UN INFORME NIEGA LAS TESIS DE GALLARDÓN

"La custodia compartida genera en los 'niños maleta’ inseguridad y sufrimiento"

“Cuanto más pequeños sean los hijos, más necesidad biológica tienen de mantenerse constantemente al lado de su cuidador principal” en caso de separación conyugal, lo que

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"La custodia compartida genera en los 'niños maleta’ inseguridad y sufrimiento"
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    “Cuanto más pequeños sean los hijos, más necesidad biológica tienen de mantenerse constantemente al lado de su cuidador principal” en caso de separación conyugal, lo que garantiza su estabilidad emocional, conductual y educativa. Esta es la principal conclusión del estudio "Overnight Custody Arrangements, Attachment, and Adjustment Among Very Young Children" publicado en el último número del Journal of Marriage and Family. La investigación, llevada a cabo por un grupo de psicólogos de la Universidad de Virginia en colaboración con Princeton y Columbia, se centró en comparar las evaluaciones psicológicas realizadas a más de 5.000 menores norteamericanos, nacidos entre los años 1998 y 2000, con distintos regímenes de custodia compartida.

    Samantha Tornello, autora principal del estudio, apunta que la cohabitación estricta tiene como consecuencia en los ‘niños maleta’ una mayor inseguridad, inestabilidad y sufrimiento, en comparación con el resto de menores que viven siempre bajo el mismo techo de su padre o madre, sobre todo cuando aún son bebés. Así, el 43% de los niños que pasaron un día o más a la semana sin su madre, por estar así obligados según el régimen de visitas decretado, desarrollaron carencias afectivas con ella y mayores dificultades para relacionarse con sus iguales. Este porcentaje se redujo al 16% en el caso de los niños que sólo pernoctaban con sus padres un par de veces al mes.

    Los resultados ponen en entredicho el espíritu de las medidas incluidas en la futura Ley de Corresponsabilidad Parental, anunciada el pasado viernes por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. La principal novedad del texto con respecto a la actual legislación que regula la custodia compartida es la eliminación de la “excepcionalidad”, de manera que será el juez quien determine qué régimen es el más conveniente en cada caso atendiendo al interés del menor. Otro cambio fundamental es la obligatoriedad de que el padre participe conjuntamente con la madre, y de forma continuada, en las decisiones más importantes de la vida del menor (siempre que no exista una sentencia en firme por violencia de género).

    Los hijos como moneda de cambio

    Un cambio “muy necesario”, según subraya Carmen Serrano, experta en educación emocional y autora de ¡Me ha dicho mamá que no me quieres!, para avanzar hacia “la concienciación social de que los niños no son una mercancía privada en manos de las madres, lo que lleva a utilizarlos como si fuesen marionetas con el único fin de hacer daño a la otra persona”, lamenta. Según explica Serrano, la imposición de la custodia que promueve la futura ley no es lo más deseable, pero “desafortunadamente es la única forma de evitar que los pequeños se conviertan en un arma arrojadiza haciendo imposible cualquier tipo de acuerdo entre los padres”. Eso sí, “hay que explicar el porqué de estas leyes y eso sólo se consigue educando a la sociedad desde la infancia para que asimilemos que ambos cónyuges tienen que hacer de padres, y no de progenitores”, matiza.

     

    Para Serrano, la ausencia de uno de los dos padres en la educación y desarrollo emocional de los menores “no beneficia a nadie. Ambos deben tener un vínculo afectivo con su hijo porque este nunca podrá ser feliz “si no tiene la certeza de que lo quieren tanto su padre como su madre y que están ahí para lo que sea”. Si se produce esta carencia afectiva, añade, su crecimiento personal será deficiente y lo marcará en la vida adulta, lo que pone en duda los resultados del estudio, elaborado conjuntamente por las universidades de Virginia, Princeton y Columbia.

    La psicóloga y directora de los programas de mediación de la fundación Atyme, Trinidad Bernal, aplaude el espíritu de la futura ley, “ya que los padres no siempre están dispuestos a llegar a un consenso”. Sin embargo, las fórmulas pactadas son la mejor opción para Bernal, ya que “cada familia tiene sus propias peculiaridades y llegar a un acuerdo implica que el niño perciba la situación convenida por ellos de forma natural y sin perturbarlo”. Esto es, e independientemente del régimen acordado, si los padres lo ven positivo, el niño también.Los niños no son una mercancía privada en manos de las madres

    Para Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas (FMP), una custodia impuesta a unos padres que no están de acuerdo “no puede funcionar y es muy perjudicial para los menores porque dificulta la estabilidad que necesitan para su desarrollo”. Del mismo modo, señala que la custodia compartida es recomendable cuando hay acuerdo entre los padres, pero si no “puede ser muy perjudicial porque los menores necesitan un clima estable de conducta y educación. Cuando no es así, lo único que se hace es perjudicar su desarrollo emocional y no es el entorno más adecuado para su personalidad”.

