CÓMO COMER PARA SER MEJORES

“Sin hacer ejercicio podríamos estar delgados sin ningún problema”

El periodista Adam Martín decidió un día cambiar de forma radical su alimentación y la de su familia. Cree que comer bien nos puede hacer mejores personas

Foto: Adam Martín. (Argumentaria)
Adam Martín. (Argumentaria)

Cuando las hijas de Adam Martín (Tossa de Mar, Gerona, 1973) van a una fiesta de cumpleaños saben que atiborrarse de refrescos y aperitivos como sus compañeros tiene serios efectos sobre la salud. Para ellas las verduras, las algas y los cereales integrales, son comidas mucho más normales que unas patatas fritas o un sándwich: desde pequeñas su padre les ha enseñado la importancia que tiene la comida en nuestro bienestar.

Martín, que ha trabajado como periodista en numerosas cadenas de televisión y radio, empezó a interesarse por la alimentación saludable en 2003 y descubrió, tal como ha asegurado a El Confidencial, que “aquello que comemos no sólo tiene consecuencias sobre nuestra salud y nuestro estado de ánimo, también tiene consecuencias sobre el planeta”. En definitiva, en opinión de Martín, la elección de una determinada alimentación nos puede ayudar a ser mejores personas y, por ello, ha decidido que Comer para ser mejores (Grijalbo) sea el título de su nuevo libro.

Pero, ¿realmente es la alimentación tan importante? “Hay muchas dolencias que se suelen considerar menores pero que son muy molestas, por ejemplo los dolores de cabeza, las migrañas, las diarreas inexplicables, la barriga inflada… Todas estas cosas hacen que estemos de mala leche siempre”, asegura el periodista. “Y todas estas cosas se pueden cambiar 100% con la alimentación. Si eliminamos todo esto que nos hace tener una relación más tensa con la realidad, con el entorno, con nuestros vecinos y nuestra familia, es evidente que vamos a ser mejores personas, porque no vamos a estar a la que saltamos porque tenemos migraña, por ejemplo”.

Un cambio con múltiples ventajas

En opinión de Martín, para mantener una alimentación ética y saludable basta hacer un pequeño esfuerzo y utilizar el sentido común, una cualidad que parece que hemos perdido en esta materia. “Hemos perdido la relación instintiva con la comida”, explica el periodista. “Por primera vez en la historia, cuando decidimos qué es lo que tenemos que comer, miramos a los científicos y los expertos. Nunca nadie nos tenía que decir lo que teníamos que comer, sencillamente comíamos lo que había en nuestro entorno. Llevamos 150.000 años comiendo lo que teníamos y nos ha ido bastante bien. No nos enfermaba lo que comíamos, enfermábamos porque no podíamos comer. Ahora es la comida lo que nos enferma, habiendo abundancia”.

La alimentación ya no tiene un papel importante en nuestra vida¿Realmente necesitamos tantos libros sobre dietas? ¿Hay cabida para tanto gurú nutricional? Martín cree que, a grandes rasgos, “todos sabemos lo que es saludable y lo que no”. O, al menos, sabemos que comemos pocas verduras y más carne de la que deberíamos, pero aun así seguimos cayendo en los mismos errores.

“Tenemos un problema de prioridades”, asegura Martín. “La alimentación ya no tiene un papel importante en nuestra vida. Nos sirve para llegar al día siguiente, para llenarnos la barriga y para ir tirando. Como no es nuestra prioridad, vemos las cosas de una manera un poco extraña. Decimos que no tenemos tiempo para cocinar y hacer la compra y sin embargo vivimos en un país donde pasamos de media delante de la tele cuatro horas y cuarenta minutos al día”.

No cabe duda de que, para comer bien, hay que hacer un pequeño esfuerzo. La comida ecológica, de la que Martín es un firme defensor, es bastante más cara, y si no compramos ningún producto procesado tendremos que pasar más tiempo en la cocina. Pero el sacrificio, insiste el periodista, merece mucho la pena: “Claro que es un poco rollo hacer una paella con arroz integral, porque con el arroz integral tarda 50 minutos en hacerse, no 20, pero las ventajas superan ampliamente los inconvenientes que tiene. No sabemos valorar todavía la relación directa que tiene la alimentación con la salud. Creemos que hay una relación indirecta, sólo relacionamos comer con peso, pero no lo relacionamos con la salud en general”.

Una cuestión de responsabilidad

Cuando se habla de lo pobre que es la alimentación de hoy en día, suele criticarse con virulencia la actitud de la industria agroalimentaria, que nos vende productos adictivos y muy poco saludables. Pero para Martín, que está convencido de que el 90% de lo que se vende en un supermercado no puede calificarse siquiera de comida, es ingenuo culpar a la industria de la situación.

No es bueno insistir en que no existen alimentos buenos y malos, no es cierto“Las industrias agroalimentarias no son el diablo, sencillamente lo que quieren, como querríamos tú o yo, es vender el máximo al máximo de gente”, explica el periodista. “Hacen los productos que creen que la gente quiere. Si cambiáramos un poco nuestras prioridades y demandáramos alimentos más naturales, menos procesados, la industria reaccionaría y nos proporcionaría esa demanda”.

Lo que no tiene ningún sentido, asegura Martín, es que los nutricionistas y la administración sigan insistiendo en que no hay alimentos buenos, ni malos: “La gente que tiene mucha información entiende la diferencia y sabe leer entre líneas cuando alguien le dice que no hay alimentos buenos ni malos, pero la mayoría de la gente no, va al supermercado y entiende que todo lo que hay son alimentos. Y no es verdad”.

En opinión del periodista, ni siquiera es cierto que lo importante sea hacer ejercicio: “En un mundo donde los productos están llenos de azúcar y grasas saturadas no se puede decir que la alimentación no tiene un papel en la obesidad, tiene el papel más importante de todos. Sin hacer ejercicio podríamos estar todos delgados sin ningún problema”.

Puede que no estemos acostumbrados a comer verdura a diario, tomar cereales integrales y descubrir alimentos estrella como la quinoa o el amaranto, pero biológicamente, explica Martín, “a lo que realmente no estamos acostumbrados es al pan de molde y a los pastelitos. Eso sí que no son alimentos, pero claro, como solo tenemos que abrir un paquete y comer…”

Alma, Corazón, Vida
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