A FONDO: 'ESCUELAS DE NEGOCIO, ¿UN MODELO A IMITAR?'

“Las empresas españolas no quieren pagar por los mejores”

Esta semana el periódico Financial Times ha publicado su prestigioso ranking europeo de escuelas de negocios y, por primera vez, una institución española, IE Business School,

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“Las empresas españolas no quieren pagar por los mejores”
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    Esta semana el periódico Financial Times ha publicado su prestigioso ranking europeo de escuelas de negocios y, por primera vez, una institución española, IE Business School, ha alcanzado el primer puesto. Desbanca así al HEC de París, que había ocupado la primera posición los últimos seis años. Pero no es la única escuela de negocios española que sale bien parada. De hecho, nuestro país es el único de Europa que tiene tres centros en el top ten. Además del IE, encontramos en los primeros puestos a ESADE, que ha escalado de la séptima a la quinta posición; y el IESE que, pese a sus buenos resultados, ha bajado del cuarto al sexto puesto. EADA es la cuarta, y última, institución española que aparece en el ranking –que tiene ochenta puestos–, concretamente en la posición 23.

    El ranking del Financial Times levanta ampollas todos los años. Al fin y al cabo, el de las escuelas de negocios en un sector muy competitivo y dependiente de este tipo de iniciativas, y se trata del listado más reconocido. Nunca ha estado exento de polémica, pero este año se ha evidenciado la diferencia de criterios entre las escuelas españolas. El IESE se ha mostrado molesto con el Financial Times porque considera que el periódico no ha sido justo con la escuela –pese a obtener la sexta posición–, al darle puntuación cero en el baremo de un tipo de programas que ésta no oferta.

    El ranking del FT mide la puntuación de cada escuela en cinco aspectos: MBA, Executive MBA, másteres en management, Executive Educaction y el claustro. El IESE no ofrece másteres en management, por lo que no puntúa en esa categoría –al igual, no obstante, que la London Business School y el Insead–, algo que, desde la dirección del centro, consideran injusto. Es precisamente la puntuación en esta categoría la que ha permitido a ESADE superar a la escuela de la Universidad de Navarra en el ranking, ya que participaba por primer año gracias a su programa conjunto con la Universidad de Georgetown que, aunque llevaba ofertándose varios años, entraba en el listado por primera vez. Algo que, además, ha señalado positivamente el periódico en su análisis del listado.

    Sus logros no dejan de ser sorprendentes, teniendo en cuenta la situación económica por la que está atravesando nuestro paísPero, pese a las polémicas, lo cierto es que el ranking sigue resaltando la fortaleza de las escuelas de negocios españolas. Esto no es ninguna novedad –las tres grandes escuelas españolas llevan muchos años ocupando altas posiciones en este tipo de listados–, pero sus logros no dejan de ser sorprendentes, teniendo en cuenta la situación económica por la que está atravesando nuestro país, que sí se ha dejado notar en el resto de áreas de la educación.

    No cabe duda de que las grandes escuelas de negocios han cambiado por completo el panorama de la educación superior, pero su modelo educativo plantea numerosos interrogantes. Se trata de una educación de élite, en todos los sentidos, costosa y con un claro enfoque global. Esto ha reforzado su calidad. No cabe duda de que los centros más prestigiosos tienen a los mejores estudiantes y a los mejores profesores. Pero el talento de estos no revierte necesariamente en el país de origen de cada escuela. El talento va donde sepan pagarle mejor. Y la mayoría de empresas españolas no pueden pagar sueldos tan altos. Tampoco todos los posibles estudiantes pueden permitirse costear unos másteres tan caros. Existe el peligro de que las escuelas de negocio se conviertan en un filtro por el que es necesario pasar para alcanzar puestos de poder en el ámbito empresarial. Y solo puedan atravesarlo los estudiantes con buenos contactos y mucho dinero.

    Un enfoque internacional

    Para el decano del IE Business School, Santiago Iñiguez de Onzoño, gran parte del éxito de las escuelas de negocios españolas reside en su orientación internacional. En lo que respecta en concreto a su escuela, el 66% del alumnado viene de países no comunitarios, y el 56% del profesorado es extranjero. Las cifras son similares a las de sus rivales más directos, IESE y ESADE.

