LA CULTURA DEL ÉXITO DEJA PASO AL FRACASO

El comunista que se convirtió en el emblema de la innovación y de SiliconValley

La cultura del éxito y del hombre hecho a sí mismo que exportaba Estados Unidos se ha visto aplacada por la cultura del fracaso

Foto: Samuel Beckett fotografiado en Londres, en 1980.
Samuel Beckett fotografiado en Londres, en 1980.

La literatura se cuela en cualquier parte, sin pedir permiso y sin molestar, pero se hace difícil pensar que el arrugado y genial Samuel Beckett se viera en los periódicos internacionales gracias a un partido de tenis. No obstante, así ha sido. O así lo anunciaba hace poco el periodista Mark O’Connell en Slate, con motivo de la victoria de Stanislas Wawrinka sobre Rafael Nadal en la final del Open de Australia.

“El pasado fin de semana fue un hito no sólo en la carrera de un tenista suizo de 28 años, sino también en la trayectoria póstuma de uno de los más importantes y pesimistas escritores del siglo XX. Esta es la primera vez que gana un Grand Slam un jugador que tiene una cita de Samuel Beckett tatuada en su cuerpo”, escribía O’Connell.

El tatuaje lo lleva Wawrinka en el antebrazo izquierdo, en negro y con una caligrafía primorosa y rebuscada. Dice así: “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”, es decir: “Siempre lo intentaste. Siempre fracasaste. No importa. Inténtalo otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. La cita pertenece a Worstward Ho, una de las más sugerentes obras de Samuel Beckett.

La cultura del fracaso

Hay que hacer de los defectos virtudes, y hay que fracasar bien. Mark O’Connell señala las numerosas ocasiones en que se ha topado con la frase de Samuel Beckett, y le sorprende cómo un escritor de minorías ha llegado a todo el mundo con esos imperativos secantes que tan bien funcionan en la época actual. De hecho, sólo con poner en un buscador “Fracasar mejor” observamos que aparece la frase célebre del autor irlandés, a menudo también con su foto, en numerosas imágenes.

Esta moda empresarial por el fracaso no tiene que ver con el fracaso en sí mismo, como meta, sino con el fracaso como un paso esencial en el progreso individual¿Por qué esta apología del fracaso? Encontramos en la cultura actual numerosas alusiones al tema. Fracasar mejor (Olifante, 2013) es el libro que el poeta Jorge Riechmann ha publicado recientemente. Asimismo, en noviembre del pasado año se presentaba Instrucciones para fracasar mejor (Adaba, 2013) del escritor Miguel Albero. También se hicieron muy famosas, a nivel internacional pero de este lado del charco, las declaraciones del parisino George Steiner: “Yo intento fracasar mejor”.

Parece que la cultura del éxito y del hombre hecho a sí mismo que exportaba Estados Unidos se ha visto aplacada por la cultura del fracaso, pero del fracaso del mejor modo. Conscientes de que no siempre podemos ganar y, sobre todo, de que el éxito es un concepto demasiado etéreo, abogamos por un fracaso con el que nos sintamos a gusto.

El lema se ha convertido en un mantra empresarial. Sugestivo y eficaz se usa para la propaganda corporativa, como ya hicieron el “think different” (piensa de manera distinta), el “work smarter” (trabaja más inteligentemente) o el “just do it” (simplemente hazlo). Las empresas americanas han comprobado que estos telegráficos mensajes funcionan como exhortación y lema de motivación personal. Además (por mucho que Beckett no cayera en la cuenta) caben perfectamente en lo que dura un tweet.

Después del fracaso, como señala la frase de Beckett, está el intentarlo otra vezEsta moda empresarial por el fracaso no tiene que ver con el fracaso en sí mismo, como meta, sino con el fracaso como un paso esencial en el progreso individual a la hora de enriquecerse. Lo que quiere decir el “fail better” en Silicon Valley no es sino: falla, hasta que tengas éxito. De hecho, Dave McClure, fundador de 500 Startups, ha declarado que el nombre inicial que iba a ponerle a su compañía era Fail Factory.

La propia etimología de la palabra éxito nos remite a “salida” (del latín, exitus). Señala esencialmente el hecho salir, finalizar, concluir algo. Después del éxito no hay nada. Pero después del fracaso, como señala la frase de Beckett, está el intentarlo otra vez.

Un símbolo de muchos

Así, la fama que han adquirido las palabras del irlandés gracias a la victoria del tenista no son sino un síntoma más de la cultura del “buen fracaso” en la que nos hallamos inmerso. Como señala O’Connell, la frase se ha descontextualizado y ha pasado a tener autonomía propia, aplicándose a contextos para los que no estaba pensada, y erigiéndose como lema de una sociedad que, efectivamente, evalúa las cosas en términos de éxitos y fracasos.

Las frases que, en Worstward Ho, siguen a la del tatuaje poco tendrían que ver con la motivación que lo lleva a uno a ganar un Grand Slam, y es muy improbable que cualquiera que necesite afianzar su fe en sí mismo se las tatuase en el brazo. Pero, como bien apunta O’Connell, la frase ya no es, en el brazo del tenista, lo que era en el libro de Samuel Beckett. Este último, desde luego, nunca habría salido en la televisión. 

Alma, Corazón, Vida
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios