confesiones desde wall stret

La mejor explicación de por qué las cosas han ido mal económicamente

El antes inversor Sam Polk ha escrito una pequeña columna en la que explica de manera muy sencilla lo que él considera el principal problema de Wall Street

Foto: En Wall Street el dinero es una droga. (Andrew Lichtenstein/Corbis)
En Wall Street el dinero es una droga. (Andrew Lichtenstein/Corbis)

El antes inversor de fondos Sam Polk ha escrito una pequeña columna en el New York Times que ha suscitado muchos comentarios en la prensa internacional, pues en ella explica de manera muy sencilla lo que él considera el principal problema de Wall Street. Es lo que el llama la adicción al dinero o el amor por el mismo que, en términos cotidianos, podemos traducir por avaricia, según la RAE, "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas".

En Lectura y locura dice Chesterton que el dinero no es más que un símbolo. "Simboliza el vino, los caballos, los trajes bonitos, las casas de lujo, las grandes ciudades del mundo, la tranquila tienda junto al río...". En ese orden de cosas, afirma que "el avaro es un loco" porque "prefiere el dinero a todas esas cosas; antepone el símbolo a la realidad". Un mal parecido parece aquejar a aquellos que desean recabar dinero sólo con el fin de atesorarlo y que tan frecuentes son, según Polk, en Wall Street.

El dinero y el poder

Polk considera que el problema que se observa en Wall Street en torno al dinero está muy ligado a una tendencia humana muy conocida: el deseo de sentirse poderoso.

Como era tan listo y tenía tanto éxito, pensaba que la labor de los demás era hacerme feliz"Me sentía muy importante", afirma Polk. "Con 25 años podía ir a cualquier restaurante en Manhattan –Per Se, Le Bernardin– simplemente cogiendo el teléfono y llamando a uno de mis corredores de bolsa, que se congraciaban con los comerciantes, entreteniéndolos con cuentas corrientes ilimitadas. Podía estar en segunda fila en un partido de los Knicks contra los Lakers con sólo dejarle caer a un corredor de bolsa que yo podría estar interesado en ir. Se trataba del poder. Como era tan listo y tenía tanto éxito, era la labor de los demás el hacerme feliz", continúa Polk, en una confesión que no ha dejado indiferente a nadie. Retrata un mundo sin escrúpulos en el que, por mucho que se tenga, sólo se quiere más. Pero ni siquiera se quiere algo porque uno realmente lo quiera, sino porque todos lo quieren y sin embargo sólo uno mismo –por su dinero, por su poder– lo puede adquirir. Y, aún en esa situación, Polk se sentía "invadido por la codicia".

Una verdadera adicción

Una de las cosas que más sorprende de las declaraciones de Polk es que habla de su vida en Wall Street como una verdadera adicción, como el que está enfermo y enganchado a algo de por vida, y cuya actitud revierte en las personas que lo rodean. "En mi último año en Wall Street mi bonificación fue de 3,6 millones de dólares, y me enfadé porque no era lo suficientemente elevada. Tenía 30 años, ningún hijo que criar, ninguna deuda que pagar y ningún objetivo filantrópico que llevar a cabo. Quería más dinero por la exacta misma razón que un alcohólico necesita otra copa: era adicto", sentencia Polk, dando una imagen de un joven que todo lo tenía al alcance de la mano verdaderamente descorazonadora.

El joven estaba simplemente obsesionado con ganar más y más dinero, y relata cómo lo consideraba una fuente de poder increíble: todos aquellos que tenían inmensas cantidades de dinero podían hacer lo que quisieran, desde conseguir una mesa en un restaurante hasta ser alcaldes de Nueva York. Pero un día abrió los ojos.

La verdad sobre Wall Street

Un día Polk se hallaba en una reunión con uno de sus absurdamente ricos jefes y algunos otros inversores, discutiendo acerca de los fondos de cobertura (en inglés hedge fund). Casi todos en Wall Street consideraban que no eran una buena idea. "¿Pero no es mejor para el sistema, en su conjunto?", preguntó Polk, que dice recordar como su jefe le contestaba: "No tengo capacidad mental para pensar en el sistema en su conjunto. Sólo me preocupa cómo esto afecta a nuestra empresa".

En los meses previos a que se entregasen las bonificaciones, el parqué parecía un barrio de The Wire cuando se agota la heroínaPolk confiesa que sintió una punzada en el estómago y que se dio cuenta de que, a pesar de todo el dinero que tenía, lo único que le preocupaba a su jefe era perderlo. A partir de ese momento empezó a mirar Wall Street con otros ojos.

Se dio cuenta de la virulencia con que se dirigían al gobierno por limitar las bonificaciones ante un accidente, de la furia ante la mera mención de elevar los impuestos y del desprecio ante cualquier persona o cosa que amenazase sus bonificaciones. "¿Has visto cómo es un adicto a las drogas cuando se queda sin su mierda?", pregunta Polk, y responde: "Hace lo que sea –caminar 20 kilómetros a través de la nieve, raptar a una abuela– para obtener una solución. Wall Street era así. En los meses previos a que se entregasen las bonificaciones, el parqué parecía un barrio de The Wire cuando se agota la heroína".

Las conclusiones a las que llega Polk son escalofriantes si pensamos que muchas personas en el mundo trabajan así, y manejan ingentes cantidades de dinero: "Siempre había mirado con envidia a la gente que ganaba más que yo; entonces, por primera vez, me avergonzaba de ellos y de mí. Gané en un sólo año más de lo que mi madre ha ganado en toda su vida. Entendí que eso no era justo, que no estaba bien. Sí, yo era brillante, bueno con los números. Tenía un talento notable. Pero al final no hacía realmente nada".

El joven cae en la cuenta de que la Bolsa, Wall Street, las estadísticas, el dinero... no modifican en absoluto el mundo (y, si lo hacen, no es en su beneficio). "Era operador de derivados financieros, y me di cuenta de que el mundo no cambiaría en absoluto si los derivados de crédito dejasen de existir. Pero sí si dejasen de existir los profesionales de la enfermería. Lo que siempre me había parecido normal de repente me pareció que estaba profundamente distorsionado".

Así, Polk descubrió que la economía es un problema para el hombre creado por el hombre, y se lamentó de que semejante absurdo tuviera tanta importancia para mucha gente. ¿Qué pasaría si Wall Street al completo se diera, asimismo, cuenta de que invierten su tiempo en una adicción, tan insana como cualquier otra?

Alma, Corazón, Vida
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