial en nuestros hogares, pero a menudo se nos olvida para qué sirve realmente, y cuál es su utilidad real

Foto: Organizar la nevera correctamente nos permitirá ahorrar tiempo y dinero. (Corbis)
Organizar la nevera correctamente nos permitirá ahorrar tiempo y dinero. (Corbis)

La nevera es un electrodoméstico esencial en nuestros hogares, pero a menudo se nos olvida para qué sirve realmente, y cuál es su utilidad real. La nevera no es un armario donde se guarda la comida, es un instrumento que nos permite conservar mejor determinados alimentos, ya que las bajas temperaturas retrasan el desarrollo de microorganismos y evitan que la fermentación aparezca antes de tiempo.

Todo esto parece una obviedad, pero lo cierto es que mucha gente no tiene ni idea de cómo debe organizarse correctamente un frigorífico ni que alimentos se deben guardar en él (y hasta cuándo). ¿Quién no tiene algún amigo que guarda todo en la nevera, incluidas cosas como el pan de molde, las latas o el arroz? Y esto no es lo más preocupante. Una gran cantidad de enfermedades transmitidas por alimentos se pueden evitar si la nevera se organiza correctamente.

Para garantizar al máximo la vida útil de un alimento es importante que esté en el sitio adecuado de la nevera, o fuera de ésta, pues hay muchas cosas que se conservan mejor en un lugar fresco y seco. También es importante saber qué alimentos se pueden congelar y cómo se debe hacerlo. Esto es lo que debes hacer con cada tipo de comida.

Carnes y pescados

Refrigerar

Son los alimentos más perecederos y los que requieren mayor frío, por ello deben colocarse en la parte más baja de la nevera, justo encima de los cajones para las verduras. En este punto la temperatura ronda los 2ºC. Colocar estos alimentos en la parte baja  del frigorífico tiene una ventaja añadida: si se producen goteos no contaminarán otros alimentos.

En cualquier caso, este tipo de productos frescos no deben dejarse mucho tiempo en la nevera. La carne picada, la que más fácil se contamina, no debe estar más de un día; el pollo, el pescado y la ternera aguantan hasta dos días y si están cocinados aguantan hasta tres días.

Los embutidos y los alimentos ya cocinados deben conservarse en la parte central del frigorífico, pues no necesitan tanto frío.

Congelar

La carne y el pescado se pueden congelar sin problemas. Para una mejor conservación trata de guardar los alimentos lo más secos posibles (siempre van a estar húmedos, per mejor que no estén chorreando) y en un envase adecuado: papel albal, film o bolsas para congelar. En el congelador aguantarán un tiempo, pero recuerda que un filete no es la momia de Tutankhamon. La carne de ternera y cordero aguanta bien en el congelador un año, la de carne y cerdo unos seis meses y el pescado entre tres y seis meses. Los platos ya cocinados aguantan también entre tres y seis meses.

Frutas y verduras

Refrigerar

En la conservación de frutas y verduras la cosa se complica. No a todas les va bien el frigorífico. Como norma general, las bajas temperaturas pueden deteriorar a los vegetales, por eso, siempre que los guardes en la nevera, hazlo en los cajones destinados a tal efecto, donde la temperatura es mayor.

Hay frutas y verduras que no conviene refrigerar nunca como las patatas, la cebolla y el ajo (que se echan a perder).

Hay muchas frutas que están mejor fuera de la nevera. No merece la pena meter en la nevera los cítricos, los tomates (cuyo sabor empeora notablemente), las berenjenas y los calabacines. Tampoco los plátanos, los melones, los aguacates, los kiwis, las manzanas y las peras, que pierden calidad si se refrigeran antes de tiempo (¿recuerdas ese plátano negro del fondo del cajón?). Lo ideal es no meterlos en la nevera, pero si tienes que hacerlo, hazlo cuando ya estén maduras, nunca en cuanto traigas la compra de la frutería.

Las frutas que sí deben refrigerarse siempre son las fresas, las cerezas, las uvas, las ciruelas, las hortalizas de raíz (rábanos, zanahorias, nabos, remolachas…) y los higos. También todas las verduras verdes como la lechuga (que se conserva muy bien si está envuelta en un paño húmedo), el brócoli, las judías verdes, las espinacas…  

Congelar

La mayoría de frutas y verduras pueden congelarse con éxito. De nuevo, lo ideal es eliminar el agua sobrante, para que no se forme escarcha, pero es conveniente guardarlas limpias y troceadas. También es muy útil congelar las hierbas frecas, como el perejil o la albahaca, que, además, pueden usarse directamente sin descongelar en los guisos. Una buena idea es guardarlas en una cubitera, picadas y cubiertas con aceite. Así estarán listas para acabar en cualquier plato.

Hay frutas y verduras con mucha abundancia de agua que nunca se deben congelar, pues se estropean Los calabacines, cítricos, melones, sandías y manzanas nunca deben pasar por el congelador.

Lácteos y huevos

Refrigerar

Los lácteos deben conservarse siempre refrigerados, pero en la parte central de la nevera o en la puerta, pues no necesitan tanto frío. De hecho, en invierno, la mantequilla y el queso se pueden guardar sin problemas fuera de la nevera y están mucho mejor a temperatura ambiente.

Los huevos suelen tener su propio sitio en la puerta del refrigerador, el lugar menos frío de la nevera.

Congelar

Sí, aunque no es muy habitual, los lácteos pueden congelarse, y es algo muy útil si, por cualquier motivo, se nos acumulan los quesos y la mantequilla. La leche también puede congelarse, pero debe guardarse en un recipiente grande, pues su volumen aumentará (nunca metas un brick en el congelador, si no quieres pasarte unas horas limpiándolo). Los huevos pueden también guardarse en el congelador, siempre que los conservemos sin la cáscara. De hecho, muchos reposteros guardan yemas y claras separadas, por lo cómodo que resulta para elaborar pasteles.

NORMAS BÁSICAS DE MANTENIMIENTO

Además de organizar correctamente los alimentos, no debemos olvidarnos de ciertas normas y tareas básicas para que nuestro frigorífico se encuentre en buen estado.

  • La nevera no tiene que estar nunca demasiado llena, pues si no hay espacio entre alimentos el aire no circula bien y la distribución de la temperatura se puede ver afectada.
  • El congelador por el contrario es conveniente que esté lo más lleno posible, pues así necesitará menos energía para funcionar, y el frío será mayor. Si tienes pocas cosas, prueba a colocar cubiteras o envases para el hielo entre los alimentos.
  • No dejes que se acumule el hielo en el frigorífico, pues no funcionará bien. Para ello tendrás que apagar la nevera de vez en cuando, sacar toda la comida y limpiarla a conciencia, lo que además te permitirá eliminar los restos de suciedad y malos olores (y ya de paso tirar a la basura aquel tupper de tu madre que no recordabas haber metido).
  • No coloques nunca comida caliente en el frigorífico, pues provoca una subida de temperatura que puede dañar otros alimentos. Espera a que se enfríe.
  • Durante el verano baja unos grados la temperatura.
  • Una buena idea para organizar la nevera de forma eficiente consiste en colocar los alimentos nuevos detrás de los viejos, para así consumir todo en orden. Si vas colocando la compra del supermercado encima de lo que había antes puede que acabes olvidando alguna cosa, que acabará en la basura.
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