ES UN INSTRUMENTO ANTIESTRÉS Y TERAPÉUTICO

La meditación, de moda: el sacerdote y el científico sobre cómo detener la infelicidad

“La sociedad occidental está en una lucha”. Francisco Mora lo tiene claro. Catedrático de Fisiología en la Universidad Complutense de Madrid y doctorado por Oxford, su

Foto: La meditación es una herramienta básica en la vida moderna. (Corbis)
La meditación es una herramienta básica en la vida moderna. (Corbis)

“La sociedad occidental está en una lucha”. Francisco Mora lo tiene claro. Catedrático de Fisiología en la Universidad Complutense de Madrid y doctorado por Oxford, su experiencia científica se lo confirma cada día. “Una lucha que está repercutiendo en problemas de tanta enjundia como el estrés, las enfermedades mentales, la depresión e incluso la demencia”.

Responder a semejante pugna es una necesidad creciente, y en España se percibe un cada vez mayor interés por la meditación, una práctica que vive un proceso de desmitificación, pero sin tampoco alejarla de sus raíces espirituales. Por ejemplo, el escritor Pablo d’Ors agotaba las cuatro primeras ediciones de su libro Biografía del silencio (Siruela) tan solo a través del boca a boca. “Hoy, se aprecia que acuden a la meditación todo tipo de personas, jóvenes y mayores, hombres y mujeres de diferentes niveles de formación y sociales”, explicaba a El Confidencial, conclusión fruto del contacto personal con los diferentes grupos y entornos con los que comparte su experiencia.

La ley sagrada de la supervivencia

“Estamos de farmacología hasta el gorro, queremos algo más consustancial con nuestra naturaleza”, sentencia Francisco Mora. ¿Qué remedio mejor puede responder a esa naturaleza humana? “La meditación ayuda sin duda, abogo por ella, aunque no solo y exclusivamente, porque significa fundamentalmente lo mismo que el ejercicio físico: un instrumento antiestrés y terapéutico”, afirma el científico español.

Las ventajas evolutivas para la supervivencia no encuentran en el medio actual el mismo ‘ecosistema’ para el que genéticamente se nos programóEl fisiólogo español considera que en las raíces de muchos conflictos y desórdenes psicológicos está “eso tan manido del 'buscar la felicidad' y su incompatibilidad con esa ley sagrada que, para mí, es la supervivencia”. ¿Por qué ese conflicto, esa tensión inherente a la condición humana de la que ya hablaba el propio Buda? Mora también recuerda a la gran figura histórica, religiosa y filosófica en su libro ¿Está el cerebro diseñado para la felicidad? (Alianza Editorial) para confirmar ese conflicto latente en el hombre, donde trata la potencia fisiológica y neurológica de la meditación, alejada de dogmatismos y misticismos.

“El estrés en la sociedad occidental es la antifelicidad ¿Por qué? Porque la felicidad es una situación vagal, es decir, una situación del sistema nervioso autónomo de complacencia, de sentirse bien, no de inactividad, pero casi”, explica Mora, “frente a esta situación el individuo se enfrenta a una sociedad ‘simpática’, en el sentido del sistema nervioso vegetativo simpático, que es el de la lucha, la supervivencia, de mantenerte vivo… Supone una tensión que acarrea el aumento de unas hormonas enormemente perjudiciales para nuestro cerebro, los glucocorticoides, y toda una serie de situaciones que implican mayor tensión arterial y, a la postre, deterioro cognitivo”. En definitiva, las ventajas evolutivas para la supervivencia no encuentran en el medio actual el mismo ‘ecosistema’ para el que genéticamente se nos programó.

La transformación del cerebro

“Desde el punto de vista neurológico, el proceso de concentración de la mente conlleva transformaciones en áreas importantes del cerebro como la amígdala, o el sistema límbico en general, donde se produce la codificación del miedo, de lo ingrato, de todo lo que es la pesadumbre de nuestra vida. Todo esto, de alguna manera, es transformado en el cerebro si la meditación se practica a lo largo de años”.

