ES EL MAYOR EXPERTO EN GEMELOS DEL MUNDO

El discípulo renegado de Darwin: “El futuro no está en los genes, nos equivocamos”

El profesor de genética epidemiológica Tim Spector es director del registro británico de gemelos e investigador del King´s College de Londres. Lleva 21 años estudiando la

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El discípulo renegado de Darwin: “El futuro no está en los genes, nos equivocamos”
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    El profesor de genética epidemiológica Tim Spector es director del registro británico de gemelos e investigador del King´s College de Londres. Lleva 21 años estudiando la genética, la salud, la personalidad y el comportamiento de cientos de parejas de gemelos idénticos: clones exactos, con el mismo ADN, que muchas veces cuesta distinguir físicamente.

    Hasta hace menos de cuatro años Spector era un darwinista convencido, con más de 600 estudios científicos a sus espaldas, algunos de ellos muy relevantes, como el descubrimiento del gen que parece estar detrás de la calvicie. En su opinión, compartida por gran parte de la comunidad científica, prácticamente todo rasgo y enfermedad tenían una influencia genética determinante. Para avanzar en la investigación médica sólo había que seguir el camino de las baldosas amarillas: a medida que se fueran encontrado los genes causantes de cada enfermedad se iría conociendo todos sus secretos. 

    Pero había algo que a Spector no le cuadraba. Tras estudiar detenidamente a los gemelos se dio cuenta de que los genes no eran tan determinantes cómo pensábamos. “Los gemelos reaccionan al ambiente de forma muy distinta”, ha explicado Spector por teléfono a El Confidencial, desde su laboratorio en Londres. “Aunque dos gemelos crezcan en el mismo ambiente y tengan el mismo profesor, van a responder de forma distinta, de manera impredecible. En mi trabajo entrevisté a unos gemelos cuyos padres se habían divorciado cuando tenían 14 años. Cada uno reaccionó de forma distinta. Uno se volvió anoréxico y el otro empezó a comer más de la cuenta. Con el tiempo sus vidas fueron muy distintas”. 

    Tras observar la evolución de cientos de gemelos, Spector llegó a la conclusión de que las diferencias podían ser más importantes que las coincidencias, y que los genes, por sí solos, no tenían tanta importancia como creía.

    En su segundo libro de divulgación, Post Darwin. No estamos predestinados por nuestros genes (Planeta) que saldrá a la venta en España el próximo 11 de junio, Spector hace un recorrido por la historia del estudio de la genética y los resultados de las últimas investigaciones, para llegar a una conclusión: la idea general que tenemos sobre la herencia genética está errada, el darwinismo radical no sirve para explicar los últimos descubrimientos y tenemos que cuestionar muchas de las creencias que nos trasmitieron en clase de biología.

    La revolución epigenética

    Todo el estudio de la biología humana de los últimos tiempos ha estado dominado por una lucha encarnizada entre genetistas y ambientalistas, que ha ido fluctuando con el tiempo. “Cuando comencé mi trabajo, hace 20 años, todo el mundo decía que el ambiente era más importante”, explica Spector. “Hace unos diez años, todo el mundo empezó a decir que los genes eran mucho más importantes. Ahora está volviendo a cambiar la opinión, la gente está empezando a darse cuenta de que los genes son importantes para algunas cosas, y son muy útiles a la hora de investigar enfermedades, pero no son útiles como predictores. La revolución de la genómica ha sido muy útil, nos ha dado muchas herramientas para la investigación científica, pero ha habido demasiado hype sobre su utilidad para predecir nuestro futuro, algo que no puede hacerse”.

    Los genes por sí solos no pueden indicarnos cómo va a ser nuestra salud o qué enfermedades vamos a tenerEn la última década hemos leído cientos de noticias sobre los genes responsables de la felicidad, el alzhéimer, el amor o la obesidad. Genes de todo, para todo. Pero, según Spector, hemos sido demasiado optimistas: “Sigo siendo un genetista y creo en la genética. Lo que creo es que los genes por sí solos no pueden indicarnos cómo va a ser nuestra salud o qué enfermedades vamos a tener. Nos pueden decir si tenemos un riesgo, si somos susceptibles de padecer una u otra enfermedad, pero realmente no son lo suficientemente precisos para explicar qué va a ser de nosotros, y eso es lo que mi estudio de gemelos muestra”.

    Por supuesto, los gemelos tienen similitudes: en el color de los ojos, del pelo, los gestos de la cara… Ciertas peculiaridades o hábitos, que, tal como explica Spector, pueden ser idénticos. “Pero hay cosas como la causa de la muerte, el cáncer, la diabetes, y otras enfermedades, que son muy distintos de lo que cabría esperar”, explica el genetista. “La personalidad también es muy distinta, teniendo en cuenta que esta gente no sólo tiene los mismos genes, además han sido educados de la misma forma, por la misma gente y en los mismos sitios”. Y el responsable de esta altísima variabilidad no es otra que la epigenética.

