Es noticia
Menú
Cómo los americanos sobreestimulan a sus hijos (y los españoles les dan paseos)
  1. Alma, Corazón, Vida
ASÍ SE EDUCA EN DISTINTOS PAÍSES

Cómo los americanos sobreestimulan a sus hijos (y los españoles les dan paseos)

Por mucho que creamos estar informados sobre la paternidad, la manera en que criamos a nuestros retoños tiene mucho de atávico. A nadie le sorprende que

Foto: Cómo los americanos sobreestimulan a sus hijos (y los españoles les dan paseos)
Cómo los americanos sobreestimulan a sus hijos (y los españoles les dan paseos)

Por mucho que creamos estar informados sobre la paternidad, la manera en que criamos a nuestros retoños tiene mucho de atávico. A nadie le sorprende que la crianza varíe en cada cultura, pero resulta cuanto menos curioso hasta qué punto difiere en países que, en términos sociales y económicos, son muy parecidos.

Pese a que los contenidos académicos sean, en términos generales, los mismos en cada país, los padres afrontan la paternidad con ideas muy distintas. Sara Harkness, profesora de desarrollo humano de la Universidad de Connecticut, lleva décadas recopilando información sobre la manera en que los padres de distintas culturas abordan la paternidad, y las cuestiones en las que se encuentran mayores diferencias. Harkness ha llegado a la conclusión de que la única característica compartida en todas las culturas es la necesidad de los padres de buscar lo mejor para sus hijos, pero los caminos para lograrlo son muy distintos.

Toda sociedad tiene unas creencias sobre la manera correcta de educar a los hijos que configuran lo que Harkness llama etnoteorías parentales. Este conjunto de creencias, que se trasmiten de padres a hijos, son mucho más poderosas de lo que pensamos. Por mucho que nos creamos originales, estamos educando a nuestros hijos siguiendo una convicción social.

Qué pensamos de nuestros hijos

Para observar las diferencias regionales en el cuidado de los niños basta preguntar a padres de distintos países sobre la manera en que ven a sus hijos y las actividades que realizan con ellos. A lo largo de sus investigaciones, Harkness ha llegado a las siguientes conclusiones sobre los padres de distintas regiones, incluida España. Valgan cuatro países occidentales como muestra de las diferencias.

Estados Unidos

Los padres estadounidenses hablan de sus hijos siempre como inteligentes e incluso “cognitivamente avanzados” (sic). Algunos los clasifican como “rebeldes”, una característica que se ve como positiva en la niñez. Como los padres americanos creen que la inteligencia es el atributo más importante, su educación se basa en buscar actividades que estimulen a los niños, tratando de que cada momento sea un reto educativo, algo que tiene pros y contras, en la medida en que el overparenting, la sobreprotección parental, puede ser perjudicial para el desarrollo emocional e intelectual del niño.

Italia

Los italianos nunca definen a sus hijos como inteligentes. Al igual que los americanos, ven cómo sus hijos hacen muchas preguntas, pero les definen como simpáticos. No entran a valorar si son más o menos listos, simplemente piensan si son lo suficientemente sociables. En Italia son los padres, no las madres, las que juegan con sus hijos.

Holanda

En Holanda que un niño haga muchas preguntas es un atributo negativo: significa que el niño es demasiado dependiente. Para ellos es más satisfactorio que el niño esté tranquilo y sea regular en sus rutinas de descanso.

España

En nuestro país las palabras que preferimos para referirnos a nuestros hijos son carácter y sociabilidad. Y la actividad que más nos gusta hacer es pasear con nuestros hijos, una costumbre que consideramos más estimulante que cualquier otra cosa. La educación que preferimos para nuestros hijos es, en cierta medida, más social: paseamos con nuestros hijos con la idea, también, de que se relaciones con otros niños y vecinos. 

Por mucho que creamos estar informados sobre la paternidad, la manera en que criamos a nuestros retoños tiene mucho de atávico. A nadie le sorprende que la crianza varíe en cada cultura, pero resulta cuanto menos curioso hasta qué punto difiere en países que, en términos sociales y económicos, son muy parecidos.