UN DÉBIL DESTELLO EN LA OSCURIDAD

El filósofo (protoespañol) que se convirtió en uno de los grandes de la historia

Desvanecido ya en el polvo de la historia, cabe deducir que el influjo del cordobés Séneca, fue un vano intento de actuar sobre la mente de Nerón

Foto: Pedro Pablo Rubens retrató a Séneca en este grabado.
Pedro Pablo Rubens retrató a Séneca en este grabado.

El precio de desentenderse de la política, es el de ser gobernado por los peores hombres.

–Platón

Desvanecido ya en el polvo de la historia, cabe deducir por su impronta en ella, que el influjo del extraordinario filósofo y preceptor de Nerón, el cordobés Séneca, fue un vano intento de actuar sobre la mente de aquel monstruo como un moderador intelectual y ético del omnímodo poder del tirano. Como en las tragedias de Esquilo, la indispensable amnesia necesaria para darle algún sentido a la supervivencia, cubrió con un manto de miedo la banalidad del horror que con tanta ligereza dispensaba aquel impresentable emperador. En medio de aquella catarsis paralizante de silencio a ultranza, sólo un representante de entre la enorme masa amedrentada de los eufemísticamente llamados ciudadanos de Roma tendría la suficiente altura y dignidad para enfrentarse a aquel despropósito de la naturaleza.

Ya había compartido pista el librepensador (protoespañol) con otros dos elementos de la talla de Calígula y Claudio, un par de “piezas” también, además de ser dos pesos pesados bien atados a sus locuras desbocadas y viscerales. Difícil hacer entrar en cintura a quienes anteponen la fuerza a la diplomacia o la negociación; en cualquier caso, un reto para un grande en el panteón de los más ilustres pensadores de la historia, aquella magna tarea de hacer razonar a la locura. Fue un testimonio de la grandeza humana enfrentada a su Némesis; la que habita en la oscuridad abisal de donde emana el horror.

El estoicismo y moralismo de Séneca

Cuando la República Romana perdió los valores de sus antepasados y se convertía en una sociedad turbulenta y amoral, hedonista y materialista; cuando se encaminaba a su propia destrucción, Séneca se alzaría como un activo indispensable en el juego de contrapesos con su estoicismo y moralismo. De nada le valdría ser un líder ante la parálisis colectiva de una forma de sociedad muerta en vida, pues la sociedad romana de la época no eran otra cosa que durmientes instalados en una anestesia general que les incapacitaba para reacción alguna. Panem et circenses.

De condición patricia, este ilustre hombre valiente se formaría en Roma y Atenas aproximándose a la mística pitagórica y en Egipto acercándose a los cultos locales en alza en el imperio. No dejaba tecla sin tocar este ecléctico cordobés.

Mesalina urdiría un complot para deshacerse de nuevo de élAllá por el año 37 de nuestra era, el caníbal confeso, y depravado hasta la medula, Calígula, que sucedería a Tiberio, le cogería ojeriza a nuestro filósofo y buscaría denodadamente la forma de darle el “pasaporte“. Un elemento, este impresentable, que al parecer había ordenado discretamente la desaparición de tan insigne orador. Pero los hados favorecerían a Séneca, ya que una ilustre admiradora (al parecer una vestal), devota de sus inextricables y mágicos conocimientos, le daría el “soplo" a tiempo para poner tierra de por medio. El argumento que disuadió al déspota era que su famélico oponente –Séneca por entonces había derivado su asma en tuberculosis–, había hecho un discreto mutis por el foro al sentir el aliento del infernal Calígula y sus secuaces.

Con la entronización de Claudio, el sucesor de Calígula, parecía que el horror se había disipado; pero Claudio, tenía una mujer llamada Mesalina, que encarnaba a la perfección el absoluto y disoluto perfil del mal; esto es, la amoralidad más radical que existir pudiera. Mesalina era la viva expresión de un karma maldito, que viendo un potencial enemigo en el verbo de Séneca urdiría un complot para deshacerse de nuevo de él. Fue condenado a muerte otra vez y conmutada esta in extremis por las enormes presiones de sus amigos. Como mal menor, iría a dar con sus huesos a Córcega donde se le aplicaría un radical silencio profiláctico por parte de la locuaz y viperina Mesalina. Tela con la criaturita.

