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CÓMO APUNTALAR LA MONOGAMIA

El antídoto de la infidelidad

De un tiempo a esta parte, la oxitocina, una hormona cuya actividad se relaciona con el amor, el sexo, el contacto y la partenidad, ha sido

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    De un tiempo a esta parte, la oxitocina, una hormona cuya actividad se relaciona con el amor, el sexo, el contacto y la partenidad, ha sido objeto de numerosos estudios científicos. Por primera vez, un equipo de investigadores ha constatado que puede jugar un papel importante en la vida de pareja, en la medida en que fuerza a las partes a mantenerse alejados de posibles amantes. ¿Es la oxitocina un mecanismo biológico para fomentar la monogamia?

    Es lo que han tratado de averiguar un grupo de científicos de la Universidad de Bonn (Alemania) liderado por Rene Hurlemann, que ha publicado las conclusiones de una serie de experimentos en el último número del Journal of Neuroscience. Para comprobar los efectos de la oxitocina respecto a la fidelidad, Hurlemann y su equipo reunieron a 57 hombres heterosexuales, la mitad de los cuales tenían parejas monógamas estables, y les aplicaron de forma aleatoria unas inhalaciones de oxitocina a través de un spray nasal o un placebo.

    Tras inhalar la oxitocina (o el placebo), los hombres se colocaron siguiendo una línea recta y pasó ante ellos una atractiva científica, a la que no habían visto con anterioridad. Entonces se pidió a los participantes que indicaran que distancia respecto a ella estaban dispuestos a tolerar. La científica se iba acercando a los hombres uno a uno, y cuando estos pensaban que había alcanzado la distancia social “ideal”, tenían que decir “stop”.

    Tras esto se repitió el experimento al revés. La científica se colocaba en la línea y los hombres se iban acercando uno a uno, parando en la distancia que consideraban adecuada.

    La oxitocina nos aleja de otras mujeres

    Cómo esperaban los científicos, los hombres con pareja que habían inhalado la oxitocina guardaron las mayores distancias respecto a la atractiva científica. Y la diferencia era significativa: los monógamos bajo la influencia de la hormona del amor registraron la distancia “ideal” entre los 70 y los 76 centímetros, mientras que el resto de participantes solteros y aquellos que habían inhalado placebo establecieron la distancia entre los 50 y los 61 centímetros. El efecto de la oxitocina fue aún mayor cuando la científica miraba a los hombres con pareja a los ojos, lo que hacía que dieran el “alto” aún antes.

    El experimento fue repetido más adelante con otro grupo de hombres y un científico varón, en vez de una mujer atractiva. En esta ocasión la oxitocina no mostró ningún efecto: la distancia que establecieron todos los hombres fue muy parecida.

    El contacto reduce la infidelidad

    Dado que la segregación de oxitocina es mayor en las primeras fases de una relación y cuando permanecemos cerca de nuestra pareja, los autores del estudio afirman que los efectos de esta para apuntalar la monogamia en los hombres dependerán, precisamente, de lo estrecha que sea nuestra relación y la proximidad física de nuestra pareja. 

    La monogamia no eleva por sí misma los niveles de oxitocina si no existe, además, contacto físicoEsto, pone de manifiesto que la monogamia por sí sola no cumple ningún efecto biológico sobre la fidelidad, ya que los hombres que recibieron un placebo, tanto los solteros como los emparejados, mantuvieron la misma distancia con la mujer que actuó como cebo. Por lo que, según explican los científicos, la monogamia no eleva por sí misma los niveles de oxitocina si no existe, además, un contacto físico.

    Hurlemann cree que esta investigación “proporciona importantes conocimientos sobre las motivaciones de los hombres”. En su opinión, la oxitocina es un mecanismo natural fundamental para asegurar que ambas partes de la pareja se centren en garantizar la seguridad de su vulnerable descendencia: “La hormona de la fidelidad, que surge del contacto con nuestra pareja, mantiene a los hombres alejados de otras mujeres, lo que en los tiempos previos a la civilización aumentaba las posibilidades de supervivencia de los hijos”. 

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