NO HAY VOLUNTAD PARA CAMBIAR DE MODELO

La ciencia se hunde, el ladrillo despega

“Tanto desde el Gobierno de la nación como desde el Senado seguimos dando pasos para conseguir un cambio de modelo productivo que tiene que estar apoyado

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La ciencia se hunde, el ladrillo despega
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    “Tanto desde el Gobierno de la nación como desde el Senado seguimos dando pasos para conseguir un cambio de modelo productivo que tiene que estar apoyado en la investigación, el desarrollo, la innovación y la divulgación, como ya hemos manifestado en múltiples ocasiones”. Así de tajante se mostró el senador del PP por Tenerife, Antonio Alarcó, hace sólo dos semanas en una comisión del Senado. No es el único político que insiste en este punto. El lehendakari Patxi López acusó en verano a Rajoy de no tener un plan para cambiar el modelo productivo que necesita España 'como el comer'. En su opinión, “no hay ni una sola medida que lo procure, como serían inversiones, innovación, desarrollo e investigación”.

    Basta echar un vistazo a la hemeroteca para ver que todos los partidos políticos han insistido largo y tendido en la necesidad de cambiar el modelo productivo e impulsar la investigación e innovación, algo que tanto PP como PSOE prometían en su último programa electoral. Los datos, como de costumbre, ponen las cosas en su sitio. Desde 2009 los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han recortado un 33% el presupuesto para I+D+i. Y la cosa no tiene visos de mejorar.

    Los centros de investigación están bajo mínimos, y al borde del cierre, pero los grandes proyectos de la burbuja inmobiliaria siguen saliendo adelante. Sin ir más lejos, la semana pasada se inauguró en Zaragoza el centro comercial y de ocio más grande de Europa, Puerto Venecia, con más de 200.000 metros cuadrados. El gancho político, el de siempre en estos casos, creará 4.000 puestos de trabajo

    La pregunta salta a la vista, ¿de verdad alguien tiene la intención de cambiar el modelo productivo? Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, asegura que la realidad es que los grupos más poderosos de la economía española no tienen voluntad de cambiar ningún modelo: “La economía española está dividida en tres grandes grupos, los grupos industriales vinculados a capital extranjero, que ni les va ni les viene lo que pase; las empresas inmobiliarias y constructoras de infraestructuras, que están procurando que en cuanto se pueda se vuelva a poner dinero ahí; y en tercer lugar la banca, a la que el único modelo productivo que le interesa es el que genere endeudamiento”.

    El sector privado, que es el que tendría capacidad para invertir, no encuentra atractivo en ninguno de los sectores que podrían generar un cambio de modeloJosé Fernández-Albertos, investigador en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, cree que la realidad es que el sector público, que es el que realmente podría impulsar el I+D+i, ha reducido el esfuerzo inversor porque de cara a la opinión pública recortar en este punto no cuesta votos. Y el sector privado, que es el que tendría capacidad para invertir, no encuentra atractivo en ninguno de los sectores que podrían generar un cambio de modelo: “La realidad es que, sin embargo, sí hay inversores que quieren apostar por el modelo de Eurovegas. Ya que el MIT no está deseando abrir un campus en Madrid a lo que viene le ponen buenos ojos”.

    La historia del despropósito

    El frenazo a la investigación se ha notado en casi todos los campos, quizás por eso, y porque la agenda política manda, el cierre de grandes proyectos y centros ha pasado desapercibido, pese a la ingente cantidad de dinero público que se ha desperdiciado. Hay cientos de casos, pero hay que acercarse a ellos para entender las oportunidades que se han perdido en el baúl de los recuerdos.

    Hace tan solo dos años, un 6 de octubre de 2010, la por entonces ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, anunció la creación de un nuevo consorcio público cuyo principal objetivo, tal como se anunció en nota de prensa, era “promover y coordinar la realización de ensayos clínicos en un entorno cooperativo, que por su complejidad y características sean imposibles de realizar en grupos individuales”. El centro en cuestión, dependiente del Instituto de Salud Carlos III, se bautizó como Consorcio de Apoyo a la Investigación Biomédica en Red (CAIBER). Se le asignó un presupuesto anual de 10 millones de euros, con el objetivo de que gestionara la Plataforma Estatal de Ensayos Clínicos, integrada por un total de 40 centros de investigación repartidos en hospitales de toda España. Garmendia definió al consorcio como un centro “singular y estratégico” por tratarse “de una innovación organizativa en sí misma, un modelo pionero a nivel internacional” que iba a tener un importante impacto científico, industrial y social. Un impacto que ha resultado ser nulo.

    Pese a que el centro logró poner en marcha 64 ensayos clínicos (11 de ellos de carácter internacional), y acogió el trabajo de 1.516 investigadores, el pasado mes de mayo se anunció su cierre. El presupuesto inicial de 10 millones se había reducido en un 70%. Pese a esto, aunque hubo que reducir el número de estudios y el personal, tal como cuentan fuentes del centro, las investigaciones lograron salir adelante. Las autoridades no lo valoraron así. Según anunció en mayo el director del Instituto de Salud Carlos III, la cifra era “insuficiente para mantener la estructura con entidad jurídica propia” y se optó por transformar el centro en una “red de unidades de investigación clínica”.

