A FONDO: FRACASO Y ÉXITO EN EL EXTRANJERO

“Me gasto más buscando trabajo en Londres que de vacaciones, así que me voy”

“Me fui a Londres porque aquí no encontraba nada. Los primeros días me dediqué a lo que hace todo el mundo: ver los museos, los monumentos,

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“Me gasto más buscando trabajo en Londres que de vacaciones, así que me voy”
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    “Me fui a Londres porque aquí no encontraba nada. Los primeros días me dediqué a lo que hace todo el mundo: ver los museos, los monumentos, a tiendas... Te lo pasas muy bien. Luego ya te pones a buscar trabajo y la cosa cambia”. A peor, claro. Víctor A. relata de esta forma su experiencia fallida de búsqueda de trabajo en el extranjero, respondiendo a los cantos de sirena que llegan desde otros lugares del mundo y en vista de lo poco que podía ofrecerle su país laboralmente hablando. Algo que comparte con los más de 390.206 españoles que, según el informe realizado por Adecco a partir los datos del Censo Electoral de Españoles Residentes en el Extranjero (CERA), han abandonado el país por motivos laborales entre principios de 2008 y finales de 2012.

    Tras dos meses buscando trabajo, la posibilidad de Víctor de trabajar “de lo suyo” (diseño gráfico) parecía cada vez más lejana y lo único que podía ofrecerle la gran capital británica era un trabajo mal pagado de lavaplatos, algo que no tenía nada que ver con su formación académica. Así que, un buen día, y en vista de la gran cantidad de dinero que estaba pagando por un piso compartido, mucho más del que habría gastado en España, decidió dejarlo todo y volver a su casa. Quizá no arrepentido, pero sí con una idea clara: que la próxima vez iba a ser muy distinto e iba a planear mejor su viaje. O, como él dice, “mejor volveré de vacaciones. Total, me voy a gastar lo mismo, me lo voy a pasar mejor y no me frustro”.

    En ningún sitio atan perros con longanizas y el trabajo es difícil de encontrar en cualquier parteLa historia de Víctor no es precisamente la que suele aparecer en los medios de comunicación cuando se habla de españoles que buscan trabajo fuera de nuestras fronteras, pero es mucho más común de lo que podríamos pensar. “Hay que recordar que los casos de éxito en plan Españoles por el mundo suelen ser sobre todo casos de expatriados. En muchos casos, que pertenecen al sector del turismo y a cadenas como Barceló, Meliá, o son expatriados de grandes compañías establecidas a nivel internacional como Repsol, Ferrovial o Telefónica”, recuerda Juan Carlos Cubeiro, socio director de Ideo y autor de Del capitalismo al talentismo (Deusto). “A veces somos ingenuos y pensamos que en Europa o en los países emergentes atan los perros con longanizas, cuando realmente el entorno laboral está complicado en todas partes”.

    “Nuestro Españoles por el mundo lo han vivido también ecuatorianos o colombianos cuando venían a nuestro país. Son cuentos de hadas”, prosigue Cubeiro. Lo cual no quiere decir, obviamente, que sea imposible encontrar trabajo fuera de nuestras fronteras, pero sí que la actitud con que se afronta ha de ser realista y previsora. “Hay que afrontar la experiencia con realismo y tener presente que en muchos casos, lo que nos lleva fuera es la situación límite del mercado interno”, indica Santiago Álvarez de Mon, profesor en el IESE. “El aprendizaje se obtiene cuando la experiencia ha terminado, y hay que aprovechar para vivir una experiencia útil”.

    Perder dinero, tiempo, ganas y esfuerzo

    “Cuando volví a casa, lo que sentí fue sobre todo alivio”, indica Gonzalo, trabajador del sector audiovisual que probó suerte en Roma durante el pasado año. “Es estresante. El segundo o tercer mes es el peor. El primero, estás eufórico. El siguiente paso es que no entiendes nada. Y luego, todas esas cosas que al principio te hacían gracia y veías curiosas empiezan a convertirse en problemas”. En el caso de Italia, estas pueden ir del precio de los pisos (“750 euros por 30 metros cuadrados en Roma”) a los impuestos que se han de pagar (“un 33% como empleado”) al propio funcionamiento del mercado (“puro nepotismo”), aunque todo ello apunta en una misma dirección: las dificultades pueden surgir allí donde menos se esperan, por mucho que hayamos planificado nuestro viaje.