    La mediación, una herramienta para alcanzar consensos

    Lo ideal y la clave de la felicidad del niño es que el acuerdo, sea el que sea, salga de los propios padres y no del juez, aunque Bernal reconoce que no siempre es posible. En estos casos, la mediación con la ayuda de profesionales es imprescindible para encontrar puntos de consenso que beneficien a todas las partes implicadas en el proceso, un trabajo que la fundación Atyme lleva realizando desde hace casi un cuarto de siglo con sorprendentes resultados. “Si los padres tienen un espacio para conversar con la asistencia de profesionales se puede llegar, con el tiempo, a una fórmula aceptable para ambos sin que sea judicialmente impuesta”, asegura la psicóloga de familia.La custodia compartida provoca una disminución del apego paterno de los niños cuanto más pequeños sean

    Marisa Cuadrado, una madre divorciada con una hija pequeña, fue de las que se negó en un primer momento tras la separación a llegar a una fórmula de consenso. “He de admitir que, en un principio, yo también caí en la trampa de creerme la única capaz de cuidar a mi hija y pensaba que con ver a su padre los fines de semana sería bastante. Me costó acostumbrarme, pero sé que en ese momento pensaba más en mí que en lo que era más beneficioso para la pequeña. Hoy, después de seis años, mi mejor argumento para recomendar como solución más justa la custodia compartida es mi hija”. Ahora, sigue viendo a su padre y a su madre de forma continuada y mantiene relación tanto con la familia materna como con la paterna.

    “Aprovechamos al cien por cien el tiempo que pasamos con ella porque es más difícil agobiarse de las obligaciones cuando las compartes. Ambos somos capaces de llevarla al colegio, ayudarla en sus deberes, su ropa y de trabajar fuera de casa. Haber sabido llevar esta situación, como personas adultas y desde la igualdad, ha permitido que, en seis años, no haya habido ninguna demanda entre nosotros, que no hayamos utilizado a nuestra hija como moneda de cambio y, sobre todo, que no haya oído nunca un comentario negativo de su padre o de su madre. Ver crecer a mi hija feliz es mi mejor premio. Disfruto del tiempo que paso con ella y sé que si algún día me pasara algo no se sentiría una extraña viviendo con su padre”, añade Cuadrado.

    “Cuando acaba el infierno ya son adolescentes y no te conocen”

    Otro de los autores del cuestionado estudio recogido por el Journal of Marriage and Family, Robert Emery, apuntó que la custodia compartida provoca una disminución del apego paterno de los niños cuanto más pequeños sean. “Durante los primeros años de vida del niño hay que evitar que no duerma sin su madre y, a medida que va creciendo, ya se podrá ir aumentando gradualmente el régimen de visitas”.Hoy, después de seis años, mi mejor argumento para recomendar como solución más justa la custodia compartida es mi hija

    Un extremo este que no todos los padres están dispuestos a aceptar, pues la infancia es la etapa vital en la que se crean y fortalecen los vínculos afectivos con los padres y que marcarán la relación entre ambos durante la etapa adulta. Como explica Pedro Gómez, un padre divorciado con una niña pequeña y que se dedica profesionalmente al mundo del coaching y al functional training: “Te separas y tienes que firmar un documento llamado convenio en el que, entre otras cosas, se regula el régimen de visitas de tu hija. Y entonces comienza la batalla para que tu hija pueda pasar una noche en casa de su padre y tras meses de lucha por fin consigues que lo haga cada quince días. Continúa la batalla y tras más de un año consigues ampliarlo a dos…”.

    Un infierno, asegura Gómez, que cuando se acaba ya se ha pasado la infancia del menor y el padre acaba siendo un completo desconocido para ella. Además, el síndrome de alieneación parental hace que en la juventud no cambien mucho las cosas.

    Es por esta realidad, “y pensando más en la niña”, que este padre divorciado defiende la implantación de medidas como las que incluirá la futura Ley de Corresponsabilidad Parental. “Creo sinceramente que la custodia compartida es la llave maestra que permitirá que los hijos puedan disfrutar por igual de su madre y de su padre. Afortunadamente, en este país, mujeres y hombres somos iguales ante la ley y sólo pido que también se nos deje ser iguales para criar a nuestros hijos y que se les deje disfrutar de su padre igual que de su madre, ya que nos necesitan a ambos”, sentencia.

    Alma, Corazón, Vida
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