    “Son señales químicas que, básicamente, modifican los genes sobre la marcha, de distintas formas”, explica Spector. “Es por eso que un gemelo reacciona de distinta forma a otro, en el mismo ambiente. Estas pequeñas diferencias, gradualmente, se hacen mayores, y hacen que se modifiquen muchos de nuestros genes en vida. Es una variabilidad extra que hace unos años no creíamos posible. Estos cambios, además, se pueden trasmitir de una generación a otra”.

    Spector reconoce que hay una importante discusión científica sobre el asunto: “No todo el mundo opina lo mismo sobre lo que realmente es la epigenética. Estamos todo el rato viendo cosas nuevas, por lo que estaría bien que mantuviéramos la mente abierta sobre el tema. De lo que estoy es seguro es de que cada vez tenemos más claro que la epigenética es crucial para entender cómo funcionamos, y podría explicar las pequeñas diferencias que hasta ahora no podíamos explicar.”

    En defensa de Lamarck

    Cuando vemos en los periódicos noticias sobre biología pensamos que, por la propia naturaleza de la investigación científica, están exentas de connotaciones políticas. Pero estamos muy equivocados. Todas las discusiones que tienen que ver con la genética y la evolución tiene detrás una enorme carga ideológica que se arrastra desde inicios del siglo XIX, cuando el naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck formuló la primera teoría de la evolución biológica.

    Los neodarwinistas tiene una visión del mundo muy rígida que que ha ralentizado el progreso en algunas áreas de la biologíaAunque Charles Darwin siempre admiró el trabajo de Lamarck, pues le consideraba su precursor e, incluso, tuvo en cuenta su herencia de los caracteres adquiridos en su teoría de la evolución, sus seguidores ridiculizaron sus teorías y pasó a la historia como el hombre que dijo que el cuello de las jirafas se fue alargando de generación a generación para que pudieran llegar a las hojas de los árboles.

    Lamarck, que fue el primer gran biólogo de la historia (y dio nombre a la disciplina), está relegado a un par de párrafos en los libros de texto, en los que se hace mofa y befa de su teoría. Ahora sabemos, tal como asegura Spector, que no andaba tan desencaminado: “Muchos de los ejemplos típicos de Lamarck, como el de la jirafa, pueden resultar estúpidos, pero ofreció muchos otros que estaban bastante bien encaminados. Describió cómo algunos animales podían adaptarse a uno u otro ambiente, por ejemplo, cambiando su temperatura corporal de generación en generación, algo que parece posible gracias a la epigenética. La gente escogió sus ejemplos menos acertados para reírse de él”. 

    Spector cree que el dogma darwinista –que no atribuye al propio Darwin, sino a sus seguidores–, ha sido, y sigue siendo, un obstáculo para avanzar en el conocimiento de nuestra naturaleza: “Los neodarwinistas tiene una visión del mundo muy rígida, que ha ralentizado el progreso en algunas áreas de la biología como la epigenética. Las dos teorías no son excluyentes, puede haber un cierto grado de lamarckismo en un marco a largo plazo darwiniano. Estos pequeños cambios que se trasmiten entre generaciones, tal como los explicó Lamarck, además pueden acarrear cambios evolutivos. Puede haber genes que se seleccionan para la evolución a largo plazo que parten de estos pequeños cambios a corto plazo. Así que hay espacio para ambas teorías. Que creas en la epigenética no significa, necesariamente, que no creas en el darwinismo. La gente debería ser mucho más flexible en sus ideas, porque aún no entendemos cómo funciona todo esto”.

    Lo que parece claro, tal como confirma Spector, es que, de momento, la discusión seguirá moviéndose en terrenos no estrictamente científicos: “La gente tiende a enfocar su trabajo en un sentido político. Hay muchos deterministas, y otra gente que está enfadada con el darwinismo puro porque no permite la libertad personal. Al mismo tiempo, la epigenética está siendo abrazada por los creacionistas, porque creen que les puede servir para refutar el darwinismo. Dicen que la epigenética es muy bonita, además de tremendamente complicada, y por lo tanto tiene que ser obra de Dios. Yo prefiero ser científico y decirle a la gente lo que veo, que no es lo que suelen hacer los políticos y la gente religiosa. Si la evidencia cambia tienes que aceptarlo, no tratar de seguir agarrándote al dogma”.

    Alma, Corazón, Vida
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