LAS CARICATURAS REAVIVAN LA IRA ISLÁMICA

Mahoma, el intocable

Las caricaturas del profeta Mahoma publicadas hace diez meses por el semanario satírico francés Charlie Hebdo levantaron la ira de los fundamentalistas islámicos afincados en el

Foto: Mahoma, el intocable
Mahoma, el intocable
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    Las caricaturas del profeta Mahoma publicadas hace diez meses por el semanario satírico francés Charlie Hebdo levantaron la ira de los fundamentalistas islámicos afincados en el país galo que, literalmente, incendiaron la sede de la revista. Lejos de acobardarse ante los chantajes y las constantes amenazas de muerte a los responsables de la publicación, el director Stéphane Charbonnier ha decidido publicar una nueva tira cómica con Mahoma como protagonista. Una provocación para unos y una muestra de la libertad de expresión y opinión para otros que se produce en medio de la ola de protestas generadas por la emisión de la película La inocencia de los musulmanes.

    En la portada del último número de la revista se reproduce una viñeta a cinco columnas en la que se muestra a un rabino empujando la silla de ruedas de un imán bajo el título “Intocables 2” (en referencia a la película) y un bocadillo en el que se puede leer: “¡no se rían!”. En el interior otra serie de viñetas representan a Mahoma desnudo. Esta edición llegó a primera hora de ayer a los kioscos y, a media mañana, el sitio web de la publicación ya había sido víctima de un ataque informático, que mantuvo inhabilitada la página durante toda la jornada.

    La creciente tensión en el mundo árabe tras los asaltos a varias embajadas occidentales –en Libia se saldaron con el asesinato del embajador norteamericano Chris Stevens– y los peligrosos antecedentes violentos de este tipo de protestas en la calle ha llevado a los servicios secretos franceses a extremar la vigilancia de la sede y el equipo de redacción de Charlie Hebdo. Como medida de seguridad el Gobierno francés desautorizó la manifestación prevista para ayer contra el desafortunadamente famoso film antiislamista, y es que ayer a mediodía se produjo un ataque con explosivos caseros en un supermercado de la periferia parisina, aunque finalmente solo hubo que lamentar daños materiales y un herido leve, según informaba el diario Libération. La ira islámica, que nació en Libia para propagarse rápidamente por el resto de países en los que triunfó la Primavera Árabe, ya se encuentra en el corazón de Europa.

    La libertad de expresión ¿por encima de todo?

    El debate sobre los límites a la libertad de expresión se ha visto desbordado por los violentos acontecimientos de estos días, llevando la reflexión al terreno de la convivencia política de dos mundos con una pretendida apariencia antagónica. Sin embargo, la chispa que siempre aviva estas confrontaciones se produce cuando los medios de comunicación tratan –de forma ciertamente ofensiva– la cuestión de la identidad religiosa. ¿Merece la pena seguir defendiendo a ultranza la libertad de expresión pese a correr el riesgo de herir susceptibilidades que refuerzan el fanatismo islámico? ¿o hay que tener un doble rasero comunicativo dependiendo de la religión sobre la que se opine?Sentirse ultrajado por una opinión no legitima la censura

    Para Fernando Rueda, profesor de Periodismo en la Universidad San Pablo CEU, no cabe duda de que “el único límite lo deben poner las leyes y no las reacciones fanáticas. Aunque nos moleste alguna crítica debe prevalecer el derecho a expresar libremente las opiniones”. Como ejemplo, Rueda recuerda la afrenta generada entre una buena parte de los españoles tras la emisión en Canal+ Francia de los guiñoles en los que se acusaba a los deportistas españoles de doparse. “Una cosa es que se trascienda lo cómico y nos lo tomemos como una cuestión de identidad, sintiéndonos ultrajados e insultados, pero otra cosa más grave es intentar prohibir esas expresiones en los medios de comunicación”, añade el profesor.

