EL DECÁLOGO QUE TODA MUJER NAZI DEBÍA CUMPLIR

Cómo era la “esposa perfecta” para los miembros de las SS

La Sección Femenina falangista tenía un lejano equivalente en la Alemania nazi: las llamadas “escuelas para novias” de Gertrud Scholtz-Klink.

Foto: Gertrud Scholtz-Klink fue una de las mujeres más importantes del Tercer Reich.
Gertrud Scholtz-Klink fue una de las mujeres más importantes del Tercer Reich.

En la historia de España es posible encontrarse con uno de los organismos más peculiares que dio a luz el siglo XX: la célebre Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera, nacida al amparo de la Falange Española. A través de su ideario y su reglamentación, la institución dictó cómo debía ser la mujer de la posguerra, cómo debía comportarse y a qué ideales debía atender, y jugó un importante rol en la vida pública española hasta su disolución en 1977. A pesar de que muchos pueden pensar que se trata de una excepción, dicha organización tenía un lejano equivalente en la Alemania nazi: las llamadas “escuelas para novias” que Gertrud Scholtz-Klink, una de las figuras femeninas más importantes del Tercer Reich, dirigió durante los años 30 y 40.

Si bien ya se sabía de la existencia de estas escuelas, lo que no se conocía eran las reglas que estas novias ideales del Partido Nacionalsocialista debían seguir, y que se encuentran recogidas en un volumen que acaba de ser encontrado en el Archivo Federal alemán, junto a varios documentos adornados con el motivo del árbol de la vida que certificaban que las chicas habían conseguido terminar con éxito el curso de seis semanas que les daba acceso a casarse con un miembro de las SS. Si las jóvenes no se encontraban en posesión de dicho documento, se les negaba el permiso para unirse en matrimonio con sus amados combatientes.

¿Qué aprendían las mujeres de los nazis?

El código de comportamiento recogido en dicho libro tenía como objetivo asegurarse de que la mujer que iba a entrar en la vida del miembro de las SS mantenía unos principios acordes con los del régimen. Al fin y al cabo, dicha organización era considerada la élite de Alemania, y por lo tanto, debía dar ejemplo tanto en sus actuaciones privadas como en su vida pública. Por eso, se les hacía prometer que mantendrían una lealtad inquebrantable hacia Adolf Hitler, Heinrich Himmler (comandante en jefe de las SS entre 1929 y 1945) y la cúpula del partido nazi “hasta la muerte”. Además, estas mujeres debían recordar en todo momento que su principal misión era la de constituirse como “sustento de la raza germana”. Su papel, al fin y al cabo, no dista tanto del papel de la mujer en la sociedad tradicional, si bien filtrado por la cosmogonía nacionalsocialista.

Estaban obligadas a aprender a 'cocinar, mantener la casa, coser, limpiar, planchar, cuidar a los niños y criarlos'La familia tenía una gran importancia para la SS; como señaló el propio Hitler en un discurso celebrado en 1934, “primero viene el clan y la raza, y más tarde el individuo”. La madre era, igualmente, la transmisora de los valores a las nuevas generaciones, y por ello mismo, debía comprometerse a criar a todos los niños “de acuerdo con los ideales del Partido Nacionalsocialista”. La importancia de la maternidad fue reivindicada por la propia Scholtz-Klink cuando, durante una reunión celebrada junto a los mandatarios del partido nazi, los recordó lo mucho que necesitaban a las mujeres: “Dependéis de nosotras. Tenemos algo importante entre manos, y estamos participando en la resurrección espiritual de nuestra gente. Las mujeres deben ser las proveedoras espirituales y las reinas secretas de los nuestros, llamadas por el destino a cumplir con esta tarea”.

Pero no únicamente eran “proveedoras espirituales”, a juzgar por el decálogo que se recoge en el libro: al mismo tiempo que debían cumplir con sus obligaciones morales, también debían hacerlo con las terrenales, y durante el curso estaban obligadas a aprender a “cocinar, mantener la casa, coser, limpiar, planchar, cuidar a los niños, criarlos y saber cómo decorar la casa”. Además, y como era habitual en la época, también se las instruía en modales y para aprender a comportarse en eventos sociales, o en saber cómo mantener una conversación. Por último, debían adquirir “conocimientos especiales sobre la raza y la genética”; Scholtz-Klink era una de las más fuertes defensoras de la discriminación racial nazi, y manifestaba un especial cuidado en asegurarse que ninguna judía, gitana o mujer con problemas mentales entrase en sus cursos.

Un proyecto que evolucionó a través de los años

La primera escuela de novias fue abierta en la isla de Schwanenwerder, situada en mitad del lago Wannsee, en el extrarradio berlinés, y fue impulsada al alimón por Scholtz-Klink y Himmler, que vio en estas instituciones una útil herramienta de control social y de consolidación de la pureza de la raza aria. Como él mismo manifestó en alguna ocasión, “es necesaria una fuerte vida familiar para crear una nación fuerte y pura”. Ello le condujo en 1936 a firmar un decreto por el cual obligaba a todas las mujeres que quisieran contraer matrimonio con un miembro de las SS a aprobar dicho curso.

Estas mujeres se unían a sus hombres a través de ceremonias neopaganas oficiadas por un funcionario del estado Sin embargo, el paso de los años, la irrupción de la guerra y la desbandada de soldados a los diferentes frentes obligaron a Scholtz-Klink a replantear su ideal de la feminidad nazi, ya que veía cómo las mujeres que habían quedado en retaguardia tenían que ocuparse de algunas labores para las que su curso no les había preparado. Es el caso, por ejemplo, de la producción industrial, que obligó a muchas mujeres a comenzar a trabajar en las fábricas para cubrir el déficit de mano de obra masculina.

La boda nazi compartía la visión de la comunión trascendente entre dos personas propia del cristianismo, si bien se mantenía completamente al margen de dicha tradición y de cualquier iglesia. Estas mujeres se unían a sus hombres a través de ceremonias neopaganas oficiadas por un funcionario del estado y por el ritual de boda habitual de las SS, que solía celebrarse al aire libre y, preferiblemente, ante un tilo, uno de los árboles más cargados de significado para el nazismo. Al final de la ceremonia, se entregaba a marido y mujer un ejemplar del Mein Kampf y unas runas talladas con diversos motivos extraídos de la mitología germánica. La unión se había consumado y la raza aria se encontraba un paso más cerca de la pureza absoluta.

Alma, Corazón, Vida
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