¿Es lícito que culpemos a las bebidas azucaradas del auge de la obesidad?
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LA TASACIÓN DE LAS SODAS no solucionaría nada

¿Es lícito que culpemos a las bebidas azucaradas del auge de la obesidad?

Nueva York quiere tasar los refrescos, pero ¿serviría de algo? Hay nutricionistas que están en contra, creen que este tipo de medidas no sirven de nada

Foto: Nueva york propone la prohibición la venta de refrescos azucarados de gran tamaño. (Efe)
Nueva york propone la prohibición la venta de refrescos azucarados de gran tamaño. (Efe)

Las bebidas azucaradas están en el punto de mira de las nuevas políticas para frenar la obesidad, que están enfrentando a nutricionistas, sociedad civil e industria alimentaria. Cada vez más voces piden que se regule el consumo de este tipo de bebidas, a las que sus críticos no han dudado de llamar el “nuevo tabaco”. Una petición que, al menos en la ciudad de Nueva York, se está tomando muy en serio. El gobierno de la ciudad se ha propuesto prohibir que los restaurantes sirvan este tipo de refrescos en raciones que superen 16 onzas (aproximadamente, medio litro). La medida ha desatado la polémica, ¿sirve realmente una política como esta para luchar contra la obesidad?

Los nutricionistas John L. Sievenpiper y Russel J.de Souza –ambos colaboradores de The Coca-Cola Company– han firmado un editorial en la revista American Journal of Clinical Nutrition, en el que aseguran que el efecto de las bebidas azucaradas en relación a la obesidad y enfermedades cardiometabólicas es pequeño y no existen evidencias que muestren que su influencia sea mayor que las de otras fuentes de energía de la dieta. Según la publicación “un planteamiento que solo atienda a un único alimento o estilo de vida puede resultarinadecuado para desentrañar las complicadas interacciones existentes entre los alimentos, la dieta y los patrones de estilo de vida”.

Para reducir la obesidad es necesario reducir la ingesta excesiva de calorías, pero también promover la actividad física

En opinión de los científicos, los azúcares añadidos son determinantes a la hora de ganar peso en la medida en que añaden energía extra a la dieta, pero aseguran que no hay evidencias que sustenten que sean más perniciosos que otras fuentes de energía. Las personas consumen muchos alimentos y bebidas diferentes, por lo que un alimento o bebida por sí sólo no puede serresponsable del sobrepeso u obesidad. En definitiva, todas las calorías cuentan, provengan del alimento o bebida que provengan, incluidas las de las bebidas azucaradas.

La tasación de las bebidas no tendrá el impacto deseado

Según Sievenpiper y Souza, el consumo excesivo de bebidas azucaradas sigue siendo un importante problema de salud pública, ya que “es un alimento sin valor nutricionaly las políticas destinadas a reducir su ingesta no hacen ningún daño”. No obstante, aseguran que las intervenciones cuyo objetivo sea atacar en exclusiva a este tipo de bebidas son insuficientes, pues es necesario un planteamiento más amplio, focalizado en reducir la ingesta excesiva de calorías, así como en la promoción de la actividad física.

En su opinión, el hecho de que entre los grandes consumidores de bebidas azucaradas haya una mayor prevalencia de obesidad, como han confirmado varios estudios, no indica que podamos responsabilizar individualmente a éstas de su sobrepeso. Son los individuos que consumen más bebidas azucaradas los que, además, hacen menos ejercicio, fuman más y tienen un patrón alimenticio más pobre, por lo que culpar a las sodas es ver sólo una parte del problema.

La importancia del equilibrio energético

Cuando se trata de controlar el peso, es importante equilibrar las calorías que consumimos con las que se queman a través de las actividades físicas que realizamos. Para poder perder peso, es necesario quemar más calorías que las ingeridas. Se trata de lo que los expertos llaman "balance energético".

Si no aumentamos la actividad física de la población, nos estaremos limitando a fomentar unos niveles insostenibles de restricción alimentaria

A este respecto, otras investigaciones han ahondado también en el papel de la actividad física y el equilibrio energético en la lucha y prevención de la obesidad. Así, la investigación Energy balance and obesity, publicada recientemente en la revista científica Circulation destaca cómo la restricción alimentaria por sí sola no resulta eficaz a la hora de reducir el sobrepeso y la obesidad, debido a que la fisiología humana está preparada para un elevado nivel de ingesta y de gasto energético al mismo tiempo. Dicha restricción alimentaria unilateral produce la adaptación natural del organismo de mantener su peso actual, alterando la forma en que el cuerpo quema calorías. Los autores de este análisis aseguraron además que la restricción constante de alimentos es difícil de mantener a largo plazo y que “igualar la ingesta de energía (calórica) con un alto gasto energético sería más factible para la mayoría de las personas que restringir la ingesta alimentaria para compensar un nivel bajo de consumo de energía”.

Tal y como afirmó el profesor de pediatría y medicina de la Universidad de Colorado y coautor de la investigación, James O. Hill, “si no aumentamos la actividad física de la población, nos estaremos limitando a fomentar unos niveles insostenibles de restricción alimentaria. Una estrategia que no ha funcionado antes, no es probable que lo haga en el futuro”; y añade que hay que cambiar el mensaje, de “comer menos y moverse más” por “moverse más y comer mejor”.

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