Los diez mejores currículos (o, al menos, los más divertidos)
  1. Alma, Corazón, Vida
¿ES ÚTIL BUSCAR TRABAJO DE ESTA MANERA?

Los diez mejores currículos (o, al menos, los más divertidos)

Cuando la competitividad es alta, más vale aguzar el ingenio si queremos distinguirnos de esos millones de personas que se encuentran en la misma situación que

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Los diez mejores currículos (o, al menos, los más divertidos)

Cuando la competitividad es alta, más vale aguzar el ingenio si queremos distinguirnos de esos millones de personas que se encuentran en la misma situación que la nuestra y que, en muchos casos, tienen una trayectoria al menos tan brillante como la nuestra. Eso es lo que parecen haber pensado los autores de los currículos que presentamos a continuación, que por unas razones o por otras, han llamado la atención de un puñado de encargados de recursos humanos y unos cuantos miles de internautas. Claro está que no todos ellos resultarían apropiados en cualquier situación. Si el trabajo al que uno aspira es creativo, más te vale que esa creatividad se refleje en tu currículo. Pero si el empleo requiere cierta seriedad, es probable que hacerte el listo, por bonito que quede, no sea lo mejor.

Lo que los siguientes currículos tienen en común es su brutal difusión, generalmente por la red. Unos por su brillantez, otros por haberse convertido en fenómenos virales gracias a su simpatía. Hace apenas un par de meses conocíamos el que había salido calificado por un gran número de seleccionadores de empleo de Wall Street como “la mejor carta de presentación de la historia”. La polémica estaba servida: unos aplaudieron la sinceridad de la carta, otros la consideraron un fenómeno excesivamente hinchado en el que, en el fondo, lo llamativo no hacía más que ocultar la ineptitud. Sea como fuere, hay un gran número de auto presentaciones que han pasado a la historia. ¿Cuáles son?

  • La creativa. Kate Nadolski ha conseguido que se hable de ella en todo el mundo gracias a su breve currículum, en el que empleaba diferentes herramientas de escritura para representar los pasos que había dado a lo largo de su vida, de las ceras de la educación infantil al ratón informático de su edad adulta. ¿El problema? Que se trata de una publicista, así que quizá no sea conveniente seguir su ejemplo si queremos que nos empleen en un banco o en un hospital.
  • El brillante. Uno de los currículos más famosos de todo el planeta es el de Michael Anderson, que en su portfolio logró conjugar un aspecto visual irresistible con una correcta disposición de la información necesaria, todo ello aderezado por una pizca de sentido del humor. Al contrario que otros de los creativos buscadores de trabajo que circulan por la red, Anderson es capaz de compatibilizar lo eficiente con lo llamativo. ¿Quién da más?
  • El listo. Si buscas en Google “creativo”, “trabajador”, “talentoso”, “excelente”, “diseñador”, “único” y “autodidacta” (en inglés, claro está), probablemente sólo conseguirás encontrar noticias sobre Eric Gandhi. Pero, hace unos pocos años, introducir tales conceptos en el buscador te hacía llegar a la página personal de Gandhi, un experto en tecnología que, gracias a su habilidad en posicionamiento en la red consiguió que un empleado de Google se fijase en él y le recomendase para una entrevista de trabajo en la compañía.
  • El manejable. Las tarjetas de presentación eran, al menos en el pasado, una útil forma de entablar relaciones con la gente que nos interesaba. Aunque los teléfonos móviles parezcan haberlas hecho desaparecer para siempre, ¿por qué no llevar encima nuestro propio currículo en forma de desplegable, con el objetivo de dárselo a quien queramos sin necesidad de hacerle cargar de manera innecesaria con un montón de folios? Es lo que debió pensar Temipote Shoda cuando, tornillo y cartulinas mediante, elaboró este peculiar currículum
  • El directo. Cuando diseñamos nuestro currículum, tenemos dos cosas claras en mente. Una, que nuestro objetivo es conseguir trabajo. Otra, que tenemos que exponer nuestra formación y experiencia de la forma más sintética posible. De manera aún más llamativa que en el caso de aquel joven de Wall Street anteriormente citado, este currículo, si es que se le puede llamar así, lleva ambas cualidades al extremo.
  • El poeta. “He corrido con los toros y he bailado tango con la reina. Soy un príncipe sin princesa y un ángel disfrazado. Una vez resolví el significado de la vida pero se me olvidó apuntarlo. Pero aún no he trabajado contigo”. ¿Quién no querría contratar a alguien que se presentase así? Seguramente mucha gente, pero si necesitas un escritor creativo, quizá este sea tu hombre.
  • El moderno. Existe una regla sobre la elaboración de currículos que se conoce como la de los siete segundos, según la cual, los expertos de selección de personal no se demoran más de ese tiempo en cada candidato. Según esta norma psicológica, este ingenioso mecanismo pergeñado por Victor Petit no pasaría el corte, pero su extrema originalidad (una imagen QR complementa al texto escrito) quizá le haya dado más de una alegría a su autor.
  • El jeta. Generalmente, cuando uno indica en su currículum su experiencia laboral, debe ser capaz de demostrarla de una forma u otra. No poder dar cuentas suele señalar que quizá dicha información no sea verdad o que nuestra trayectoria en nuestra antigua empresa no terminó bien. Aunque uno también puede optar por echarle morro y señalar que toda prueba de nuestra pasada experiencia desapareció consumida en un incendio.
  • La atractiva. Folios, paredes, correos electrónicos, muros… Cualquier superficie parece ser buena para proyectar en ella nuestras habilidades y nuestra experiencia. También lo pueden ser las camisetas, como ha propuesto una empresa de camisetas al imprimir en su parte delantera la frase “deberías ofrecerme un trabajo, mira lo creativa que soy”, y en la trasera, el currículum en sí. Aunque reconozcamos que no a todo el mundo le sientan de la misma manera las prendas ajustadas.
  • El error afortunado. Uno de los grandes fenómenos virales de los últimos tiempos. Vanessa Hodja, una estudiante de veinte años de la Universidad de Toronto, adjuntó en lugar de su currículum una fotografía de Nicolas Cage en un correo electrónico solicitando trabajo. El error no fue intencionado –o al menos, eso afirma Hodja–, pero le llevó a ser entrevistada en medios como la CNN o el Washington Post, y consiguió mucha más repercusión que si hubiese adjuntado el texto correcto. Sin embargo, parece ser que no consiguió el trabajo que solicitaba.