    Es precisamente esta competencia por atraer el talento extranjero la que, en opinión del decano del IE, hace que las tres grandes escuelas españolas estén tan bien situadas en los rankings: “Las escuelas de negocios compiten entre ellas, algo que no se da en el resto del sector educativo español. Tenemos una marcada orientación hacia el mercado”. Algo que, según Iñiguez de Onzoño, no sólo es importante de cara a cuestiones educativas, sino también económicas: “No hay que olvidar que, pese a que la situación actual es dura, las escuelas de negocios han asegurado la internacionalización de las multinacionales españolas. En el sector financiero tenemos dos bancos, Santander y BBVA, que son líderes en su categoría. También tenemos empresas líderes en construcción y distribución. La calidad de la dirección empresarial en España es evidente. Y esto anticipa un cambio de tendencia”.

    Por desgracia, el optimismo del decano del IE sobre la economía española no se refleja en el alumnado de las escuelas de negocios. Lo cierto es que, según los datos que ofrece el Financial Times, el 76% de los estudiantes de escuelas de negocios europeas son “pesimistas” respecto a la economía española. Quizás por ello, tras finalizar los estudios, muy pocos deciden quedarse en nuestro país.

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    En España se estudia, pero no se trabaja

    En 2008, un tercio de todos los graduados en el MBA de ESADE encontraban un trabajo en España tras graduarse. La cifra ya era baja, pero ahora lo es más: el año pasado sólo un 17% del alumnado se quedó a trabajar en nuestro país. Para Nuria Guilera, directora asociada de la escuela catalana, es evidente que se está dando una fuga de cerebros en el ámbito de la educación empresarial de élite que, en su opinión, es cada vez más grave. “Muchas personas que estudian nuestros programas querrían quedarse en Barcelona a trabajar, pero no encuentran oportunidades de trabajo. Montar aquí empresas es muy difícil, hay muchas trabas, y los que quieren un trabajo de su nivel no lo encuentran, principalmente por los salarios”.

    Al fin y al cabo, la decisión de estudiar un MBA no se toma a la ligera. Se trata de una inversión en toda regla. Y se espera un retorno de ésta. Guilera reconoce que un alumno que ha invertido 59.700 euros para cursar un MBA a tiempo completo en su escuela, va a buscar puestos con salarios muy altos, acordes a su formación. “El salario medio que gana un estudiante de MBA al salir de nuestra escuela está en torno a los 70.000 euros”, explica la directiva de ESADE, “y esto en España no se puede conseguir. Está claro que existe una fuga de cerebros. Los salarios de España están muy por debajo de la media. Las empresas no tienen la mentalidad de invertir en talento. No quieren pagar por los mejores”.

    Iñiguez de Onzoño es menos crítico y le resta importancia a esta aparente fuga de cerebros: “Hay que analizar estas cifras sin dramatismo. La movilidad es algo natural en una economía donde el capital y el conocimiento fluyen de manera global. No hay que observarlo como un drenaje de los recursos y el talento de un país”.

    Pero aunque el decano del IE insiste en que se trata de un “fenómeno natural”, reconoce que nuestro país, al igual que hace el resto, debería trabajar en la captación de talento extranjero: “Habría que intentar capitalizar en el medio y largo plazo la creación de valor en nuestro país y esto pasa por fomentar el espíritu emprendedor. Para ello sería bueno cambiar una serie de elementos, facilitando, por ejemplo, la obtención del visado a los extranjeros no comunitarios que vayan a montar una empresa en nuestro país y removiendo las barreras administrativas. En definitiva, hay que favorecer la creación de un tejido que garantice que el talento español se quede y venga talento de fuera, que atraiga el capital de otros países”. Unas medidas liberales que, según el decano, se resisten a adoptar los distintos agentes sociales, “porque creen que es malo para los trabajadores nacionales”. Algo que, afirma, “no es cierto”.

    Hay que apuntar, no obstante, que cada escuela tiene sus particularidades. Franz Heukamp, profesor de Análisis de Decisiones y secretario general del IESE, ha explicado a El Confidencial que las cifras de su escuela no han variado significativamente desde hace muchos años. El 80% del alumnado es extranjero y el 20% español. Y al contrario que en otros centros, el porcentaje de alumnos que empiezan a trabajar tras los MBA en España es bastante alto, un 30%. Algo que Heukamp valora positivamente, pues hay extranjeros que deciden quedarse. En definitiva, el profesor segura que no han notado “para nada” una fuga de cerebros.

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    ¿Educación superior sólo para adinerados?

    Con la que está cayendo, lograr cursar un MBA en una escuela de negocios prestigiosa es una de las pocas garantías que un joven egresado tiene para encontrar un trabajo, pues contar en el currículo con un grado o licenciatura universitaria ya no asegura nada. Un millón de licenciados españoles está en paro, unas cifras que contrastan con la alta empleabilidad de los alumnos que logran estudiar en una escuela de negocios prestigiosa. El 88% de los estudiantes que han finalizado un MBA en uno de los 80 centros que aparecen en el ranking del Financial Times encontraron trabajo en menos de tres meses tras su graduación. Se trata de un porcentaje que, hoy en día, vale más que nunca, y que ha hecho que, pese a lo costosos que son estos programas, su demanda no se haya resentido con la crisis.

