UN DESCENSO A LOS INFIERNOS DURANTE DIEZ DÍAS

"Es duro, a veces inaguantable, pero ahora tengo la iniciativa": el cáncer de Mankell

“Después de ser diagnosticado de cáncer en el mes de enero, sufrí durante diez un descenso a los infiernos”, ha explicado el autor de novela policiaca

Foto: El escritor sueco Henning Mankell, durante una visita a Berlín. (Efe/Tim Brakemeier)
El escritor sueco Henning Mankell, durante una visita a Berlín. (Efe/Tim Brakemeier)

“Después de ser diagnosticado de cáncer en el mes de enero, sufrí durante diez días un descenso a los infiernos”. De esta manera arranca el artículo publicado en el periódico sueco Göteborgs-Posten en el que el célebre escritor policiaco Henning Mankell, creador de la serie de novelas protagonizadas por el investigador Kurt Wallander, explica cuál ha sido su proceso emocional después de que hace apenas un par de semanas los médicos confirmasen que sufría una metástasis en la parte posterior del cuello y en el pulmón izquierdo.

“Lo recuerdo como una niebla, un aplastante estremecimiento mental que ocasionalmente se transmutaba en una fiebre imaginada”, añadía el autor de Huesos en el jardín (Tusquets Editores). “Momentos claros y breves de desesperación. Y toda la resistencia de la que mi fuerza de voluntad podía hacer acopio”. El autor describe ese período como “una interminable pesadilla en la que daba igual que estuviese dormido o despierto”.

Este es tan sólo el primero de una serie de artículos que tienen como objetivo narrar el proceso que protagonizará el escritor durante su convalecencia. El testimonio de otras personas, especialmente si éstas son ampliamente conocidas, resulta particularmente valioso a la hora de ayudar a otros pacientes a enfrentarse a dicha enfermedad. Como el propio Mankell recordaba, su generación, la de los nacidos en los años 40, “asocia el cáncer con la muerte”. Por eso, toda la ayuda psicológica y empatía es poca.

Una dura incertidumbre 

Este artículo de arranque se centra en la espera. Como le recordó su mujer, “el diagnóstico y el tratamiento del cáncer implican esperar, y eso es difícil para todos los afectados”. Durante esa primera parte del proceso, el escritor tuvo que mantener la paciencia suficiente como para no derrumbarse durante el período de tiempo en el que aún no sabía si el cáncer había llegado a afectar su cerebro.

Mientras espera, uno se siente completamente desvalidoUna buena manera de calmar la tensión era mediante la lectura de publicaciones científicas y médicas, que le recordaron que “la investigación sobre el cáncer se ha desarrollado de manera increíble durante los últimos 50 años”. Además, buscó consuelo en los doctores y las enfermeras del hospital universitario Sahlgrenska de Gotemburgo.

“Esta espera puede ser dura, a veces inaguantable: pero no hay nada que uno pueda hacer sobre ello”, añadía Mankell. “Es insoslayable, puesto que no hay atajos a los que agarrarse de manera innecesaria durante el proceso de diagnóstico. Naturalmente, mientras espera, uno se siente completamente desvalido”. Entre otras razones, porque si el cáncer se hubiese extendido a sus órganos vitales, “la batalla podría haber terminado antes de empezar a luchar”.

Tomando la iniciativa

A pesar de la gravedad de la situación, Mankell empezó a ver la luz al final del túnel después de que no se confirmasen los peores pronósticos. “Mi cáncer seguía siendo tan serio como antes, pero la demora –que por momentos ha sido horrible– había sido recompensada por unas noticias positivas”. Sin embargo, el tiempo de incertidumbre hizo al autor pensar en aquellos que, a diferencia de él, no tienen a nadie a quien poder contarle sus preocupaciones.

No hay que ser muy listo para darse cuenta de que hay problemas con la falta de personal en los hospitales“Hay esperas innecesarias en el tratamiento del cáncer, debido a la falta de personal, la burocracia y los titubeos políticos”, añadió de manera bastante crítica el autor que, no obstante, elogia la competencia de los profesionales que lo han tratado. “No hay que ser muy listo para darse cuenta de que hay grandes problemas con la falta de personal. No hablemos ya de lo que pagan a esa gente”.

La lucha del escritor contra su cáncer acaba de entrar en una nueva fase, en la que “el contraataque contra mis tumores empieza”. Mankell utiliza la imagen del pelotón de caballería que acude en socorro para ilustrar cómo se siente en este momento. “Otro período de espera está empezando ahora. Pero a diferencia de hace un mes, ahora soy yo el que tiene la iniciativa”. 

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