    Es muy útil fijarse en los casos de éxito y seguir sus pasosLa vida del español fuera es dura, entre otras cosas, por factores que quizá no se han previsto con anterioridad. “Lo que no hay que hacer es ir sin un plan. El primer paso es investigar en profundidad el país y la empresa donde se aspira trabajar”, indica Ramón Egea, director de fidelización del portal de empleo Jobandtalent. “Es muy útil observar cuáles han sido los casos de éxito en el sector al que quieres aspirar, y para eso las redes sociales son buenas herramientas”. De esa manera, o preguntando a los trabajadores ya instalados, se puede conocer de primera mano cuáles son los pasos que se han seguido hasta alcanzar la meta.   

    Una de las anticipaciones más importantes es la de los potenciales contactos laborales, así hacerse conocer por las empresas a las que aspiramos. Como explica Francisco L., que busca en Los Ángeles (Estados Unidos), un trabajo relacionado con la producción, post-producción o distribución cinematográficas, “es complicado acertar con todo a la primera”. Por ejemplo, como él admite, “hubiese sido bueno haber venido con entrevistas ya concertadas, pero la comunicación desde España con empresas de aquí no fue eficiente”. Como indican los expertos, hay muchos deberes que hacer antes de salir de casa, y más ahora que las comunicaciones nos permiten ponernos en contacto con cualquier parte del mundo de manera inmediata.

    Como resume Beatriz González, associate director de career services de IE University, “lo más importante es tener en cuenta el perfil personal y profesional”. Ello quiere decir que “hay que hacer un buen ejercicio de autoanálisis y de investigación de los países target, conocer bien la dinámica de trabajo de los países, su legislación (laboral y de inmigración), la oferta/demanda de empleo y ver si hay o no encaje y en qué países”. Pero el conocimiento (teórico y práctico) no es el único factor que separa el éxito del fracaso, sino también, la filosofía vital con la que se encara la experiencia fuera de nuestras fronteras, ya que la flexibilidad, la adaptación, tener visión global y la capacidad de aprendizaje y trabajo en equipo son esenciales.

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    La actitud ideal

    “La resiliencia, la capacidad de aguante, es un factor importante”, indica Juan Carlos Cubeiro. Muchas de las características que definen aquellos proyectos de salida que han funcionado están más relacionadas con las actitudes que con las aptitudes. “Hay que tener aguante y afrontar la salida con los ojos bien abiertos y mucho humor”. En uno de los puntos en que coinciden todos los expertos es en que los españoles nos hemos caracterizado a lo largo de toda nuestra historia por nuestra estrechez de miras, originada muchas veces por nuestra poca disposición a viajar fuera, y que se levanta como una barrera entre nosotros y el trabajo exterior.

    La inversión económica inicial para salir fuera es altaSantiago Álvarez de Mon, profesor del IESE, indica que la actitud ideal es la de adoptar un punto intermedio entre la planificación y la improvisación. “Ni hay que pretender tenerlo todo bajo control y atado y bien atado antes de salir ni ser frívolo e improvisar todo”, explica el profesor. “Mi consejo es vivir al día”. Con ello, De Mon se refiere sobre todo a aprovechar la experiencia y no obsesionarse por el momento del retorno. “Muchos de los que están fuera ven los inconvenientes que existen cuando uno llega, pero aún no son capaces de ver las muchas ventajas. Hay quien echa de menos la tortilla de patatas o piensa demasiado en el futuro y se lo pierde”. Además, hay que tener paciencia, y no pretender encontrar trabajo en un día, de igual forma que “no se pueden perder 20 kilos en una semana”. “El tiempo que se pasa fuera ha de ser de calidad. No sólo estar físicamente, sino también emocional y psicológicamente”, añade el profesor.