    La mayor parte de los 13 millones de euros que se han invertido en el centro no han servido para nadaLa realidad, tal como ha explicado a El Confidencial una trabajadora del centro, es que éste podía haber seguido funcionando, pues contaba con un remanente de 8 millones de euros. Ahora, asegura la investigadora, todo se va a quedar a medias: “El Instituto no asume la responsabilidad sobre los ensayos y pide a los hospitales que se responsabilicen, pero sin subvenciones es imposible. Hoy por hoy sólo van a sobrevivir los ensayos que logren financiación europea”. 

    En definitiva, la mayor parte de los 13 millones de euros que se han invertido en el centro, que debía ser el gran ejemplo de la innovación médica en España, no han servido para nada. Pero aún hay más. Tal como cuenta esta investigadora, el presupuesto de 3 millones de euros programado para el año que viene se va a invertir en el desarrollo de un nuevo centro, “una red similar pero con distinto nombre”. Esta trabajadora ha llegado a una conclusión: “No les gustaba cómo estábamos haciendo las cosas y en vez de despedir a la cúpula y transformar la red, se lo cargan todo, dejan huérfanos a los ensayos y vuelven a empezar. Es ridículo. No tiene sentido”.

    Vente a Alemania, doctor

    El frenazo en la inversión en I+D+i tiene consecuencias que pueden ser desastrosas a largo plazo, pero casi todos los investigadores coinciden en que el principal problema no va a ser el cierre de proyectos, o la pérdida de peso de nuestro país en la producción científica mundial, el principal problema va a ser la fuga de cerebros, que puede dejar herida de muerte a la investigación española.

    Las universidades están al borde del colapso y apenas ofrecen becas de investigaciónSe ha gastado muchísimo dinero en formar a gente de altísimo nivel que, tras acabar el doctorado, se marchan a otro país a aplicar todo lo aprendido. Aquí no se les quiere. Y no hay recambio. Las universidades están al borde del colapso y apenas ofrecen becas de investigación: no entran nuevos doctorandos, que son los que realmente soportan el peso de la producción científica.

    El físico nuclear Manuel Lozano Leyva, veterano divulgador científico e investigador, explicó a El Confidencial en una entrevista la gravedad del problema, que no acaba de entenderse: “En las universidades y los laboratorios si no se puede renovar el equipo se aguantan dos o tres años, si no se viaja a congresos nos aguantamos, pero como no se incorporen investigadores jóvenes estamos jodidos. Todos los ingenieros están estudiando alemán. Eso es trágico. Como se corten las becas de investigación se van a quedar en España sólo los estudiantes mediocres”. Nuestro país es, según los datos publicados en el Informe de Competitividad Global 2012-2013 del Foro Económico Mundial de Davos, el quinto país de Europa con mayor disponibilidad de científicos e ingenieros, sólo superado por Finlandia, Suecia, Grecia y Reino Unido. La emigración de este tipo de perfiles no deja de crecer.

    Josep F. Oliver es investigador del Instituto de Física Corpuscular, un centro mixto del CSIC y la Universidad de Valencia. Su equipo, explica, está trabajando en el desarrollo de un centro, el futuro Instituto de Física Médica, en el que se aplicará la física de partículas al tratamiento de enfermedades oncológicas: “En 2010 se presentó la memoria. Es un servicio que en España todavía no se presta, pero sí en otros países [hay 5 en EE.UU. y 9 en Europa]. Se conoce como prototerapia y consiste en atacar el cáncer mediante un haz de protones. Se utiliza sobre todo para cánceres cerebrales muy difíciles de tratar, pues se puede quemar el interior del órgano sin dañar la superficie”.

    Supuestamente el desarrollo del centro sigue adelante, pero si se logra construir en algún momento no habrá nadie para operarlo. Tal como cuenta Oliver, “mantener el personal es muy complicado y se está yendo mucha gente al extranjero porque no hay dinero”. Él mismo, que tiene ya 36 años y una experiencia dilatada en este campo científico, cree que no podrá continuar en el centro: “No parece que me puedan renovar, así que tendré que buscar opciones en el extranjero”. De momento su equipo ya ha perdido a tres investigadores post-doctorales, “gente muy formada, que rendía al 100%”. Sus líneas de investigación han quedado paradas. 

    Amordazando el retorno industrial

    Según el ranking de Scientific American, España sigue siendo el décimo país del mundo en materia de investigación. Todo apunta a que, debido a los recortes, nuestro país bajará posiciones en próximas ediciones, pero hay un dato que ya chirría. Si bien España está bien situada en cuanto a publicación de investigaciones e, incluso, número de doctores (aunque este dato corresponde a 2009), se desploma en lo que respecta a la concesión de patentes, categoría en la que baja a la posición 23 del mundo. Esto refleja de forma muy explícita lo que numerosos investigadores y economistas venían advirtiendo hace mucho tiempo, en España la investigación no revierte todo lo que deberían en innovación y desarollo, en definitiva, la investigación básica funciona relativamente bien, pero no se aprovecha a nivel industrial y comercial el esfuerzo invertido.