    La prioridad en estos casos debe recaer en el tejado de la libertad de expresión, siempre y cuando no colisione con las leyes y constituciones, matiza Rueda. Sin embargo, el periodista y escritor reconoce que en algunas ocasiones se produce una vejación gratuita con la que personalmente dice no encontrarse de acuerdo. “De entrada, creo que herir por herir, sea a la religión que sea y a sabiendas de las susceptibilidades que provocan estos temas, no viene al caso”.

    Una polarización creciente

    En el año 2006 se llegó a un punto álgido en el aumento de las tensiones tras la publicación en varios medios europeos de otras caricaturas del profeta Mahoma. El descontrol de la situación llevó al que por aquel entonces era presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y al primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan (ambos impulsores de la Alianza de Civilizaciones) a firmar conjuntamente un artículo en el Internacional Herald Tribune donde esgrimían que “si no somos capaces de poner calma inmediatamente en esta situación todos vamos a salir perdiendo. Por tanto, es necesario hacer una llamada al respeto y a la calma y dejar que se oiga la voz de la razón”. Unas palabras que para muchos fueron interpretadas como una llamada a la autocensura, mientras que otros alabaron su carácter reconciliador.

    Seis años después de los acontecimientos que motivaron la petición de los impulsores de la Alianza de Civilizaciones el debate sigue en el mismo punto. Un conflicto con visos de enquistarse y polarizarse desde ambas partes, a juzgar por los anuncios publicitarios, pagados por el lobby sionista de Estados Unidos que la próxima inundarán las estaciones de metro bajo el lema: “Apoya a Israel. Destruye la yihad”, encajado entre dos Estrellas de David. Debajo de este mensaje se muestra otra frase no menos belicosa: “En cualquier guerra entre el hombre civilizado y el salvaje, apoye al hombre civilizado”. El carácter incendiario de estos anuncios provocó el rechazo inicial de la empresa de transportes metropolitanos, pero tras recurrir esta negativa ante la Corte Federal, y darle la razón acogiéndose a la primera enmienda constitucional, la Autoridad Metropolitana de Trasporte, se ha visto obligada a aceptarlos.

    “Estas reacciones no son espontáneas, sabemos quién las espolea”

    La religión islámica no es la única que ha sido objeto de mensajes satíricos y ofensivos difundidos en algunos medios de comunicación, sobre todo desde la popularización de la red y las herramientas de comunicación digitales. Judíos, budistas o católicos no se han salvado de estas referencias, más o menos humillantes, a sus autoridades religiosas, asumiéndolas en unas ocasiones con resignación y en otras enfrascándose en una confrontación dialéctica. Sus respuestas, por tanto, nunca han llegado a los límites de los fundamentalistas islámicos, a pesar de que en las últimas décadas han proliferado los agravios a todas las creencias religiones. ¿Por qué esta forma diferente de reaccionar?El lobby sionista en Nueva York ha financiado unos anuncios en los que se llama salvajes a los musulmanes

    En el mundo islámico la religión y la política siempre han ido de la mano y existen ciertas dificultades para separar ambos conceptos. En España los distintos departamentos de seguridad siguen de cerca este tipo de conflictos ante la posibilidad de que deriven en disturbios violentos. Como señalan fuentes del Ministerio de Defensa consultadas por El Confidencial “los islamistas se niegan a aceptar que en Occidente exista libertad de expresión, por lo que están siempre a la espera de que cualquier medio de comunicación les dé una escusa, en forma de un mensaje que consideren ofensivo, para generar bronca”.

    Estas mismas fuentes descartan, por tanto, que se trate de “reacciones espontáneas”. Los servicios de inteligencia apuntan que estos conflictos se suelen espolear desde ciertas mezquitas controladas por imanes integristas. Asimismo, las fuerzas de seguridad han estrechado el cerco a organizaciones no gubernamentales islámicas de cariz asistencial implantadas en Europa (vinculadas a los Hermanos Musulmanes en el caso de los países mediterráneos) y que utilizan su gran capacidad de movilización cuando se producen este tipo de episodios.

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