LA TENDENCIA GLOBAL QUE CAMBIARÁ EL MUNDO

Londres y la ciudad estado: “Somos una urbe de primera en un país de segunda”

La división del mundo entre ganadores y perdedores surgido a raíz de la crisis económica suele realizarse en términos geográficos. Al menos, hasta ahora

Foto: Boris Johnson demanda algunas ventajas operativas para su ciudad, como el establecimiento de un visado especial. (Reuters)
Boris Johnson demanda algunas ventajas operativas para su ciudad, como el establecimiento de un visado especial. (Reuters)

La división del mundo entre ganadores y perdedores surgida a raíz de las dinámicas globalizadoras y de la crisis económica que las ha acentuado suele realizarse en términos de grandes zonas geográficas (los BRIC son los vencedores, Europa la que se debilita, Alemania sale reforzada, los PIIG muy empobrecidos, etc.), pero la realidad va más allá de estas lecturas simplificadoras. Una serie de ciudades globales (Nueva York, Tokio, París, Frankfurt, Zúrich, Ámsterdam, Los Ángeles, Sidney o Hong Kong) son las que más beneficiadas han resultado en este nuevo contexto, ya que se han convertido en los principales centros comerciales y financieros del mundo y han recogido para sí gran parte del capital, del talento y de las ventajas que traen las interconexiones veloces.

En este nuevo contexto, el caso de Londres es altamente significativo, toda vez que se ha convertido en la capital mundial del capital. Inversores de todas partes fijaron sus oficinas en la City atraídos por el idioma, la estabilidad política, sus instituciones jurídicas, una débil regulación y una zona horaria que permite que las empresas operen en tres mercados 24 horas sobre 24. Muchos magnates trasladaron su residencia en Londres, y nuevos ricos del este encontraron en la ciudad británica el lugar ideal: tiendas de lujo, un entorno pacífico y el bienestar diario del que carecían en sus países.

Johnson quiere atraer esos trabajadores cualificados que demandan empresas de los sectores tecnológicos, publicitarios y de la modaCuando la crisis anegó los mercados, hubo quien apostó por el declive de la ciudad. Como Londres era el centro neurálgico del sector financiero y se preveía que éste iba a atravesar malos tiempos, la capital británica se preparó para lo peor. Sin embargo, sus destinos quedaron ligados pero en sentido contrario al esperado: los actores financieros salieron paradójicamente reforzados de la crisis y Londres emergió con excelente salud de este nuevo envite.

London rules ok, pues. El dinero y los millonarios continúan fluyendo hacia el Támesis, la ciudad sigue siendo un centro neurálgico y se ha convertido en un imán para toda clase de cazadores de oportunidades. Londres parece ser un lugar aparte. Tan es así que muchos de sus residentes, que la ven como “una ciudad de primer nivel en un país de segunda clase", abogan por un estatuto especial semejante al de ciudades como Singapur.  

Una nueva élite en el viejo mundo

Lo peculiar es que es el alcalde londinense quien encabeza esta lucha por los privilegios. El inefable Boris Johnson demanda algunas ventajas operativas para su ciudad, como el establecimiento de un visado especial. Johnson quiere atraer a esos trabajadores cualificados que demandan empresas de los sectores tecnológicos, publicitarios y de la moda y que se ven sometidos a las restricciones que el Reino Unido impone. Del mismo modo, hay un exceso de mano de obra poco cualificada que convendría regular de una manera más propicia para las necesidades laborales de la ciudad. Según señala The Times, con el sistema propuesto por Johnson el ayuntamiento mandaría "un mensaje claro a la élite de Silicon Valley o la moda de Pekín afirmando que Londres es el lugar al que se debe acudir para desarrollar ideas y crear nuevos negocios. Debemos ser el epicentro del talento global", afirmó Johnson al presentar sus planes al Ministerio del Interior.

Todo lo que no haga de Londres una ciudad estado independiente es una oportunidad perdidaEl alcalde, claro está, también quiere mayor autonomía fiscal. Tres cuartas partes de los ingresos de la ciudad proceden del gobierno central, ya que sólo hay un impuesto que sea de titularidad local, y Johnson quiere ampliar su ámbito de acción para equipararse con otras grandes ciudades, por lo que ya ha solicitado a George Osborne, titular de economía, que le transfiera más impuestos.

