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Un estudio descubre el secreto para parecer más joven: está en la sangre

Una vida eterna, o al menos, una existencia en la que los efectos del tiempo no se dejen notar en nuestros cuerpos es algo que la ciencia aún no ha conseguido

Foto: Una piel tersa puede ser síntoma de una buena salud cardíaca. (Corbis)
Una piel tersa puede ser síntoma de una buena salud cardíaca. (Corbis)

La fuente de la eterna juventud fue una de las obsesiones que devoraron a Juan Ponce de Léon en su peregrinaje por las Américas. No es de extrañar: una vida eterna, o al menos, una existencia en la que los efectos del tiempo no se dejen notar en nuestros cuerpos es una de esas cosas que la ciencia aún no ha logrado conseguir. Por ello, cada vez que un nuevo estudio arroja nueva luz sobre la manera en que el envejecimiento deja notar sus efectos en nuestra apariencia, todo el mundo se lanza a hacerse eco de la historia.

Es lo que ha ocurrido con una reciente investigación realizada por una universidad holandesa en colaboración con la multinacional Unilever, que afirma haber descubierto una de las razones por las que una mujer puede aparentar tener menos años de los que realmente tiene: la presión sanguínea. En resumen, aquellas personas que gozan de una menor presión en sus paredes arteriales aparentaban tener menos años que las que sufrían de hipertensión.

Además, dicho hallazgo tiene otra implicación importante, y es que cuanto más jóvenes aparentamos ser, más probable es que vivimos más tiempo, puesto que tenemos una mejor cardiovascular mejor. Una relación en apariencia lógica pero que hasta ahora no había sido refrendada por los datos de un estudio.

Lo llevas en la sangre

Uno de los investigadores que ha participado en el estudio, David Gunn, ha señalado a la prensa británica que “hemos identificado que la presión sanguínea era parte del vínculo entre el riesgo de sufrir una enfermedad vascular y la edad percibida”. Según indica el estudio, se trata de la primera vez que una investigación consigue demostrar la existencia de esta relación, que ha sido establecida después de examinar a 514 adultos de 63 años de edad, cuyo riesgo cardiaco fue analizado y más tarde fueron presentados a los trabajadores de Unilever que hubieron de juzgar su edad a simple vista.

Las familias más longevas apenas tenían arrugas en la parte superior del brazoEl estudio, que ha sido publicado en el Journals of Geronthology, asegura también que la presión sanguínea puede tener una gran influencia en los rasgos y la forma de nuestro rostro, puesto que encontraron que dicha presión puede tener gran influencia a la hora de dar lugar a las bolsas que se pueden encontrar en zonas como las oculares, aunque no ocurre lo mismo con las arrugas, que probablemente aparezcan por otros motivos.

Los responsables de la investigación creen que se ha abierto una puerta para que posteriores estudios averigüen cuál es exactamente el rasgo facial que determina la acción que la presión sanguínea ejerce sobre nuestra piel, y manifiestan su optimismo al señalar que su investigación puede contribuir a “comunicar los significativos beneficios adicionales que puede tener un saludable estilo de vida”. En España hay 15 millones de ciudadanos que sufren hipertensión, una condición que puede conducir a sufrir enfermedades cardiovasculares.

Los peligros de la hipertensión

Los orígenes familiares también influyeron de una manera importante en los resultados de la investigación. Según indican estos, las familias con una esperanza de vida superior a la media podían llegar a aparentar, de media, 1,4 años menos que aquellas personas que presentaban una longevidad media. Las familias más longevas solían un compartir un curioso rasgo físico: apenas tenían arrugas en la parte superior del brazo.

Los hombres con una menor presión sanguínea tienen una cara más juvenilEl doctor Gunn ha recordado que “nuestros resultados iniciales sugieren que las familias que viven de manera saludable también son recompensadas con un envejecimiento más lento de la piel y, en el caso de los hombres, una cara más juvenil”.

Esta investigación abre la veda a posteriores estudios que identifiquen, a través de otros signos externos del cuerpo, las posibles enfermedades que una persona sufre y permita anticiparnos a hipotéticos infartos

Alma, Corazón, Vida
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