CAEMOS EN 'LA PARADOJA DEL BANQUERO'

Por qué tampoco los amigos nos duran toda la vida

Amigos. Con las redes sociales ese término se ha devaluado. “Tengo 256 amigos en Facebook”… No, eso no son amigos, lo mismo ni conocidos. Pero no,

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Por qué tampoco los amigos nos duran toda la vida
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    Amigos. Con las redes sociales ese término se ha devaluado. “Tengo 256 amigos en Facebook”… No, eso no son amigos, lo mismo ni conocidos. Pero no, no estamos hablando de ese tipo de relaciones, sino de esas personas con las que en vez de chatear uno se toma un café, se va de vacaciones, ve el fútbol, va de compras o llora en el hombro. Gente que forma parte esencial de tu vida. Que conoce en profundidad algunos de tus secretos, tus defectos, tus manías y también esos que sólo con una frase entienden una broma o cómo te encuentras en un momento complicado de tu vida.

    ¿Por qué se pierde a los amigos? Según el doctor Pedro Larrea, psicólogo clínico, “la razón más evidente es por una deslealtad. Pero si hablamos por qué ocurre con más facilidad habría que mencionar lo que a todos nos ha pasado alguna vez, la falta de contacto. Dos personas por cambios vitales como un traslado de una ciudad a otra o porque una de ellas se casa, o tiene hijos o por pura desidia o falta de tiempo, con esta vida en la que cuidamos tan poco el ocio, terminan distanciándose, dejando de saber de su vida cotidiana y sí, por supuesto que en muchos casos si te vuelves a encontrar es como si hubieras visto a esa persona ayer, pero una vez roto el lazo es difícil volver a establecer la misma complicidad”.

    Al final me di cuenta de que hacía mejores migas con gente nueva que con élLa falta de contacto. Efectivamente, todos sabemos que esa es una de la razones esenciales por las que rompimos el vínculo con algunos amigos. Pero resulta paradójico que en la sociedad de la información, en la que podemos mandar whatsapp, sms, un mensaje de Facebook, de Twitter, un mail, hacer skype o chatear, sigamos hablando de falta de contacto. “Efectivamente”, afirma Larrea, “pero aunque esos sistemas de comunicación hacen, aunque sea de una manera no tan cercana, no tan cálida, que sepamos que un amigo ha tenido un hijo o que se ha ido de viaje a Panamá, lo cierto es que los amigos con los que uno se relaciona, realmente lo que se considera un amigo al que puedes recurrir si necesitas ayuda, consejo o consuelo, son los que uno ve cara a cara. Ahora las amistades no se cortan tan de raíz, uno sigue teniendo presente en su vida más o menos a la gente que ha sido amiga más íntima, pero al final, un amigo es un amigo, lo de toda la vida. Alguien con quien compartes intereses, tu tiempo de ocio, alegrías y penas. Lo otro, los que uno sabe que están ahí siempre y que aunque no tengas contacto durante dos años, si tu madre muere van a ir a su entierro, son otra cosa, relaciones sólidas, de cariño, pero no lo que se entiende como amistad”.

    Claves para recuperar una amistad (o echarla a perder para siempre)

    Carlos R. recuperó el contacto con un amigo de la facultad al que hacía 20 años que no veía gracias a Facebook, como le ha ocurrido a mucha gente. “Por trabajo me trasladaban a India”, explica, “y la última noticia que tenía de Pedro era que se había casado con una hindú y que vivía en Nueva Delhi. Contacté con él por Facebook y nos hizo muchísima ilusión, estuvimos escribiéndonos hasta que fui allí. La verdad es que cuando nos encontramos me di cuenta de que era alguien a quien había tenido mucho cariño pero que habíamos evolucionado de forma muy distinta y al final me di cuenta de que hacía mejores migas con gente nueva que con él”.

    Nos gustan las mismas cosas y sabemos que siempre podremos contar el uno con el otroEse simple enfriamiento de la relación, al contrario de lo que pasa habitualmente con el amor, suele hacer más complicado que la amistad vuelva con el tiempo. Pero cuando ha habido una gran discusión, según el doctor Larrea, si uno es capaz de reconducirla y de perdonar, la amistad puede quedar intacta. “Las claves para recuperar una amistad que se ha roto porque pensamos que alguien no ha estado a la altura cuando le necesitábamos o nos ha ofendido de alguna forma, son claras: tienen que ver con la empatía y con valorar si realmente la ofensa es tan grande como para no volver a contar con esa persona en nuestra vida. A veces el problema está en las expectativas. De alguien poco práctico esperamos que solucione, por ejemplo, el papeleo cuando hemos perdido a alguien y si no lo hace o no se ofrece, nos parece que nos está fallando. Hay que saber con qué amigos se puede contar para qué. A lo mejor uno es muy bueno aportando apoyo emocional, otro tiende a huir de los problemas pero si le necesitamos para hacernos un favor es perfecto y otro es incapaz de demostrar su cariño pero a lo mejor es capaz de hacer 500 km para estar con nosotros en un momento delicado”.