Si como se ha venido demostrando, la meditación cambia las conexiones y el funcionamiento del sistema cerebral emocional, también puede cambiar nuestra personalidadMás allá de sus efectos reequilibradores, la meditación también puede ofrecer un gran potencial de transformación. En su libro Deja de ser tú, el neurofisiólogo americano Joe Dispenza aboga por un tipo de meditación activa como instrumento de cambio y evolución personal. Básicamente, se trataría de acceder a nuestra mente subconsciente para luego renovarla. “Cuando tus pensamientos, ideas, acciones y emociones dejan de ser inconscientes y te das cuenta de ellas mediante la atención, rompes las cadenas de ser el mismo de siempre y te conviertes en una persona nueva” explica en su libro. La meditación se convierte así en un proceso de autoobservación y crecimiento para conocer los programas automáticos inconscientes y transformarlos.

El mecanismo que Dispenza explica no es ajeno a la tradición meditativa budista que, en realidad, también responde al conocimiento de los mecanismos neurológicos del ser humano. “Si como se ha venido demostrando, la meditación cambia las conexiones y el funcionamiento del sistema cerebral emocional, o sistema límbico, es evidente que cambiará la estructura del cerebro y, ya fuera de la meditación, la personalidad necesariamente cambia, por supuesto que cambia. Cada vez hay más estudios mostrándonos que esto es así”.

El ejemplo de Novak Djokovic

En su reciente libro, Los secretos del ganador (Urano) el tenista serbio explica su particular forma de ‘meditar’ que, según reconoce, ha transformado su vida y carrera deportiva. “Hay un método importante que utilizo para conservar mi nivel de energía, incluso cuando se filtran sentimientos negativos. Los psicólogos lo llaman estado de atención plena”, explica en el libro, “se trata de un tipo de meditación en el que, en vez de tratar de silenciar tu mente o hallar la “paz interior”, permites y aceptas tus pensamientos tal como vienen, objetivamente, sin juzgarlos, mientras eres consciente de ese momento en tiempo real. La objetividad es la clave”.

La persona no religiosa hablará del presente y, el religioso, de la Presencia, pero en el fondo es la misma cosaEl tenista serbio dedica quince minutos al día a dicha práctica, “tan importante para mí como pueda serlo el entrenamiento físico”. Con ella ha comprendido “que las sensaciones físicas que están registrando son reales, pero los pensamientos de tu mente no lo son, son solo invenciones, tu objetivo reside en discernir entre ambos. El silencio es una parte importante de este ejercicio. En mi caso, me di cuenta de la gran cantidad de energía negativa que había dejado circular por mi mente”.

“Después de practicar meditación durante un tiempo, algo encajó”, explica el tenista, “así es, sencillamente, cómo funciona mi mente. Malgasté mucho tiempo y energía en 'mi desbarajuste interior', o como se le llame. Estaba tan centrado en esta batalla interna que perdí de vista lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, lo que ocurría en ese momento”. Lo que ocurría en el momento presente.

Pablo D'Ors y Francisco Mora.
Pablo D'Ors y Francisco Mora.

El silencio purificador

“Como en general estamos bombardeados por imágenes, sonidos y palabras, el silencio nos limpia por dentro, es una tarea de vaciamiento fundamental, porque solo cuando hay espacio para ello puede entrar algo en el alma o en el espíritu de la persona”, explica Pablo d’Ors. Escritor, sacerdote, doctor en teología y filósofo, lleva muchos años entregado a la meditación. “Los creyentes lo llamamos Dios, los no creyentes, el Ser, la Realidad. En el fondo es lo mismo. La persona no religiosa hablará del presente y, el religioso, de la Presencia, pero en el fondo es la misma cosa”.

Durante milenios, la meditación ha sido sinónimo de proyección hacia la dimensión religiosa y espiritual del ser humano. “Soy sacerdote católico y, sin abandonar mi fe católica, durante un tiempo entré en diálogo con otras confesiones religiosas y profundicé en la tradición del zen” explica d’Ors. En el momento de la entrevista acababa de llegar de Alemania, donde había llevado a cabo un retiro de varios días, con diez horas diarias de silencio absoluto.

