Homosexualidad: Buscando límites a la depravación sexual: sólo el que hace daño es un pervertido. Noticias de Alma, Corazón, Vida
¿son dañinas todas las parafilias sexuales?

Buscando límites a la depravación sexual: “sólo el que hace daño es un pervertido”

Lo que para algunas personas parece degradante para otras puede ser bonito. Todo el mundo tiene un pervertido dentro, pero necesitamos marcar límites

Foto: El masoquismo es una de las parafilias más comunes. (Corbis)
El masoquismo es una de las parafilias más comunes. (Corbis)

“He dicho esto millones de veces, pero lo que para algunas personas parece degradante y desagradable, para otras, como yo, puede ser bonito y ennoblecedor”. Con esta afirmación la exactriz porno Sasha Grey justificaba, en una entrevista con El Confidencial, su pasión por determinadas prácticas sexuales que muchas personas (aunque, quizás, menos de las que creemos) considerarían una absoluta aberración.

Cuando oímos hablar de un pervertido pensamos que sus comportamientos son moralmente execrables, pero lo que para algunas personas es perverso, para otras no lo es. No en vano, un pervertido, según la Real Academia Española, es una persona “de costumbres o inclinaciones sexuales que se consideran socialmente negativas o inmorales”, pero en la sociedad convivimos muchas personas y, por suerte, no todas pensamos lo mismo.

Portada de Perv. (Scientific American)
Portada de Perv. (Scientific American)
En su recién publicado libro, Perv: The Sexual Deviant in All of Us (Scientific American), el psicólogo y columnista de Slate y Scientific American, Jesse Bering, explora las perversiones sexuales de los humanos desde un enfoque científico para llegar a una contundente conclusión: todos guardamos algún tipo de depravación en nuestro interior, que se manifiesta con mayor o menor intensidad en función de nuestra educación y entorno, y eso no quiere decir que todos seamos “malos”. De hecho, como ha desmotrado recientemente Cincuenta sombras de Grey, una desviación sexual como el masoquismo puede pasar, de la noche a la mañana, del ostracismo al fenómeno de masas. 

La ciencia de la perversión

Aunque los psicólogos han estudiado ampliamente la gestación y desarrollo de determinadas perversiones sexuales más o menos comunes en los humanos, apenas se han realizado estudios empíricos sobre éstas por una cuestión obvia: se desarrollan mayoritariamente en la infancia y a nadie se le ocurriría provocar una desviación sexual en un niño en mor de la ciencia.

Si no existe abuso la zoofilia, como tantas otras perversiones, es difícil de atacar desde el punto de vista moralBering cree que para entender los resortes de la perversión merece la pena asomarse a determinados estudios que se han realizado en animales, cuyo comportamiento, por mucho que nos pese, no es tan distinto al nuestro. Uno de los ejemplos que el psicólogo cita en el libro es el caso de Lucy, una chimpancé que, a imagen y semejanza del primate de la película El origen del planeta de los simios (Ruper Wyatt, 2011), fue criada como si fuera humana en la casa del doctor Maurice Temerlin, psicoterapeuta de la Universidad de Oklahoma.

Lucy se vestía como un humano, comía con cubiertos y llegó incluso a aprender lengua de signos. Lo que nadie esperaba es que, al hacerse mayor, empezara a interesarse sexualmente por los humanos. Los chimpancés varones le asustaban y se masturbaba viendo las fotos de Playgirl (la versión femenina de la famosa revista erótica).

Bering plantea una lógica pregunta, ¿si un hombre se cría rodeado de ovejas, por qué no van a gustarle estas? ¿Se debe reprimir moralmente a los pastores que practican la zoofilia si sus ovejas no sufren ningún daño? La ciencia a veces no llega a las conclusiones que nos gustaría oír pero lo cierto es que, según diversos estudios, los animales son capaces de formar una relación amorosa con otro animal o con un humano y la relación no es funcionalmente diferente de ninguna otra relación sexual o amorosa. En definitiva, si no existe abuso –lo que se conoce como bestialismo– la zoofilia, como tantas otras perversiones, es difícil de atacar desde el punto de vista moral o, al menos, no es tan sencillo como podría parecernos en un principio.

El psicólogo y periodista Jess Bering. (Scientific American)
El psicólogo y periodista Jess Bering. (Scientific American)

Desafiando nuestras convenciones sexuales

“Después de consultar con mi editor decidí escribir un libro que desafiara directamente la ética y la lógica de algunas de nuestras convenciones sexuales más profundamente arraigadas”, ha explicado Bering en una columna sobre su libro en Slate. En Perv Bering ofrece un catálogo de todas las parafilias documentadas en los seres humanos, desde el masoquismo a la pedofilia pasando por la climacofilia (la compulsión erótica a caer por las escaleras), la melisofilia (la lujuria provocada por las abejas) o la titillagnia (excitación de las cosquillas).

Debemos abandonar la retórica de lo que es correcto y en su lugar esforzarnos por clarificar por qué un acto sexual es dañino para aquellos que lo practicanBering reconoce haber pasado dificultades para escribir el libro sin dejarse llevar por su propia visión del bien y del mal: “Cuando te aventuras en una investigación científica sobre la violación, la pedofilia o el bestialismo –cuestiones que no puedes evadir en un libro de divulgación científica sobre las desviaciones sexuales– las cosas se vuelven heavys muy rápidamente. Como lector, soy reacio a los autores que muestran una furia desenfrenada, y prefiero tener un tono más calmado en mi propia escritura. Esto fue un problema pues, como cualquier otra persona con alma, hay temas que rompen mi corazón y me ponen furioso”.

Pero, a medida que Bering fue avanzando en sus investigaciones, se dio cuenta de que la ciencia podía ofrecer razones de peso en contra de los prejuicios que todos tenemos sobre las prácticas sexuales que se salen de nuestros esquemas.Perv evolucionó de ser un tratado científico sobre extrañas prácticas sexuales a ser un libro con un sólido mensaje moral”, asegura el escritor. “Y el mensaje resultante es embarazosamente obvio. Como sociedad hemos estado discutiendo sobre cuestiones irrelevantes, sobre lo que es 'normal' o 'natural' durante demasiado tiempo. Para elaborar cualquier juicio moral real debemos abandonar la retórica de lo que es correcto y en su lugar esforzarnos por clarificar, usando la ciencia en lugar de la Biblia, las leyes o incluso (y especialmente) nuestros propios instintos carnales, por qué un acto u orientación sexual es dañino para aquellos que lo practican. En mi libro, al menos, hacer daño es lo único que convierte a una persona en pervertida”. 

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