EN 10 SENCILLOS PASOS

Tienes un segundo: cómo causar la mejor impresión de inmediato

Para tener éxito en una entrevista de trabajo no es necesario únicamente tener un buen currículo, sino controlar las señales no verbales que enviamos

Foto: Los contratadores siguen rigiéndose por las primeras impresiones que causan sus candidatos. (Corbis)
Los contratadores siguen rigiéndose por las primeras impresiones que causan sus candidatos. (Corbis)

Lo tenemos todo bajo control. Hemos reunido las recomendaciones necesarias, hemos pulido nuestro currículum hasta el más mínimo detalle y nos sentimos con el ánimo necesario para afrontar la entrevista de trabajo que se interpone entre nosotros y nuestro empleo soñado. De repente, todo empieza a salir mal. El seleccionador arruga el gesto, nos trabamos y lo que parecía una situación ideal pasa a transformarse en una pesadilla que queremos abandonar cuanto antes. ¿Qué ha fallado?

Como recuerdan los psicólogos, por mucho que nos guste pensar que somos personas racionales, capaces de distinguir lo accesorio de lo esencial, seguimos guiándonos a partir de nuestras primeras impresiones. Un reciente experimento puso de manifiesto que los seleccionadores de personal apenas gastan seis segundos en examinar cada uno de los currículos que llegan a su escritorio, por lo que convierte ordenar la información que aparece en los mismos de manera clara y sencilla.

En décimas de segundo nos hacemos una rápida idea de lo que pensamos de los demásOtros estudios han reducido el tiempo a una cantidad muy inferior. Es el caso de, por ejemplo, el que realizaron Janine Willis y Alexander Todorov con el nombre de «Primeras impresiones», y que fue publicado en la revista Psychological Science. Según la investigación, las conclusiones que se alcanzaban tras una décima de segundo eran muy similares a las que se obtenían si no había ninguna clase de límite temporal, lo que llevaba a los investigadores a asegurar que este tiempo es más que suficiente para hacerse una primera idea de lo que tenemos ante nuestros ojos.

La consultora de marketing Camille Lavington cifra en tres segundos en su obra You’ve Got Only Three Seconds (Main Steet Books) el tiempo del que disponemos para causar una buena impresión, y recuerda algunos aspectos en los que debemos fijarnos si no queremos fracasar aun antes de abrir la boca. A continuación recogemos algunos errores frecuentes a evitar si queremos causar buena impresión.

  • Acicálate

Llevar la ropa correcta es importante, pero aún más lo es cuidar aspectos de nuestra higiene corporal en apariencia accesorios, como puede ser la limpieza de las uñas, el cuidado del vello facial o la longitud del pelo. Ello no quiere decir que no debamos llevar barba o el pelo largo bajo ninguna circunstancia, si no que tenemos que vigilar su cuidado.

  • Vístete bien

No incidiremos más de lo necesario en recordar que el hábito sigue haciendo al monje y no debemos rebajar el listón de nuestro vestuario. Tan sólo recordar que cada empleo tiene su propio código de vestimenta, que debemos conocer de antemano para trasladarlo a nuestra presentación personal. Una encuesta publicada por CareerBuilder hace un par de meses señaló que cada color va asociado con una cualidad diferente pero que, por lo general, resultan preferibles los tonos oscuros.

  • Sonríe

Como han puesto de manifiesto diversos estudios, una buena sonrisa es el camino más corto para agradar a los demás a un nivel inconsciente: genera confianza, nos muestra como personas relajadas y es contagioso. Siempre y cuando esta no sea una sonrisa bobalicona y forzada, algo que será mucho más pernicioso que presentar un gesto neutro.

  • Aprende a dar la mano

Parece mentira, pero hemos terminado olvidando cómo se estrecha la mano correctamente. Es decir, con firmeza, pero sin exagerar. Lo peor que puedes hacer es mover el brazo tan fuerte que sacudamos la extremidad de la otra persona.

  • Sube las cejas

Aunque todos conocemos el poder de una sonrisa, menos difundido está lo que los anglosajones denominan eyebrow flash. Se trata de un gesto inconsciente de motivación social, que dura la sexta parte de un segundo y que sirve para saludar y establecer contacto con alguien a quien hemos reconocido. La mayor parte de nosotros lo llevamos a cabo, aun sin saberlo.

  • Ensaya tu actitud

Más allá de los movimientos concretos, debemos preparar una manera de enfrentarnos a nuestro seleccionador. Todos recordamos esas escenas habituales en las comidas cinematográficas en las que alguien ensaya delante de un espejo cómo va a dirigirse a su amada o a una persona importante: no es mala idea hacer lo mismo para no parecer ni demasiado locuaces, ni demasiado sosos, ni demasiado temerosos cuando conozcamos a nuestro próximo contratador.

  • Mantén una postura correcta

Cuando te sientes, intenta mantener los pies en el suelo (figurada y realmente). Tenemos que intentar sentarnos erguidos, sin que parezca que estamos rígidos o agarrotados. No conviene de ninguna de las maneras hacer movimientos nerviosos como menear las piernas, puesto que distraen y dan la sensación de que somos personas poco maduras.

  • Inclínate hacia adelante, pero no demasiado

Una vez sentados, inclinar ligeramente –hacemos énfasis en el adverbio– el cuerpo hacia adelante le dirá a la otra persona que estamos interesados en lo que está contando, una buena razón por la que quizá nos deberían contratar. Echarnos hacia atrás denotará que tenemos confianza en nosotros mismos, pero también, una exagerada autosuficiencia que puede resultar poco apropiada en dicho contexto.

  • No utilices muletillas

La apariencia no lo es todo. Ya que no nos encontramos en un ambiente desenfadado, debemos vigilar nuestro lenguaje y la manera en que nos expresamos. Ello incluye las muletillas, las palabras mal pronunciadas, los titubeos y los tecnicismos huecos. Cuidado con parecer unos redichos, ya que debemos intentar no utilizar expresiones de las cuales no conocemos su significado exacto y que solo empleamos porque suenan bien.

  • Sé tú mismo

Suena a consejo de autoayuda, pero debemos tener siempre presente que mentir, además de suponer un importante esfuerzo mental, puede provocar que nos terminen pillando. Resulta más complicado hacernos pasar que por quien no somos que ir con la verdad por delante, sobre todo, porque en algún momento –probablemente, el primer día de trabajo– tendremos que dejar de fingir. Y entonces puede que alguien deje de confiar en nosotros.

Alma, Corazón, Vida
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