El silencio tiene un poder purificador, dentro de nosotros hay sombras, y el silencio ayuda a modificarlas¿Qué perfil encuentra Pablo d’Ors entre la gente que medita? “Yo los llamaría buscadores. Creo que en el ser humano existe lo que podríamos llamar el anhelo, y la gente que busca meditar es aquella que mira ese anhelo interior” ¿Y que persigue el “buscador”? “En realidad, es el encuentro con la realidad del mundo y de ti mismo. Vivimos normalmente muy ciegos, muy oscurecidos, y el silencio va introduciendo paulatinamente luz en el interior. Esto no tiene nada de esotérico, reto a cualquiera que lo pruebe y lo experimente, porque sencillamente es así”. 

Quizás con otros fines diferentes al que persigue Novak Djokovic: “El silencio tiene un poder purificador, dentro de nosotros hay sombras, y el silencio ayuda a modificarlas. Esto no es nada nuevo, los místicos de todas las tradiciones hablan de una vía purificativa, otra iluminativa, y una vía unitiva, es decir, purgación, iluminación y, finalmente, de unidad con Dios si eres creyente, con el Cosmos, si no lo eres”.

El sinsentido de la experiencia

Entramos en ese ‘territorio comanche’ de tierras movedizas para muchos, esperanzador para otros. ¿Lleva la meditación a conocer y comprender una esencia más profunda en el ser humano, la vivencia de algo más que un cuerpo físico? ¿O nos quedamos en el cerebro como un simple hardware?

“Fundamentalmente soy una persona de una fuerte formación científica, y eso se instrumenta a la hora de tratar con aquello que podríamos llamar 'lo espiritual', explica Francisco Mora, “si por ello se entiende alguna materia o energía fuera del resultado de la evolución biológica a lo largo de tres mil millones de años, entonces la contestación es: no, el hombre no tiene espíritu, no hay alma, esto es lo que le dice la ciencia actual”.

Mora rechaza “el ‘pensamiento mágico’ que ha inundado al hombre, hay quien habla de espiritualidad y religión, y lo hace por el sistema límbico emocional con el que nacemos. "Hay muchos seres humanos con una impronta muy fuerte hacia esta dimensión que les lleva más allá de esa realidad que tocamos. Este sinsentido de la propia experiencia con la que naces y mueres te hace huir y volar a través de ese sistema límbico, es lo que podríamos llamar espiritualidad, que está muy bien, siempre que no la  atribuyamos a algo que el ser humano no tiene y el cerebro no produce”.

“Religión y ciencia, cada una su espacio”

¿Qué piensa el sacerdote católico, con décadas de experiencia como ‘buscador’? “Para mí, es muy claro que meditar te lleva al descubrimiento de algo más. No solo lo siento, también tengo la certeza interior absoluta de que es así. Es como si tu amas a alguien, la gente lo podrá discutir, pero internamente sabes que tú amas a esa persona. Podrán venir luego todos los científicos del mundo a discutir ese amor, pero tú lo sabes porque lo experimentas”.

La religión y la ciencia tienen cada una su espacio, e igual que aquella no tiene autoridad para declarar dogmas científicos, la ciencia tampoco la tiene para declarar dogmas teológicos¿Y frente a la negación de la ciencia? “Tengo todo el respeto hacia la ciencia, que quede claro, pero respeto más a la experiencia. Quienes tienen más autoridad para hablar del silencio son los que experimentan con más tiempo y más rigor ese silencio”, afirma d’Ors, “la religión y la ciencia tienen cada una su espacio, e igual que aquella no tiene autoridad para declarar dogmas científicos, la ciencia tampoco la tiene para declarar dogmas teológicos. Es lo que más me ayuda, porque la meditación te hace descubrir que el presente es el escenario de la presencia divina. Por tanto, en la medida en la que tú estás en la realidad, estás en Dios”.

Por cierto, ¿qué impacto dejaba en Pablo d´Ors, esa experiencia de Alemania, meditando diez horas al día en silencio? “Para responder necesitaría un par de meses, porque el fruto de una semilla arda siempre en florecer, pero sí te puedo decir que se me ha generado una mayor esperanza, y yo, que trabajo con enfermos terminales, comprendo que merece la pena vivir, merece la pena crecer, la vida es un camino, es bueno estar en él, es bueno no abandonarlo. De momento, me han quedado las ganas de seguir profundizando en el silencio”. Palabras finales que llegaban poco después de interrumpir la conversación durante casi media hora: acababa de fallecer uno de los enfermos terminales a los que Pablo d’Ors atendía...

Alma, Corazón, Vida
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