"A veces, la verdad parece cierta": Pizarro y Atahualpa, una apuesta de locos
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"A veces, la verdad parece cierta": Pizarro y Atahualpa, una apuesta de locos

"A veces la verdad parece cierta" -Anónimo Las altas cumbres y bajas temperaturas

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"A veces, la verdad parece cierta": Pizarro y Atahualpa, una apuesta de locos

"A veces la verdad parece cierta" -Anónimo

Las altas cumbres y bajas temperaturas no arredraban a las tropas españolas en su avance por aquel territorio plagado de hostilidad hacia cualquier expresión biológica. Los dioses locales, aunque invisibles a sus ojos, se manifestaban cruelmente a través de aquel escenario sobrecogedor. Estaban los expedicionarios acostumbrados a la experiencia de andar entre el alto matorral andino, aunque ello comportaba en ocasiones el riesgo de un ataque sorpresa de los indígenas, eternos habitantes del silencio circundante. Estas emboscadas eran muy difíciles de prever, pues aunque los locales eran inferiores en recursos técnicos y su capacidad  militar asimétrica a la de sus adversarios, luchaban en casa y sus desconcertantes y cambiantes tácticas, no permitían siempre un grado de alerta adecuada.

Fatigosos meses de andadura quedaban atrás y algunos amigos y compañeros se habían despeñado monte abajo en aquella apuesta de locos. Había que seguir adelante a pesar de los contratiempos y extender unas fronteras que empezaban a ser demasiado grandes y onerosas de mantener. Cada paso dado en la incierta aventura agrandaba los límites de la historia. Lenta e inexorable aquella tropa de exploradores avanzaba en un terreno jamás hollado por occidentales en el que riscos y nieblas configuraban  un fantasmagórico e inexpugnable lugar.

Los trece de la fama

Perú era el gran reto de Francisco Pizarro. Dos intentonas previas habían desembocado en sendos fracasos, más el obstinado extremeño no se daba por vencido. En uno de sus rifirrafes con Almagro, acordaron que el primero se quedara en una isla de pequeñas dimensiones con doce soldados mientras que el segundo iba a por refuerzos para explorar más en profundidad lo que parecía ser una civilización avanzada y de compleja organización. Para entonces Pizarro ya tenia claro que  se iba a dar una "vuelta" en ausencia de Almagro. A resultas de este desacato, el de Trujillo pudo constatar las dimensiones de aquel imperio oculto entre las montañas más altas que jamás hubiera visto. Los llamados más tarde “trece de la fama“ recorrieron en condiciones extremas centenares de kilómetros por los lugares mas inhóspitos en dirección hacia la costa del Pacífico, para constatar que solo estaban aproximándose a la periferia de un imperio más profundo. Pero para cuando todo parecía estar al alcance de su mano, la falta de visión del gobernador de Panamá dio al traste con la operación de ampliación del emergente  imperio en expansión, por lo que a Pizarro no le quedó otra que volver a la península y hacer algunas visitas al más alto nivel.

En el año 1529 el emperador cubrió de títulos al adelantado y lo nombró gobernador y capitán general del Virreinato de Perú (Nueva Castilla). Nunca el rey español lamentaría una apuesta que mas tarde le aportaría tan grandes dividendos a través del tributo obligado del "quinto real".

Allá por el mes de enero de 1531 con un contingente de 180 hombres y un pequeño destacamento de caballería emprendió una acción cuya osadía pasó a los anales de la historia por una temeridad de rango desconocido.

La conquista del Perú

Para noviembre de 1532 y por las informaciones proporcionadas por el voluntarioso espionaje español, ya era patente que Atahualpa tenía dificultades serias en su patio trasero. Su hermano Huascar estaba a la greña con él y se avecinaba la tormenta ideal. Un conflicto civil de alta intensidad se estaba desarrollando en todo el ámbito del imperio mientras que un pequeño pero potente y motivado ejercito se acercaba por el norte. Así que Pizarro aprovechó la coyuntura y en un golpe de efecto se acercó a Cajamarca a darle un susto al emperador.