Nerón, el crápula romano

Hacia el año 49 y después de cerca de ocho años de ostracismo severo, volvería a Roma por indicación de Agripina, la segunda mujer de Claudio, que se esforzó denodadamente por conseguir el perdón imperial para el ínclito pensador. Dicho y hecho, se convirtió en el preceptor de un crápula llamado Nerón.

Un rumor con poco fundamento en el que se le acusaba de haberse dado un revolcón con Agripina le hizo perder enterosCinco años después, hacia el 54 de nuestra era, a la tal Agripina le dio un arrebato de celos y harta de tanto cuerno , le daría una sopita de hierbas de dudosa procedencia a su peculiar maridito. Con diecisiete años, uno de los más enajenados gobernantes de la historia ascendería al poder de aquel vasto imperio que abarcaba todo lo que cabía entre las fronteras de Persia y la muralla de Adriano. Una política modesta pero eficiente basada en el compromiso y la diplomacia presidirá los cerca de diez años en que dos grandes tutores de Nerón Séneca y Burro, este último un austero militar, gestionarían los asuntos de estado. En estos delirantes años de adolescencia, el piltrafilla imperial se dedicaría a la persecución sistemática de ninfas y efebos en edad de merecer. El pillastre ya apuntaba maneras.

Para entonces, el joven césar ya se había escorado hacia aficiones un tanto extrañas y por el camino le hizo un roto a su hermanastro Británico, al que le dejaría las tripas un poco sueltas y una expresión un poco desvaída antes del gran cambio de tercio que indefectiblemente conduce a la eternidad.

Las malas influencias de la fauna nocturna romana, las envidias promovidas por estos dudosos elementos que frecuentaban la amistad del depravado César, y un rumor con poco fundamento en el que se le acusaba de haberse dado un revolcón con la insidiosa Agripina, le harían perder enteros en el activo mercado de bulos y dimes y diretes capitalino.

Autoayuda, pero con "chicha"

Una rápida sucesión de acontecimientos se desarrollarían velozmente en un breve espacio de tiempo. Por aquel entonces, Nerón estaba ya fuera de control y un trágico lance mataría a su madre Agripina sin más preámbulos que el de un incontrolado arrebato, a los cuales era muy dado.

Séneca declinaría su cargo de senador y se dedicaría a viajar en sus años postreros. En su famoso ensayo Cartas a Lucilio, un buen amigo que ejercía de gobernador en la isla sureña de Sicilia, volcaría sabios consejos para promover actitudes sanas en lo político y personal; obra que catorce siglos después serviría de referencia al insigne filósofo y político Michel de Montaigne en sus famosos Ensayos.

A pesar de disponer de una inmensa fortuna, vivía de manera asimétrica a sus pares patriciosAllá por el año 69 y tras la fallida conjura de Pisón contra Nerón, este sabio entre los sabios al que el poder intentaría descalificar y deshonrar con los más variados métodos, se cortaría las venas al tiempo que ingeriría una buena dosis de “veneno griego”. En una sobria ceremonia de compromiso fraternal, sus dos hermanos, su mujer Paulina y su famoso sobrino Lucano, motu proprio le acompañarían en su viaje postrero.

Sus Cartas a Lucilio, algo parecido a un libro de autoayuda pero con “chicha“ y sin frivolidades, profusamente difundido en el mundo anglosajón , sólo tiene parangón en ventas a las Meditaciones de Marco Aurelio. Su afirmación de la igualdad de todos los hombres, el desprecio por la superstición, su propuesta de vida sobria como camino hacia la felicidad son indicadores de su elevada estatura intelectual y moral. Es notorio que a pesar de disponer de una inmensa fortuna (que le fue incautada íntegramente a su muerte), vivía de manera asimétrica a sus pares patricios; esto es, sin ostentación alguna y atendiendo a los miserables y desheredados.

Los claroscuros propios de la condición humana

Pero Séneca, desde su tribuna moral de estoico, tuvo algunos claroscuros y condescendencias hacia Nerón que devaluaron su categoría humana. Algunos silencios ominosos, escarceos amorosos y la discutida procedencia de su fortuna durante el periodo de interregno hasta la mayoría de edad de su tutelado, plantean algunas preguntas de compleja respuesta.

Decía Rilke que “el que ha osado volar como los pájaros, una cosa debe aprender: a caer". Séneca era un adelantado, una voz en el desierto. Finalmente, el delirante Nerón, encontraría una fórmula “in ictu oculi” para deshacerse de su insigne tutor. Probablemente, la condición humana sea una mentira insondable.

Alma, Corazón, Vida
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