    No obstante, para poder acceder a un MBA hay que tener una experiencia laboral previa que, en las escuelas más prestigiosas, debe ser de al menos dos años completos, aunque la media de los admitidos está en torno a cuatro. Quizás por esto los programas cuya demanda ha crecido en mayor medida son los destinados a egresados universitarios sin experiencia previa, los másteres en management, cuya oferta no ha dejado de aumentar. Para muchos jóvenes que han estudiado económicas, empresariales o alguna ingeniería, la preocupación ya no es escalar profesionalmente, sino encontrar un trabajo, algo que hasta hace poco estaba asegurado tras salir de una carrera de este tipo.

    Para Heupkamp el mensaje es claro: “La persona que está haciendo una carrera, debe hacerla bien, pero buscar trabajo cuanto antes, para tener experiencias adicionales que incluir en el currículo. En los MBA solo hay sitio para este tipo de personas. Es un máster muy competitivo y hay que tener un perfil muy bueno para poder entrar”. El MBA a tiempo completo de IESE –de dos años de duración– cuesta, en total, 73.200 euros, pero Heukamp asegura, que esto no es un impedimento: “Un MBA cuesta mucho porque se ofrecen muchos recursos, pero lo puede hacer cualquiera, siempre que sea admitido”. En su opinión, la financiación, no suele ser un problema para los estudiantes de MBA, pues hay muchas facilidades en ese sentido. Una idea que comparte el decano del IE: “No conozco a ningún candidato que se haya apuntado al IE y haya dejado de hacer un programa por falta de dinero. Tenemos un plan de becas de casi cinco millones de euros y un programa de créditos al estudio, que permite a los estudiantes financiarse con los ingresos recibidos tras graduarse”.

    Para Kaufman, un MBA solo sirve para entrar en procesos de selección a los que es imposible acceder de otra formaGuilera cree que tener un MBA no garantiza por sí mismo que se vaya a tener trabajo pero, dado lo exigente que son los procesos de selección, solo las personas más talentosas, más trabajadoras y más flexibles logran cursarlo. Y es esto lo que les permite encontrar trabajo con más facilidad: “Muchas de estas personas tienen previsto el MBA en su plan de carrera y han ido ahorrando para hacerlo, trabajan mucho y quizás han pedido un préstamo, pero el dinero no suele ser un problema”. Pero, si un MBA no garantiza el poder encontrar un buen trabajo, ¿merece la pena invertir tanto dinero en cursarlo? Hay algunos pensadores, como el profesor de negocios Josh Kaufman, que aseguran que la verdadera razón de ser de las escuelas de negocio no reside en impartir unos conocimientos de calidad, sino dar contactos y prestigio. Se crea así un círculo vicioso en el que es difícil separar el grano de la paja. Si puedes pagar para acceder a un MBA es porque tienes dinero y contactos, y le vendrás bien a la empresa que quiera contratarte. Pero si ésta descubre que, realmente, no tienes grandes habilidades, acabará desechándote. Para Kaufman, que expuso sus teorías en el superventas The Personal MBA (Portfolio), un título de este tipo sólo sirve para poder entrar en procesos de selección a los que es imposible acceder de otra forma: "Lo que haces con él es comprar una entrevista de trabajo por 150.000 dólares”.

    El alto coste de estos programas es un tema que ha sido muy criticado desde otros ámbitos académicos, donde se insiste en que, por muchas facilidades que se den en la financiación, las escuelas de negocios de élite son un recurso al que sólo pueden acudir en igualdad de condiciones los estudiantes adinerados, cuyas familias pertenecen a la élite política y empresarial de sus países de origen.

    Para Carlos Fernández, profesor de sociología de la Universidad Autónoma, por mucho que existan facilidades de financiación, con créditos a muy bajo interés, y se pueda devolver el dinero tras finalizar el máster, unas tarifas tan altas son garantía de desigualdad. En su opinión, los alumnos con pocos recursos económicos contraen una deuda que supone un lastre para el desarrollo de su carrera profesional, algo que no supondría un problema si todos sus compañeros estuvieran en igual de condiciones. Pero no es así.

