LAS LEYENDAS URBANAS DE LA NUTRICIÓN

“Los mitos de la comida nos llegan de EEUU y Reino Unido, donde se come fatal”

¿Por qué surgen los mitos? ¿A qué responden? ¿Quién los crea? Son preguntas que el periodista Antonio Ortí (Valencia, 1962) se ha planteado durante toda su carrera. En 2000 escribió

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“Los mitos de la comida nos llegan de EEUU y Reino Unido, donde se come fatal”
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    ¿Por qué surgen los mitos? ¿A qué responden? ¿Quién los crea? Son preguntas que el periodista Antonio Ortí (Valencia, 1962) se ha planteado durante toda su carrera. En 2000 escribió junto a Josep Sampere el libro Leyendas urbanas en España (Martínez Roca), todo un éxito editorial que dio a conocer en nuestro país el fenómeno de los mitos contemporáneos, y se convirtió en el libro de referencia sobre el asunto. Ortí, además de interesarse por el folclore contemporáneo –expresado en todo su esplendor por las leyendas urbanas–, tiene una dilatada experiencia como redactor en secciones de ciencia y salud. De la mezcla de ambas pasiones ha surgido su nuevo libro: Comer o no comer. Falsedades y mitos de la alimentación (Planeta), que ha escrito en colaboración con las nutricionistas Ana Palencia y Raquel Bernacer.

    Según explica Ortí a El Confidencial, “aunque hay mitos en todas partes, y de todos los sentidos”, la propagación de estos es especialmente pronunciada en el ámbito de la nutrición, por dos razones. En primer lugar, cuenta el periodista, se ha perdido el contacto con la naturaleza: “Antes todo el mundo sabía de dónde provenían los alimentos. Sabíamos quién cultivaba cada cosa, cómo la recogía y dónde se vendía. Veíamos todo el proceso y lo teníamos claro. Ahora no se sabe de dónde vienen los alimentos, y es normal que surjan muchas preguntas”. En segundo lugar, ha habido un cambio en nuestros intereses vitales: “Hace unos años creíamos en el más allá y ahora parece que creemos en el más acá. Estamos constantemente buscando la inmortalidad, y necesitamos alimentos que nos ayuden en ese sentido”. 

    Alimentando la confusión

    Para Ortí (en la foto) resulta evidente que la trasmisión de los mitos de la alimentación funciona de la misma manera que las leyendas urbanas: “Siempre estamos dispuestos a escuchar algo extraordinario que nos alegre el día. Por eso tienen tanto éxito los mitos. Son cosas que no conoce cualquiera y te dejan como un líder de opinión. La gente empieza a hablar sobre este ‘secreto’, para ganar notoriedad, y se trasmite con rapidez”.

    Haciendo uso del argot bélico, el periodista asegura que los mitos funcionan como maniobras de distracción: “La gente se piensa que dando pábulo a este tipo de cosas está a la última, pero la realidad es que sabemos muy poco sobre nutrición, sólo el 17% de la población sabe que el pan aporta hidratos de carbono”.

    En opinión de Ortí, existen muchos bulos –engaños masivos que se trasmiten por la red “como las falsas cadenas solidarias”–, que se unen a una enorme desinformación, y a muchas medias verdades, alimentadas por supuestos especialistas y medios de comunicación. Internet no sólo ha permitido la propagación de técnicas para adelgazar y mitos alimenticios totalmente falsos (que Ortí se ha propuesto reunir, más allá del libro, en un observatorio permanente), además ha propiciado el uso de determinados conceptos que no hacen más que confundir a la población.

    Rastreando el origen de las leyendas

    Los consejos milagrosos sobre alimentación, tan populares hoy en día, se suelen basar en conceptos reales, pero son siempre limitados en su mensaje. Además, según explica el periodista, tienen un origen claro: “En general estos mensajes nos llegan de países en los que se come muy mal, como EEUU y Reino Unido”.

