El deseo de una enferma terminal: una fiesta de despedida de un mes
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El deseo de una enferma terminal: una fiesta de despedida de un mes

El nombre de Marcy Glanz sonará a poca gente, pero ha corrido de boca en boca en las redes sociales, ya que pasó sus últimos días de manera especial

placeholder Foto: La mujer, gravemente enferma, no renunció a ver "El cascanueces" por última vez. (Stephanie Pilick/Efe)
La mujer, gravemente enferma, no renunció a ver "El cascanueces" por última vez. (Stephanie Pilick/Efe)

El nombre de Marcy Glanz sonará a poca gente, pero en los últimos días, ha corrido de boca en boca en las redes sociales. Glanz, que falleció el pasado 5 de enero en la ciudad de Nueva York a los 62 años, rodeada de amigos y familiares, ha protagonizado una de las despedidas más bellas e inspiradoras de las que se tiene constancia. La historia de sus últimos meses ha sido recogida por Corey Kilgannon en su blog del New York Times, donde también ha aparecido el obituario de la psicóloga.

Los médicos comunicaron a Glanz el pasado mes de noviembre que le quedaban unas pocas semanas de vida, después del crecimiento del cáncer de ovario que la había atormentado desde el año 2011. La mujer, que había trabajado como investigadora y asistente para programas infantiles como Barrio Sésamo, tenía muy claro lo que quería hacer con el tiempo que le quedaba: “una fiesta de despedida de un mes de duración, que mezclase la frivolidad con la amistad, las risas y las lágrimas”, tal como escribe Kilgannon.

Aprovechando el tiempo al máximo

Glanz se puso rápidamente manos a la obra, a pesar de que su estado de salud comenzó a entrar en declive rápidamente. Instaló un equipo médico en su hogar que le permitiese recibir visitas en su domicilio. Al mismo tiempo, comenzó a planificar su servicio funerario, para el que detalló la música que quería que sonase, y comenzó a invitar a todas las personas con las que había coincidido a lo largo de sus 62 años de existencia, que se contaban por decenas. La mayor parte de ellos le prometieron que cuidarían a su marido en su ausencia.

Muchos no tenemos la oportunidad de despedirnos de nuestros seres queridos, pero ella la tuvo

Hubo más risas que lágrimas”, manifestaba en el artículo el esposo de la fallecida, que añadió que la actitud de Glanz había conseguido que todo aquello que se suele hacer después de la muerte se llevase a cabo antes. La familia, formada por la pareja y sus dos hijos veinteañeros, repasó los viejos álbumes familiares y volvió a ver las cintas de vídeo de los grandes acontecimientos. Pero en ello no había un intento de mortificarse, sino de celebrar una existencia que tocaba a su fin.

Además, Glanz recordó junto a su marido su primer encuentro, la misma noche en que la ciudad de Nueva York sufrió uno de sus apagones más celebres.Alli, entre los candelabros, surgió el amor que daría lugar a dos hijos a finales de los años ochenta y a más de 30 años de convivencia. Él mismo aseguraba en el artículo que “muchos morimos demasiado pronto y no tenemos la posibilidad de despedirnos de nuestros seres queridos, o tenemos un largo y feo deceso, pero su muerte no fue nada de eso”.

En las horas finales

Sin embargo, la mujer no podía sacudirse de encima la idea de que nunca podría conocer a sus nietos, pero la familia tuvo una buena idea para remediarlo: regalarle a Glanz una copia del libro infantil Buenas noches, luna (Corimbo) de Margaret Wise Brown y Clement Hurd para que se grabase leyéndolo, tal y como había hecho con sus propios hijos. De esa manera, sus nietos podrían escuchar la voz de su abuela aún después de su fallecimiento.

En Nochebuena, celebró tres fiestas con sus más allegados

La salud de la mujer pronto comenzó a deteriorarse. El cáncer leimpedía digerir correctamente los alimentos, por lo que experimentaba constantemente hambre, y tenía que desplazarse en silla de ruedas. El día de su cumpleaños, en Nochebuena, celebró tres fiestas con sus más allegados, entre las que se contaba su último desplazamiento fuera del apartamento para ver El cascanueces. En Nochevieja, reunió a 20 personas para celebrar la última gran ceremonia en su hogar. Al día siguiente, Glanz pronunció su última palabra y moriría cuatro días más tarde, en su cama.

Quizá en la historia de Glanz no haya grandes hazañas de última hora, sueños cumplidos en el último momento, reencuentros conmovedores o recuperaciones repentinas. En apariencia simplemente se trata de una cotidiana despedida de los seres queridos. Pero es al mismo tiempo una reveladora historia que puede ayudar a aquellos que afrontan momentos difíciles a encarar las mayores dificultades. Como explicaba el viudo de Glanz, “no había nada de ‘pobre de mí’ en su situación, sino una sensación de paz y un deseo de querer cerrar el círculo”.

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