    Diversas escuelas antropológicas han debatido sobre los complicados mecanismos de la amistad y su evolución. Los investigadores Tooby y Cosmides se interesaron en saber cómo se llega a lo que se llama el “amor compasivo”, el que define la verdadera amistad y en el que no hay un toma y daca, alguien hace un favor a otro sin buscar nada a cambio, por la satisfacción de hacer que la otra persona esté bien. Pero esto no ha sido siempre así y los etólogos afirman que desde las culturas arcaicas, las relaciones humanas eran claramente interesadas. Estos estudiosos definen el asunto como la Paradoja del Banquero.

    Como todos sabemos, especialmente en estos tiempos, los bancos sólo prestan dinero a aquellos que no lo necesitan y sin embargo se lo niegan a quien m´ss lo necesita. Esta es la lógica cruel que se aplica a la cooperación en términos arcaicos, se ayuda a quien menos lo necesita, a quien está en situación de devolver ese favor.

    Los pensamientos y estrategias que evolucionaron para provocar este tipo de amor compasivo, aquel que hace que estemos dispuestos a hacer favores gratis procede, según el estudio de Tooby y Cosmides, de estas conductas:

    1.- Aparecer como irreemplazable, una estrategia que explica por qué las personas buscan la reputación y el prestigio a fin de aparecer ante los demás como necesarios.

    2.- Asociarse con personas que se beneficien de cosas que nos benefician, este viaje en el mismo barco -la suposición de que se comparte un mismo destino- es lo que explica la duración de los matrimonios o las parejas a largo plazo una vez se han amortizado los placeres del sexo y el amor romántico.

    3.- Poseer habilidades que beneficien a otros al tiempo que nos benefician a nosotros, como por ejemplo ser un buen recolector y conocedor de plantas medicinales pudo ser en tiempos arcaicos un buen seguro de vida.

    Pero en la amistad y el amor compasivo existe un bucle que explica el mantenimiento de la misma a pesar del tiempo. Se trata de que una vez que nos hemos convertido en valiosos para alguien, esa persona pasa a ser valiosa para nosotros, la valoramos porque sabemos que podría echarnos una mano y sabemos que lo haría porque nos valora y nos quiere y ese sentimiento que le suponemos vuelve a rebotar en nosotros acrecentando nuestro cariño por ella. Este proceso es lo que llamamos amistad y podría resumirse así: “Nos gustan las mismas cosas y sabemos que siempre podremos contar el uno con el otro”.

    Amistades llevadas al extremo

    Una de las razones por las que se rompen muchas amistades es porque no se practica ese amor compasivo y se sigue pensando en esos términos de que hacer un favor exige una contraprestación. Y viceversa, hay personas que terminan agotando a sus colegas más queridos porque se pasan el día exigiendo sin dar nada a cambio ni las gracias.

    La buena amistad soporta la infrecuentaciónMarta R. explica que dejó de ver a su amiga de la infancia por esa razón, cuando se dio cuenta de que se había convertido en un banco de favores eterno. “Desde siempre Belén había sido la típica amiga absorbente, que de una manera sutil te hace sentir culpable, en deuda”, comenta, “yo no me di cuenta hasta que terminamos la facultad. La verdad es que éramos pin y pon, todo el día juntas, incluso estudiamos la misma carrera, inseparables. Pero ella, con la disculpa de una cierta fragilidad y de una tendencia a la depresión, hacía que me sintiera en la obligación de ayudarla siempre. Desde hacerle un trabajo que no le salía porque el chico que le gustaba no le correspondía y no podía concentrarse, hasta que a lo mejor me llamara a las 6 de la mañana borracha, diciendo que no sabía cómo volver a casa. Me daba unos sustos terribles. Pero yo siempre estaba allí porque además nos llevábamos muy bien. Hasta que un día dejé sin querer el teléfono en silencio y me llamó para que fuera a recogerla, cosa que hacía como cada dos o tres meses, ya era casi habitual, y claro, no lo oí. Al día siguiente vi que tenía 30 llamadas y la última era un mensaje, ya serena, por la mañana, diciendo que era una mala amiga y que no quería volver a verme. Eso fue la gota que colmó el vaso. Me di cuenta de su egoísmo y de que realmente yo había hecho todo eso sin esperar nada a cambio, porque era mi amiga, pero jamás me había apoyado si yo estaba mal. Desde entonces no nos hemos visto. Fue una liberación total, en el fondo me sentí como alguien maltratado que por fin se libra de su maltratador”.

    Ya lo decía Borges y todos los sabemos, la amistad tiene muchos patrones parecidos a la relación amorosa. Pero con una ventaja esencial, que si se rompe hace que el vínculo también lo haga. Su frase era: “La buena amistad soporta la infrecuentación”. Sí, esa puede ser la diferencia. Con un amigo de verdad, el “decíamos ayer” funciona. Con un amor, si el contacto se rompe, se rompe la relación. Otra cosa es que se convierta en la mejor amistad, pero eso es ya otro artículo.
    Alma, Corazón, Vida
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