    Según Fernández este endeudamiento no es un asunto baladí, y constituye un riesgo importante que el alumno con menos recursos tiene que asumir, ya que va a condicionar mucho las primeras etapas de su vida profesional, en las que, además, va a tener dificultades añadidas: “Normalmente los endeudados son personas de clase media con menos contactos en el mundo empresarial que las élites. De este modo, es factible pensar que no todos van a estudiar en igualdad de condiciones, pues algunos estarán endeudados y otros no. Y no es lo mismo, como no es lo mismo tener una hipoteca en este momento y no tenerla, sobre todo con la que está cayendo”.

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    Las escuelas de negocio, ¿un modelo a imitar?

    En su libro, The Learning Curve (IE / Palgrave), Iñiguez de Onzoño desarrolla la idea de que las escuelas de negocios han reinventado la educación, creando un modelo de excelencia que podría ser emulado por el resto de instituciones académicas. El futuro de la educación pasaría, según el decano del IE y muchos otros académicos, por extender a otras áreas de la enseñanza las orientaciones, la metodología y los contenidos que las escuelas de negocio ya están utilizando.

    Desde luego, parece que los rankings dan la razón a esta corriente de opinión. Mientras nuestras escuelas de negocios ocupan los primeros puestos de Europa, nuestras universidades no dejan de bajar posiciones. Y no parece que la cosa vaya a mejor.

    Los distintos responsables del IE, ESADE e IESE, insisten, no obstante, en que hay que evitar las generalizaciones. Los rankings de centros universitarios miden conjuntamente todas las facultades y escuelas, por lo que no permiten diferenciar los centros en los que España sí está a la cabeza –es el caso de muchas facultades de medicina, ingenierías y arquitectura–. Además, su metodología, según explica el secretario general del IESE, no está tan desarrollada y no se adapta a la realidad de las universidades europeas, pues está pensada para las universidades estadounidenses, que son muy distintas. Todo esto sin que paremos a valorar el hecho de que España tiene solo cuatro escuelas de negocios en el ranking, pero hay muchas más que no aparecen en el listado. Escuelas que, como apunta Fernández, “nadie pone como ejemplo”. Francia y Reino Unido tienen más de una decena.

    Pero, al margen de estas matizaciones, la realidad es que las universidades españolas están muy lejos de la excelencia de la mayoría de sus homólogas europeas. ¿Qué están haciendo bien nuestras escuelas de negocios que no han logrado hacer nuestras universidades? Para el decano de IE la mejora de nuestras universidades pasa por fomentar su autonomía, económica y financiera, para que haya competencia entre centros. En su opinión, “el café para todos no vale y es necesario promover la diferenciación”. Una idea que comparte Heukamp, que asegura que las universidades deben apostar decididamente por la excelencia.

    El mundo académico no suele fijarse en lo que necesita el mundo profesionalPara Guilera es evidente que “el mundo académico no suele fijarse en lo que necesita el mundo profesional, y es algo que ocurre en cualquier tipo de carrera”. Esto hace, según explica la directora asociada de ESADE, que las universidades evolucionen muy lentamente, algo que no ocurre en las escuelas de negocios: “Nos hemos tenido que adaptar a lo que necesitaban las empresas y el mercado. Nos estamos moviendo constantemente y hay mucha innovación. En este mundo todo consiste en renovarse o morir. Las universidades públicas no tienen esta necesidad, y están siendo muy lentas”.

    Fernández cree que las universidades, en efecto, están siendo muy lentas, por falta de financiación, pero no son ajenas al modelo de las escuelas de negocios que, de hecho, se ha empezado a implantar con el Plan Bolonia en el mundo universitario. “Lo que sucede”, según cuenta el profesor de la UAM, “es que al hacerlo a coste cero y no tener apenas medios económicos, en comparación con las grandes escuelas, no luce tanto. Hay por supuesto diferencias entre los grados, y quizá en las carreras de empresariales este cambio de orientación se note más que en las humanidades. Las consecuencias serán probablemente el declive de la crítica social en los programas”. Para Fernández no cabe duda de que estamos volviendo a un modelo en que hay una educación para ricos y otra para pobres: “Ya estamos en ese mundo una vez que el significante ‘crisis’ ha justificado la eliminación de becas y una tendencia a aumentar el precio de las tasas, que ha llevado este curso a la cancelación de numerosas matrículas por parte de los estudiantes. Vamos claramente camino hacia una mayor desigualdad”.

    A la vista queda que las tensiones entre excelencia e igualdad están lejos de solucionarse. Pero, ¿existe, realmente, una síntesis de ambas? No está claro, pero lo que es seguro es que el futuro de la educación pasa por encontrar un camino que tenga en cuenta estas dos variables. 

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