La clasificación “fiable” de la felicidad aleja a España de los primeros puestos
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NUESTRO PAÍS OCUPA EL PUESTO 49

La clasificación “fiable” de la felicidad aleja a España de los primeros puestos

Un índice de felicidad elaborado por investigadores españoles y estadounidenses, se ha basado en lo que la gente hace en lugar de en lo que dice

placeholder Foto: Los países donde más gente quiere vivir son los más felices. (Corbis)
Los países donde más gente quiere vivir son los más felices. (Corbis)

Las encuestas utilizadas habitualmente para determinar el bienestar de un país suelen estar influidas por factores idiosincrásicos de cada estado y algunos datos pueden ser fácilmente manipulables. Esto ha conducido a que en otros rankings países como Iraq, Haití o Afganistán hayan aparecido en posiciones relativamente altas.

Un nuevo índice de felicidad, elaborado por investigadores de la Universidad de las Islas Baleares, Universidad Carlos III de Madrid y la Universidad de Illinois del Sur (EEUU), se ha basado en lo que la gente hace en lugar de lo que dice. Según los investigadores, los estudios sobre felicidad que se publican en cada país suelen estar manipulador por el gobierno y, en el caso de que los políticos no metan mano, “no son del todo fiables porque se basan en apreciaciones subjetivas de cada individuo que dependen fuertemente de los valores culturales y los diferentes tipos de sesgos cognitivos”.

Los flujos migratorios están muy vinculados a aspectos que la psicología relaciona con la felicidad

¿Qué aspectos entonces podrían servir para medir la felicidad de forma objetiva? La hipótesis de partida de los científicos es que un país al que todo el mundo quiere ir no puede ser muy infeliz: si la gente quiere emigrar a él y quedarse es porque allí se es más feliz. Y, contemplando este baremo, España baja posiciones respecto a otras clasificaciones.

“Los flujos migratorios están muy vinculados a aspectos que la psicología relaciona con la felicidad; a partir de estos resultados, se puede construir un índice de felicidad que aporta valores más lógicos”, explica el profesor del departamento de Estadística de la UC3M, Juan de Dios Tena, uno de los autores del estudio.

En los primeros puestos de este ranking aparecen países como Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Noruega, Israel, Corea del Sur, Suecia, Canadá y Australia, mientras que entre los últimos figuran Bolivia, Etiopía, Tanzania, Camerún, Senegal, Kenia, Nigeria, Afganistán, Sudáfrica o China. El nuevo ranking, presentado en la decimocuarta edición de las Jornadas de Economía Internacional celebradas este verano en Palma de Mallorca, trata de evitar la subjetividad de los sondeos.

Aquí entra en juego la denominada “votación con los pies”, la forma más universal y primitiva de revelar preferencias. Se hace una estimación de en qué medida las decisiones de emigrar o no de las personas en diferentes países se ven influidas por variables que reflejan características económicas, sociales e institucionales de cada país y se elabora un ranking de felicidad de países a partir de dicha estimación.

Nuestro país, en mitad de la tabla

Entre los 112 estados analizados en este ranking de la felicidad, España ocupa la 49ª posición. “Resulta relevante que tenemos muy mala puntuación en variables relacionadas con actitudes y creencias sobre nuestra vida y la de los otros: importancia de la familia, amigos, trabajo, así como orgullo de nacionalidad”, comenta Tena.

Nuestra estimación no muestra que la organización de juegos olímpicos suponga un incremento del número de personas que desean vivir en el país organizador

“Las corrientes migratorias no sólo dependen de la posibilidad de encontrar empleo, como se suele pensar, sino que también influye la contaminación, el terrorismo o las desigualdades económicas, variables que la psicología considera como determinantes de la felicidad”, añade.

La utilidad de este tipo de índices de la felicidad va mucho más allá de lo académico, según los investigadores, que apuntan que este tipo de estimaciones proporcionan una guía abierta para evaluar cualquier tipo de decisiones políticas. El bienestar de un país no se mide solo por su renta per cápita, porque multitud de acciones que nos hacen más pobres también aumentan nuestro bienestar.

Buenas políticas, apuntan, serían aquellas que incrementan el deseo de la gente por vivir en el país que las lleva a cabo; mientras que las malas son aquellas que reducen ese deseo. “Nuestra estimación no muestra, por ejemplo, que la organización de juegos olímpicos suponga un incremento del número de personas que desean vivir en el país organizador”, concluye el profesor.

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