“Artista, soldado y filósofo”: de guitarrista de Soundgarden y Nirvana a héroe del ejército
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“Artista, soldado y filósofo”: de guitarrista de Soundgarden y Nirvana a héroe del ejército

Algunos fans del grunge quizá recuerden el nombre de Jason Everman, pero para la mayor parte de lectores, será un absoluto desconocido. Pocas personas pueden presumir

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“Artista, soldado y filósofo”: de guitarrista de Soundgarden y Nirvana a héroe del ejército

Algunos fans del grunge quizá recuerden el nombre de Jason Everman, pero para la mayor parte de lectores, será un absoluto desconocido. Pocas personas pueden presumir de haber formado parte de dos de las grandes bandas de rock de los noventa, Soundgarden y Nirvana, y además, de haber sido expulsado de ambas. Kurt Cobain lo despidió de su formación por ser un “metalhead malhumorado”, a pesar de que formó parte de la formación durante la gira de Bleach y figura en los créditos del álbum como segundo guitarrista ya que aportó los 606 dólares que sirvieron para costear su grabación. Años más tarde, pasaría a formar parte de otra de las grandes formaciones surgidas de Seattle, Soundgarden, donde tampoco tendría suerte. Sin embargo, el líder de la banda, Chris Cornell, sería menos despiadado que Cobain y simplemente señalaría que su unión no funcionaba, aunque lo que latía debajo de estos conflictos eran los problemas mentales de Everman.

La vida de Everman ha estado definida precisamente por ese “mal humor” del que hablaba Cobain, y que en realidad señalaba una tendencia a la psicosis que le ha perseguido desde su adolescencia, cuando fue expulsado de su instituto después de destruir el baño con explosivos. El joven terminaría rápidamente en el psicoterapeuta, que al no lograr acabar con los problemas sociales del chico, lo animaría a que probase con el rock.  

Sustituir la guitarra por un rifle

Cuando has sido despedido de dos bandas tan importantes, tienes que salir adelante como puedas o morir en el intento. ¿Qué hizo Everman? Tomar el camino difícil y alistarse en las Fuerzas Especiales, de las que formó parte durante más de 10 años. The New York Times lo acaba de rescatar en un reportaje en el que lo definían como “la víctima del rock’n’roll que se convirtió en un héroe de guerra”.  Después de abandonar Soundgarden, mientras vivía en una comuna en San Francisco, el guitarrista se topó con la que era su verdadera vocación: ser soldado. Nunca tuvo ninguna duda, ni siquiera durante las fases más complicadas del proceso, más cercanas de lo que podríamos pensar a La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987). “Estaba al 100% en ello, nunca tuve ninguna duda”, declaraba a la publicación americana.

Hoy en día, Everman se conforma con ser barman en cualquier lugarDesde entonces, ha servido a su país en diferentes misiones internacionales. Por ejemplo, formando parte de la caballería durante la intervención en Afganistán contra los talibanes. Combatió el narcotráfico en América Latina, estuvo en Kandahar, vio a los tanques soviéticos en el valle de Panjshir y su trayectoria le sirvió para obtener la medalla de honor de la Infantería de los Estados Unidos. Sin embargo, no se conoce mucho de lo que hizo en batalla, ya que forma parte de los principios de las Fuerzas Especiales no hablar de sus propias experiencias, más allá de reconocer que “es todo muy diferente a las películas, es todo más lento, más cuidadoso”. Everman nunca contó a sus compañeros su ilustre pasado.

Una nueva vida

“A lo largo de mi vida he intentado desarrollar tres aspectos de mi vida que definen lo que son: el artista, el soldado y el filósofo”. Si el primero fue el que tomó las riendas de su desarrollo hasta los 26 años (la edad que tenía en 1993, cuando abandonó Soundgarden), el siguiente fue el que protagonizó el siguiente decenio, desde que se alistó hasta que dejó el ejército, en 2006.

Fue en ese momento cuando se enroló en la Universidad de Columbia, recomendado por el general McChrystal, para desarrollar la tercera de sus pasiones, el estudio de la filosofía, una carrera que ha terminado en mayo de este mismo año. Sus perspectivas vitales son, hoy por hoy, muy diferentes a la de aquel joven guitarrista melenudo o aquel valiente soldado. Simplemente se conforma con ser un “barman en cualquier parte”. Una ocupación más que añadir a una larga lista donde también figuran otras como ser monje en Nepal o pescador en Alaska.