El 29 de agosto de 1533 el cuerpo del emperador había perdido todo atisbo de composturaDos momias centenarias acartonadas por el viento del altiplano -al parecer de una pareja joven- observaban desde el mudo silencio del más allá la fatigosa marcha de los exploradores. Entre las manos guardaban un pequeño Arawi –poema de amor-. Pudo suceder que una de las súbitas tormentas locales atrapara a los amantes sin remisión.

El caso es que el actor sorpresa de un Pizarro irrumpiendo por las bravas en aquel aparentemente inexpugnable territorio por una parte, y la iniciativa sostenida en la acción bélica, no permitieron a los nativos, a pesar de su feroz oposición, tener oportunidades de crear una resistencia digna de tal nombre. El Inca fue capturado y puesto a buen recaudo. Se le ofreció la posibilidad de redimirse de sus pecados y reconvertirse a la "fe verdadera" por la módica suma de  un par de estancias repletas de oro y plata. Se le hizo una lectura formal de la exigencia aunque al parecer el interfecto no se entero de gran cosa. El caso es que una vez que Pizarro acabo la perorata, acto seguido y bajo la acusación de haber matado al hermano con el que litigaba por la sucesión, lo envió diligentemente por el camino mas expeditivo hacia la eternidad. Según algunas versiones, le cortó el cuello sin más preámbulos. El 29 de agosto de 1533 el cuerpo del emperador había perdido todo atisbo de compostura.

Con un armamento propio de la edad de piedra y una población dividida, los incas se habían enfrentado a un ejercito con técnicas militares más avanzadasPoco había durado la aparición de los incas en la historia. No más de cien años como sociedad organizada. En ese tiempo y en un espacio de casi dos millones de km2 se puede afirmar que gobernaron con sabiduría y para el pueblo. Eran claramente unos estadistas que velaban por el bienestar de sus súbditos y esta era su razón ultima de ser. Posiblemente fue un modelo de convivencia social irrepetible. Los cronistas locales y los foráneos no registran un solo periodo de hambre ni abusos  en aquella piramidal forma de poder. Así lo mandaba su Dios Inti (el Dios Sol) que convivía con la omnipresente Pachamama en las creencias mas intimas de un pueblo de intensas creencias animistas

Hacia 1538 y después de acabar también sin contemplaciones con la vida del heredero al trono Inca, Manco Capac; Almagro y Pizarro que no se practicaban precisamente una devoción mutua, habían entrado por enésima vez en colisión ; esta vez por la propiedad de la majestuosa ciudad de Cuzco. Dado que no había visos de arreglar aquello por las buenas, decidieron solucionar el contencioso en la batalla de Las Salinas que para desgracia del primero acabó también  con su testa en el pavimento adoquinado.

Todavía la resistencia local contra los conquistadores continuaría viva hasta que en 1572 el correoso y valiente Tupac Amaru ya con su tropa en franca retirada y en régimen de guerrilla dejaría su vida en una escaramuza con los españoles. Con un armamento mas propio de la edad de piedra y una población dividida por una terrible guerra civil, los incas se habían enfrentado a un minúsculo ejercito con técnicas militares mas avanzadas y que a la postre (valor aparte) habrían de ser decisivas.

El 26 de junio del año 1541 a la edad de setenta años, el crédulo Pizarro se disponía a cruzar junto a su guardia personal la plaza de armas de Lima en dirección a la iglesia para celebrar su cita dominical. Aquel día el altísimo no estaba para favores. Una veintena de almagristas que habían jurado vengar a su extinto jefe, cayeron cual plaga bíblica sobre el desventurado haciéndole algunos descosidos de dudoso arreglo. Al bizarro conquistador solo le dio tiempo a persignarse de prisa y corriendo mientras que el aliento vital le abandonaba definitivamente.