    Un último factor, pero de vital importancia, es tener un plan financiero ligado a esta capacidad de aguante, en el que, entre otras cosas, hay que tener en cuenta que es altamente posible que pase mucho tiempo sin que comencemos a recibir ingresos. “Es importante tener dinero en el bolsillo para tener el tiempo necesario para triunfar fuera”, explica Cubeiro. “Hay que estar preparado para lo peor. En condiciones normales, puedes estar un año así. No es fácil triunfar a la primera”. Precisamente aquello que Víctor no tuvo en cuenta cuando, apenas un mes después de su llegada, se dio cuenta de que su capital había descendido sensiblemente en poco tiempo y que no podía permitirse su tren de vida. Como indica Elena Blanco, socióloga y trabajadora social que se encuentra en Santiago de Chile, este “es un destino limitado a inmigrantes con estudios superiores, que puedan venir con ciertos ahorros para los primeros meses y siendo conscientes de que la inversión inicial es elevada”.

    Shocks culturales e incomprensión lingüística

    Infravaloramos todo lo que implica penetrar en una sociedad completamente distinta a la nuestra y que se comporta de manera muy diferente. Este es uno de los primeros puntos que, avisan los expertos, debemos tener presentes si no queremos fracasar. “España siempre ha sido un país más cerrado, al contrario que por ejemplo Holanda, y tendemos a pensar que todo se hace como aquí. Hay que tener sensibilidad intercultural”, explica Juan Carlos Cubeiro. En ese sentido, Gonzalo recuerda el shock que sintió cuando vio que “a pesar de todo lo que se dice, Italia y España no se parecen”.

    No sólo en las costumbres, sino también en la forma jurídica que tienen los contratos (en Italia existen contratos por día) o el funcionamiento del mercado laboral. O en el caso de Estados Unidos, como indica Francisco L., “lo importante que es la competitividad”, y que “es a lo que más nos puede costar adaptarnos a los españoles, esa falta de comodidad a la que nos gusta aferrarnos en España”. Como indica Álvarez de Mon, “aceptar abandonar la zona de confort es indispensable, tener inquietud por aprender y entender la incertidumbre”.

    Vives con la incertidumbre de no saber cuándo volverás a ver a tu familiaA veces sobrevaloramos nuestro conocimiento del idioma o de las posibilidades que tenemos de encontrar trabajo. “Esta fantasía de que todo el mundo habla inglés no es así”, indica Cubeiro. De hecho, uno de los principales hándicaps que se encuentran muchos de estos candidatos es la barrera idiomática, y por eso Latinoamérica es uno de los países más frecuentes para encontrar trabajo. Gonzalo señala, precisamente, que “para trabajar en Italia tienes que saber italiano sí o sí y existe el mito que se necesita poco tiempo para aprenderlo”. En realidad, como ambos señalan, manejar a la perfección un idioma es mucho más complicado de lo que pensamos.

    La distancia física, pero también emocional, se pasa muchas veces por alto. Como explica Elena, “algo de lo que no fui realmente consciente hasta que llegué aquí es la distancia tan grande que hay entre ambos países. El billete cuesta 1.200 euros y vives con la incertidumbre de cuándo volverás a ver a tu familia”. Juan Carlos Cubeiro señala que ese es uno de los grandes problemas al que se enfrentan muchos expatriados: “la soledad es difícil, has invertido esfuerzo y necesitas gente que te rodee”. Por eso, explica Miguel Ángel, que se encuentra en Londres trabajando de pinche, eligió dicho país ya que su hermana vivía allí y se trataba de “una ciudad más cosmopolita” donde el idioma era más fácil de entender. Sin embargo, Gonzalo señala que a pesar de vivir con su pareja y tener amigos en Roma, la experiencia es dura. Como indica Santiago Álvarez de Mon, uno de los pasos previos más importantes es “conocer nuestra tolerancia al riesgo”: hay personas con un espíritu más aventurero que otras, y abandonar el país no es tarea sencilla para nadie.

    La segunda parte de este reportaje se publicará mañana

    Alma, Corazón, Vida
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