El debate va más allá de la demanda de mejoras o privilegios. Si Londres es una ciudad de primera en un país de segunda, ¿no le iría mejor por su cuenta? ¿Para qué le sirve a Londres estar sometida a las directrices del Reino Unido? Para nada, asegura el exalcalde Ken Livingston, quien cree que “todo lo que no haga de Londres una ciudad estado totalmente independiente es una oportunidad perdida”. También hay voces fuera de la capital que contemplan la idea con buenos ojos. Desde luego, ciertos sectores de Escocia, que verían así el camino expedito para su independencia, pero también representantes de algunas ciudades británicas creen que saldrían favorecidos de la pérdida de la capitalidad de Londres y que ese nuevo contexto les permitiría revitalizar sus regiones. 

Quienes argumentan a favor de estas tesis señalan las enormes diferencias económicas culturales y productivas entre el Londres actual y el resto de Gran Bretaña. Las fuentes de ingresos de quienes viven en la capital provienen del sector creativo, del financiero o del comercio internacional, que no son las habituales en el resto del país. También hay enormes diferencias entre sus poblaciones, ya que uno de cada tres londinenses nació fuera del Reino Unido, y las distancias se agravan en lo económico, ya que “la brecha entre el sur y el norte se ha ampliado de forma masiva y en con la tasa más elevada desde la Segunda Guerra Mundial. Ahora hay dos Gran Bretañas, y están a la deriva y cada vez más separadas”, asegura a The Times Danny Dorling, profesor de la Universidad de Sheffield.

Una nueva división territorial a partir de lo económico

El éxito económico no conlleva menores tasas de pobreza y desigualdad. Más al contrario, ha acentuado las diferencias. Según la profesora Ruth Lupton, miembro del Centro de Análisis de la Exclusión Social (CASE) de la London School of Economics, las diferencias entre quienes percibían ingresos muy elevados y quienes estaban en los límites de la pobreza, que se incrementaron en el cambio de siglo, se dispararon a partir de 2004. Justo antes de la recesión, la tasa de pobreza de Londres (tomando en cuenta los ingresos familiares después de los gastos de vivienda) era del 27 por ciento en comparación con el 22 por ciento de Inglaterra.

Cuando unas ciudades crecen y otras se hunden, muchas voces exigen repensar los aportes al marco comúnLa tendencia hacia la polarización, asegura Saskia Sassen, premio Príncipe de Asturias 2013 de Ciencias Sociales, ha adoptado formas distintivas en la organización espacial de la economía urbana, en las estructuras para la reproducción social y en la organización del proceso de trabajo. En Una sociología de la globalización (Katz editores), Sassen describía a las ciudades como los territorios por excelencia para un nuevo tipo de operaciones políticas, en tanto era donde se manifestaban con más precisión las tendencias de nuestra época. Y el fenómeno de las ciudades independientes es uno de los ejemplos más claros.

En un contexto de lucha global, los bloques nacionales tienden a ser menos competitivos. Los procesos son de doble dirección y del mismo modo que algunas ciudades multiplican sus posibilidades en el contexto mundial, otras ven cómo su esplendor pasado se desploma. Es el caso de las ciudades industriales o de las portuarias, que han perdido pie en el nuevo mundo, bien ilustrado por los ejemplos de Oberhausen en Alemania y Detroit en Estados Unidos. Pero esta tendencia a la dualización implica también una redistribución del poder dentro de los estados y una nueva forma de reparto de los recursos. Cuando unas ciudades crecen y otras se hunden, muchas voces, de uno y otro lado, exigen repensar los aportes al marco común.

¿No se compite mejor si uno se desvincula de esos territorios que actúan como freno? Y esa dinámica no cesará. Según el informe Global Strategic Trends - Out to 2040, realizado por el Departamento de Defensa inglés, la fragmentación de los estados va a continuar, y no sólo porque haya regiones que quieran secesionarse, sino porque las grandes urbes también buscarán reconocimiento como entidades independientes. Que haya ciudades (como la del corredor Tokyo-Sydney, que incluye aSeúl, Taipei, Shangai, Hong Kong, Kuala Lumpur, Singapur y Jakarta) que estén desarrollándose a una velocidad mucho mayor a las de los países que las albergan llevará a que sean cada vez más influyentes en sus estados o a que busquen una mayor autonomía.

El problema es que esta fragmentación para situarse mejor en el mercado global es también una consecuencia de los procesos de desigualdad. Como señala el caso de Londres, ¿no se compite mejor si uno se desvincula de esos territorios que actúan como freno? ¿No estamos hablando de una rémora de la que es mejor prescindir? Para muchos de los que abogan por ese estatuto especial de Londres, como de los que abogan por las ciudades estado, esa es la razón definitiva. Una vez establecido el mundo de dos direcciones, tratan de situarse en el carril bueno prescindiendo de las cargas creadas por las dinámicas que las favorecieron.

Alma, Corazón, Vida
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