    Detrás de una expresión como superalimentos se esconde una fantasía anglosajona de dudosa utilidad“Los anglosajones, que son muy hábiles, y tienen un concepto de marketing más potente, dicen que, sin cambiar el estilo de vida, puedes tomar un alimento que mejore por completo tu salud”, asegura Ortí. “Pero la realidad es que, ni todo lo que te pasa es culpa de un alimento, ni todo lo vas a solucionar por tomar uno de ellos. Detrás de una expresión como superalimentos se esconde una fantasía anglosajona de dudosa utilidad. Los anglosajones dicen que con un superalimento puedes conseguir supersalud, pero, tal como explica Ortí, no están capacitados para dar lecciones”.

    El problema, asegura, reside precisamente en que estamos empezando a alimentarnos como en EEUU. “Sólo el 15% de los españoles seguimos la dieta mediterránea”, cuenta Ortí, y eso sí debería preocuparnos: “Al final la dieta mediterránea se está yendo al norte, donde tienen más dinero, y nosotros estamos heredando sus costumbres, tomando alimentos con muchas calorías que se preparan en un santiamén, carnes rojas, embutidos…”

    La mano invisible de la industria alimentaria (y los ecologistas)

    Según Ortí, detrás de la propagación de un mito, hay un interés, ya sea de tipo ideológico o económico. En muchas ocasiones es la propia industria alimentaria, tan contraria a la difusión de mitos cuando van en contra de sus intereses, la que fomenta la aparición y desarrollo de aquellos que sí le interesan. Ortí tiene muy claro el mecanismo por el que se hacen numerosas investigaciones sobre nutrición en España: “Eres una multinacional, vas a la universidad y coges a un tío que investigue para encontrar un elemento saludable, de cualquier alimento, que pueda marcar la diferencia. Dicen que la ciencia es neutra, pero en realidad es de quien pone el dinero. Hay estudios que buscan más deslumbrar que alumbrar”.

    Para el periodista está claro que la industria alimentaria convencional presiona en un sentido, pero también hay mitos generados por los defensores de la “alimentación natural”, que para Ortí pueden ser igual de equivocados. “Detrás de muchos de los mitos”, cuenta Ortí, “hay posturas ideológicas perfectamente legítimas, que se sacan de quicio. Hay muchas personas en contra del maltrato animal, incluido yo, pero de ahí a decir que, de forma natural, la leche causa algún peligro…”.

    Dicen que la ciencia es neutra, pero en realidad es de quien pone el dineroLos mitos alimenticios que rodean al consumo de la leche son para Ortí el mejor ejemplo de cómo los intereses de la industria, los condicionamientos ideológicos, y el folclore intrínseco a todo mito, hacen que la mayo parte de la población empiece a dudar de las bondades de un alimento que, hasta hace muy poco, era obligatorio en todas las neveras de España.

    Lo cierto es que en Europa hace 8.000 años que bebemos leche. Se empezó a consumir en centroeuropa para combatir el raquitismo, y se extendió por todo el continente convirtiéndose en un alimento esencial en la dieta. Pero, tal como explica Ortí, de un tiempo a esta parte, la leche se ha satanizado, y se han difundido ciertas afirmaciones que, pese a parecer lógicas, no tienen nada de real: “Hay personas que dicen que la leche está hecha para los terneros, y no está pensada para el consumo humano. La verdad es que muchos alimentos no fueron concebidos como tal. Tampoco los muslos de la gacela están hechos para acabar en la boca del león, ni las aceitunas para acabar siendo aceite. Otra idea que se repite mucho es que ningún animal bebe leche de otra especie. Cierto, somos los únicos que podemos ordeñar a una vaca, pero si le das leche a un gato verás cómo no le hace ascos. También somos los únicos que tomamos fabes con almejas, y eso no quiere decir que sean malas”.

    Un alegato contra las dietas milagro

    Los mitos no son sólo fomentados por la industria alimentaria o los defensores de la alimentación ecológica. Quizás los mitos más perniciosos de la alimentación son aquellos generados por las dietas milagro. Ortí es tremendamente crítico con los creadores de este tipo de planes de adelgazamiento. En su opinión, personajes como Venice A.Fulton –
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