    LIDAX es una empresa española que trabaja en el desarrollo y fabricación de instrumentación científica de satélites. Tal como explica su adjunto a la dirección comercial, Jesús Aivar, hasta ahora el 30% de su volumen de negocio dependía de subvenciones y dedicaban el 15% de su presupuesto a la investigación y el desarrollo de nuevos instrumentos. El sector del espacio, en el que se encuadra esta empresa, no tiene mucho peso a nivel presupuestario, pero tiene un alto retorno a nivel productivo. Tal como explica Aivar, “por cada euro que se invierte en espacio se ganan tres en el ámbito industrial”. Pese a esto, el Gobierno ha recortado de raíz el presupuesto del sector, que ha bajado de 250 millones de euros a 120. Según el directivo, la reducción de la aportación de España a los programas de la Agencia Espacial Europea (ESA), de cara a la Conferencia Ministerial ESA que tendrá lugar en Noviembre 2012, será de alrededor del 30 o el 40%, lo que asegura “será sin duda un retroceso muy importante en el sector”.

    El sector del espacio tiene un alto retorno a nivel productivo, por cada euro invertido se ganan tres en el ámbito industrialHasta hace unos años, las empresas del sector espacial, muy relacionadas con el trabajo de universidades y centros de investigación, recibían ayudas del programa Industria de la Ciencia, que fomentaba proyectos conjuntos entre universidad y empresas. Tal como explica Aivar, en 2010 se paró: “Era muy útil para capacitar a las empresas para el desarrollo de productos de alta tecnología que las grandes instalaciones científicas de nuestro país, como el sincrotrón ALBA, tenían que adquirir fuera”.

    Ahora las ayudas han desaparecido por completo, las empresas ya no investigan. Ha habido un cambio de modelo, pero a la fuerza. “Nos hemos tenido que enfocar a la explotación y posicionamiento hacia el mercado extranjero. Nuestra empresa dependía mucho de la participación española en programas de la ESA, y esto venía de la motivación de los grupos de investigación para presentar proyectos. Ahora los grupos no tienen fondos, así que nos hemos tenido que orientar hacia el mercado Europeo. Las perspectivas son difíciles, pero estamos intentado desarrollar productos para proyectos alemanes y franceses”.

    Aunque Aivar ve la exportación de sus productos casi como una obligación debido al brutal recorte de las ayudas públicas, Fernández-Albertos cree que, dada la situación, el Gobierno debería apoyar, precisamente, este tipo de orientaciones: “Una propuesta que se ha hecho muchas veces es que la política económica transversal, de estímulos al crédito, sea una política que tenga como objetivo internacionalizar empresas. No tienes que elegir sectores, y te evita problemas de amiguismos. Cualquiera que exporte y venda fuera será tratado bien, ya que los sectores que venden fuera atraen más valor añadido y capital humano”.

    ¿Por qué compramos el instrumental a Alemania?

    Para Aivar, no sólo las administraciones están dificultando las cosas, en su opinión también los investigadores y, sobre todo, aquellos que organizan la política científica, tienen parte de culpa en el estancamiento del I+D+i español: “El investigador sólo piensa en investigar, no ve el sistema en su conjunto. Cuando necesita algo para su proyecto lo quiere cuanto antes, y no piensa en la capacitación y el desarrollo de la industria. Se compran muchas cosas a Francia y Alemania que podrían desarrollarse aquí con algo de tiempo. Aunque claro, la posición de un científico es muy distinta a la de una empresa”.

    Hay cosas que compraban los españoles que ahora tienen que comprarlas los alemanes y no las compran en nuestro paísGermán Fernández ve las cosas desde el otro lado de la balanza, pues trabaja en uno de los centros que, precisamente, necesita el instrumental de empresas como LIDAX, un instituto de investigación perteneciente a la Universidad Politécnica de Madrid. El problema, cuenta, es que ya no se pueden pagar este tipo de instrumentos: “Ahora mismo estamos trabajando en un proyecto conjunto con Alemania. Hay cosas que compraban los españoles que ahora tienen que comprarlas los alemanes. Cuando hacíamos nosotros las compras, el dinero iba a empresas de alta tecnología españolas que vivían de esto. Pero si las compras las hacen otros países, ya no piensan en España”. 

    Aunque desde el Gobierno no se esté facilitando ningún cambio de rumbo, la deriva de los acontecimientos puede hacer que muchas instituciones y empresas tengan que cambiar de estrategia para sobrevivir. Pero, ¿de qué manera? ¿A qué precio? ¿Cuántas empresas y centros de investigación acabarán cerrando? La realidad es que, en el fondo, el cambio de modelo ni está, ni se le espera. Sólo un esfuerzo conjunto podría sacarnos del atolladero pero, como dice Torres López, “cambiar el modelo productivo comporta cambiar la mentalidad, y no es fácil, porque el mundo está como está”.

    Alma, Corazón, Vida
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