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Así se define la verdadera riqueza (según un ex de Goldman Sachs)
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Así se define la verdadera riqueza (según un ex de Goldman Sachs)

¿Están haciendo los banqueros análisis de conciencia e intentando redimir sus errores del pasado? ¿O simplemente se trata de una limpieza de imagen que busca presentarse

Foto: Así se define la verdadera riqueza (según un ex de Goldman Sachs)
Así se define la verdadera riqueza (según un ex de Goldman Sachs)

¿Están haciendo los banqueros análisis de conciencia e intentando redimir sus errores del pasado? ¿O simplemente se trata de una limpieza de imagen que busca presentarse de manera más amables a los ojos de una sociedad que se siente perjudicada por sus acciones? Lo que es cierto es que cada vez aparecen más muestras procedentes del mundo de los negocios donde, frente a la vieja idea de “la codicia es buena” del Gordon Gekko de Wall Street, el mensaje más repetido es que lo material no garantiza la felicidad. Aunque, en ocasiones, ayude bastante.

El último de ellos es un artículo recogido en el Business Insider y publicado en primer lugar por un tal The Banker en el blog Bankers Anonymous, dedicado a trasladar la realidad del mundo de los negocios al gran público) y en el que señala que su principal preocupación es que “la brecha entre el mundo financiero tal como lo conozco y el discurso público sobre las finanzas es más que un problema para las familias que intentan equilibrar su talonario, una debilidad de nuestra sociedad civil”.

Muchos banqueros ahorran a regañadientes para poder marcharse cuanto antes de su trabajo“Cuando trabajaba en Goldman Sachs”, comienza el autor, “muchos de nosotros hablábamos de cuál era nuestra ‘cifra’”. Como explica más tarde, esa ‘cifra’ no era otra cosa que ‘el dinero que te jodan’, un concepto utilizado con frecuencia en Wall Street y que significa algo así como la cantidad de dinero necesaria para poder tirarlo todo por la borda y renunciar a la propia carrera sin tener que afrontar problemas económicos a lo largo del resto de la vida. Algo así como un fondo de jubilación que sirve de colchón de seguridad ante cualquier problema que el banquero pueda tener y que el autor, que abandonó Goldman Sachs en 2004, reconoce no haber conseguido.

Lo que este dinero representa es la tabla de salvación para unos trabajadores que, como afirma el autor, sacrifican años de su existencia en un empleo altamente lucrativo aunque infeliz con el objetivo de garantizarse un retiro dorado después de salir de su empresa dando un portazo. El banquero traza la línea divisoria después del 11 de Septiembre, cuando ya fue consciente de que no quería pasar más tiempo en un trabajo nada gratificante, y que el resto de su carrera profesional iba a ser una cuenta atrás hasta conseguir el dinero necesario para despedirse. Resulta curioso conocer este artículo precisamente en la misma semana en la que una carta de recomendación ha circulado por toda la red resaltando valores muy diferentes a los de la competitividad extrema, la ambición o la falta de escrúpulos.

Lo que realmente proporciona el bienestar

El autor del texto señala, a través de diferentes puntos, cómo debemos calcular realmente el dinero del que debemos disponer para retirarnos y que, en la mayor parte de casos, cuantificamos de forma errónea.

  • Un único número no es un indicador claro para la riqueza. El autor utiliza el ejemplo de Mike Tyson para hacernos reflexionar sobre el espejismo que es la cifra de nuestros ingresos de por sí ya que, aunque llegó a ganar treinta millones de dólares por combate y contar con una fortuna personal de 300 millones, terminó perdiéndolo todo en 2003, año en que se declaró en bancarrota. Por eso mismo, debemos reflexionar sobre nuestro tren de vida, que influye en un alto grado en nuestra auténtica riqueza. Como señala el texto a través de unos datos un tanto exagerados, “alguna gente puede ser rica habiendo conseguido acumular tres millones de dólares, mientras que otros pueden ganar 300 millones y aun así estar en la bancarrota”.
  • Podemos aprender de las finanzas de los personajes de Jane Austen. Y también del menos célebre autor de las Crónicas de Barsetshire, Anthony Trollope. El autor del artículo indica que la forma de valorar sus propiedades y los ingresos pasivos era muy diferente en el siglo XIX a como se hace ahora, y probablemente, más adecuada. El banquero señala que, en las cabezas de los propietarios de aquella época, el valor de sus posesiones no se medía por el valor de las tierras en sí, debido a que estas no solían ser vendidas salvo en caso de ruina (quedarse sin territorios era una manera de reconocer el fracaso económico), sino por los ingresos que estas generaban y que era el método de subsistencia de los protagonistas de estas novelas. Exactamente a lo que la gente que quiera retirarse debe aspirar. En el texto, el autor indica que la manera más sencilla de saber si somos ricos y si podemos retirarnos es simplemente substrayendo a la cantidad de ingresos que generamos al año la cantidad de dinero que gastamos anualmente. Si la diferencia indica que podemos retirarnos sin necesitar ingresos producto del trabajo diario, y a pesar de ello, seguir viviendo bien, somos ricos. En resumen, Michael anima a todos los jóvenes a hacer cuentas sin tener en cuenta el dinero que ganarían si venden sus inmuebles, puesto que se trata de “una práctica no sostenible”.
  • La esperanza de vida es un factor esencial. Aunque muchos no suelen considerar este un tema agradable para tener en cuenta en nuestros cálculos, anticipar cuánto vamos a vivir puede ser importante para no quedarnos con una mano delante y otra detrás a los ochenta años. Si te queda un año de vida y tienes dinero para cubrir tres, eres extremadamente rico, señala el texto. Si tienes treinta años y otros treinta cubiertos, seguramente te quedes sin nada a los sesenta. ¿La obvia conclusión? Que cuanto más tarde te retires, más fácil lo tendrás.
  • No hay por qué retirarse por completo. Para finalizar, el autor concluye que no es necesario dar carpetazo a tu carrera profesional, sino que este dinero ahorrado puede servir para simplemente abandonar un trabajo desagradable o poco satisfactorio y abordar otro en el que quizá nuestros ingresos sean mucho más bajos pero que nos haga sentir felices, útiles para la sociedad o moralmente gratificados. En definitiva, la auténtica felicidad se encuentra en hallar ese balance entre la estabilidad financiera y los deseos personales que nos permitirá vivir la vida que queremos vivir sin afrontar problemas materiales.

¿Están haciendo los banqueros análisis de conciencia e intentando redimir sus errores del pasado? ¿O simplemente se trata de una limpieza de imagen que busca presentarse de manera más amables a los ojos de una sociedad que se siente perjudicada por sus acciones? Lo que es cierto es que cada vez aparecen más muestras procedentes del mundo de los negocios donde, frente a la vieja idea de “la codicia es buena” del Gordon Gekko de Wall Street, el mensaje más repetido es que lo material no garantiza la felicidad. Aunque, en ocasiones, ayude bastante.