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La cumbre de los Premios Nobel de la paz crea extraños compañeros de cama

El presidente Lech Walesa, Sharon Stone, el creador de los microcréditos y un importante empresario español se reúnen en Varsovia... y no es un chiste

Foto: El economista Muhammad Yunus  da la mano a Lech Valesa, expresidente polaco. (Efe)
El economista Muhammad Yunus da la mano a Lech Valesa, expresidente polaco. (Efe)

"¡No os va tan mal!" exclama con una risa el Premio Nobel de la Paz 2006 Mohammed Yunus cuando se le pide que, en esa gira mundial que tiene como objetivo dar a conocer los microcréditos que le hicieron merecedor del galardón (y su nuevo invento, los social business) se pase por España para echar una mano.

A pesar de que Yunus debe haber explicado en qué consisten los célebres microcréditos en millones de ocasiones, su entusiasmo encandila a los comensales, entre los que se cuenta Leopoldo Fernández Pujals, fundador de Telepizza y actual socio de Jazztel, y la sincera convicción del profesor deja bastante claro lo que distingue al economista del visionario.

Tan sólo hay un lugar en el mundo que pueda concentrar una gama tan variopinta de personajes, y ese es la Cumbre del Premio Nobel de la Paz patrocinada por Mazda, en su edición número trece: nos encontramos en el Palacio Real de Varsovia, esa ciudad que resurgió de su cenizas para convertirse primero en un gris satélite soviético, y una próspera y cosmopolita urbe de Europa del Este, después. Es este el único lugar en el que pueden coincidir en apenas unos metros cuadrados el antiguo presidente polaco, Lech Walesa, la actriz Sharon Stone (que mañana recibirá el galardón que ofrece la cumbre) y Yunus, el banquero “bueno”.

Yunus cree que hay que cambiar de mentalidad y lanzarse a emprenderComo explica el bengalí, su último proyecto puede llegar pronto a España, y de hecho estuvo hablando hace poco “con mi amiga, la reina Sofía” sobre la posibilidad de implantarlo. Se trata de crear un fondo que ayude a los jóvenes a poner en marcha sus propios negocios, eso sí, más centrados en lo social que en el beneficio. “Pero tienes que tener una idea”, avisa Yunus, “y tenemos que revisarla”. Cree que hay que cambiar de mentalidad y lanzarse a emprender, como lo hicieron en su día millones de mujeres bengalís que solicitaron los microcréditos que puso en funcionamiento. Curioso: el galardón entregado a Yunus fue una manera de aceptar implícitamente que el buen uso el dinero también trae la paz.

Una noche de celebración y nostalgia

Pero si hay una figura que concentra todas las miradas es la de Lech Walesa, el proletario que acabó con la dictadura del proletariado. La cena celebra su setenta aniversario (aunque bien podría ser su onomástica número ochenta; los astilleros no perdonan) y su historia es rememorada durante la velada por sus amigos como muestra de cómo un único hombre pudo precipitar el final del bloque del Este.

Walesa atiende los honores visiblemente emocionado (¿o quizá cansado?), asintiendo con melancolía, pero sabe bien quién manda todavía: se cuela en la cola de invitados y permanece ajeno a los aplausos de otros compañeros. Su cojera arrastra décadas de una lucha que aún sigue su curso, incluso en Cuba, donde mueve también sus hilos para ayudar a disidentes a abandonar el país.

El fundador del sindicato Solidaridad es una bestia obrera, ancha y corpulenta, al lado de la pequeña figura de Sharon Stone, que durante su intervención recuerda lo importante que ha sido para ella, y para tantos otros, alguien como el antiguo presidente polaco. Stone, que ha obtenido el galardón otorgado por la cumbre por su lucha contra el SIDA, mantiene un sincero interés por los allí presentes, especialmente por el profesor Yunus, al que se acerca para charlar con él.

El fundador del sindicato Solidaridad es una bestia obrera, ancha y corpulenta, al lado de la pequeña figura de Sharon StoneYunus vuelve a hacer gala con Stone de esa bonhomía, sinceridad y sentido del humor que lo convierten en una entrañable figura como la del Dalai Lama, y departe con la protagonista de Instinto básico como haría con cualquiera. Al fin y al cabo, como explica con ironía, no sólo tiene amor para una mujer, “sino un poquito para millones”, en alusión al funcionamiento de los microcréditos. “Eres una inspiración”, le recuerda Stone cuando se despide de él. Parece ser que Yunus triunfa entre las celebridades de Hollywood. Como nos explica, Lobezno, también conocido como Hugh Jackman, pidió verlo cuando visitó California.

Quizá, sin pretenderlo, esa extraña pareja, comparada con el viejo Walesa aferrado a su copa de vino, represente mejor que ninguna los extraños caminos que ha recorrido la lucha por la paz en los últimos años. Si en un pasado eran santos o trabajadores los que optaban al premio, ahora son economistas (sociales, pero capitalistas) o actrices los que encabezan la lucha.

De la monja Agnes al hombre que liberó a Mandela

Por supuesto, la lista de invitados es mucho más larga, aunque parezca que finalmente Mijail Gorbachov no vaya a acudir a la cita. En dicha lista se encuentra Frederik de Klerk, el presidente sudafricano que sacó de la cárcel a Nelson Mandela y que junto a él recibió el galardón en 1993. Se comporta como uno esperaría del hombre que nunca quiso ser un héroe: de manera huidiza, alegando tener una agenda demasiado apretada para entrevistas en profundidad.

De Klerk se muestra huidizo, como cabía esperar de alguien que nunca quiso ser un héroeAl otro lado de la sala, las irlandesas Betty Williams y Maireen Maguire, fundadoras del Movimiento por la Paz de Irlanda del Norte, se saludan cariñosamente, mientras la monja Agnes es visitada por una larga serie de admiradores. Agnes Mariam de la Croix, de origen libanés, ha vivido durante los últimos 20 años en Siria, y recientemente ha conquistado los medios de comunicación al intentar explicar por qué las imágenes del ataque de gas sarín del pasado agosto fueron manipuladas.

Antes del banquete, en una sala de conciertos del castillo, John Axelrod condujo a la Polish Sinfonia Iuventus Orchestra por un par de piezas clásicas. La primera, una serenata de Penderecki, parecía recordar en cada rechinar de cuerdas los terrores del siglo XX que hace no tanto tiempo habitaron Varsovia. La segunda, la recuperación de un luminoso vals de Tchaikovski, nos hacía retroceder al siglo XIX, aquel pasado heroico de Europa en el que aún no hacían falta Premios Nobel de la Paz, y la guerra aún parecía bella a los ojos de los románticos.

Alma, Corazón, Vida
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