Los proscritos de la Iglesia: así son los cristianos 'rojos'
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"LAS CÚPULAS NO ACALLARÁN NUESTRA VOZ"

Los proscritos de la Iglesia: así son los cristianos 'rojos'

Las declaraciones del cardenal Carlo Maria Martini, fallecido el pasado 31 de agosto, en una entrevista hecha pública póstumamente, en las que criticaba a la Iglesia por

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Los proscritos de la Iglesia: así son los cristianos 'rojos'

Las declaraciones del cardenal Carlo Maria Martini, fallecido el pasado 31 de agosto, en una entrevista hecha pública póstumamente, en las que criticaba a la Iglesia por "llevar 200 años de retraso" en cuestiones como el uso de anticonceptivos, el divorcio, el aborto o la imposibilidad de las mujeres para oficiar misa, no han sentado nada bien entre los sacerdotes. Aunque una minoría sí las ha aplaudido. Los curas ‘rojos’ existen. No es un oxímoron. Siempre han formado parte de la Iglesia. Marginados y en ocasiones hasta repudiados, pertenecen a un sector menos minoritario de lo que parece a simple vista porque su conflicto con las cúpulas ha acallado su voz, incluso recurriendo para ello a la excomunión de alguna de sus caras visibles. Estos días se reúnen en Madrid medio millar de los considerados cristianos marxistas en el simbólico salón de actos "Pablo Iglesias" de la sede central de CC.OO., por si todavía quedaba alguna duda de su ideología. Allí celebran, hasta este domingo, su trigésimo segundo congreso sobre teología, sí, pero de la liberación.

Nada más entrar en las instalaciones, uno se da de bruces con varios puestos de libros que recogen sus principios y doctrinas. “¿Tienen el libro de José Antonio Pagola Jesús. Aproximación histórica?”. Dubitativo y un con un cierto aire de sorpresa por el atrevimiento, el tendero baja la voz, mira a un lado y al otro y susurra:

-“No. Parece que lo han prohibido”.

-“¿Y cómo lo podría conseguir?”.

-“No sé, la editorial lo ha retirado de las librerías, pero si te vienes mañana por aquí yo mismo podré dejarte un ejemplar que tengo guardado en casa”.

El secretismo, el sentimiento de persecución y las “prohibiciones” de un discurso nada ortodoxo con la línea oficial de la Iglesia católica son las impresiones que uno se lleva en la primera toma de contacto con esta corriente católica. La dificultad para adquirir uno de sus libros de cabecera, Jesús. Aproximación histórica, es una fiel metáfora que refleja el veto y la exclusión de los teólogos de la liberación en nuestro país. Pagola, que fue vicario general del obispo de San Sebastián José María Setién, logró en tan solo unos meses que más de 80.000 hogares contasen en sus estanterías con un ejemplar de su libro, al lado del Manifiesto Comunista. Una cifra de ventas que, aunque se concentran mayoritariamente en América Latina, serían inimaginables para cualquier ensayista de éxito.

Irreconciliables con las cúpulas

Las tesis de Pagola son una amenaza para la Iglesia oficial, y es que se asientan en la misma raíz de un conflicto, “de los de arriba con los de abajo”, abierto hace décadas: “La confrontación viene de nuestros análisis antagónicos sobre las causas de esta situación. Es decir, sobre la lectura política y económica que hacemos de la desigualdad y la pobreza en el mundo, así como de la actual crisis”. Así lo explica Eusebio ‘Billy’ Rodríguez, sacerdote de las parroquias madrileñas de San Fermín de los Navarros (distrito de Usera) y de la Cañada Real, esta última situada en uno de los asentamientos chabolistas más grandes de Europa.

Sus análisis socioeconómicos parten del marxismo edulcorado, pero sobre todo, de un obstinado antineoliberalismo. Rodríguez explica que la reconciliación “no es posible mientras los asesores económicos de la Iglesia sigan siendo economistas ultraliberales, como es el caso de Juan Velarde, patrono de la fundación FAES, el think tank que preside José María Aznar, porque defienden una visión completamente contraria a la nuestra. No sé si llegarán a cambiar, pero estoy seguro que mis ojos ya no lo verán”. Precisamente, ha sido la defensa de estos postulados lo que ha incrementado la brecha entre las organizaciones de los cristianos de base y la Iglesia, desde el inicio de la crisis. Semeja una contradicción que en los momentos difíciles, cuando el trabajo asistencial a los necesitados se hace más imperioso, no se dejen de lado las diferencias ideológicas para centrarse en lo prioritario, pero según estos teólogos se trata de una forma de restarles relevancia y anular toda posibilidad de que sus ideas influyan en el resto de creyentes.

Sin posibilidades de relevo generacional

Cierto es que los teólogos de la liberación están muy lejos de conseguir incrementar su masa crítica y asegurarse un relevo generacional. Los jóvenes escasean tanto entre este envejecido sector, que casi se podrían contar con los dedos de una mano. “Las peleas internas los ahuyentan, y con razón”, apuntaba María, una curtida exmisionera que tras repetidos conflictos con su orden optó por renunciar. La gran mayoría de estas personas pertenecen a la tercera edad porque “los jóvenes que quieren seguir nuestro camino ven absurdo que se pierda tanto tiempo y energía con debates formales dentro de la Iglesia y acaban yéndose”.La reconciliación no es posible mientras los asesores económicos de la Iglesia sigan siendo ultraliberales

Otro de los participantes en el congreso, cuyo eje central de esta edición es el ‘Cristianismo y los movimientos sociales’, explicaba que sus propios hijos se interesaron por formar parte de esta corriente, pero “se cansaron porque decían que había demasiadas labores que hacer en la sociedad como para perder el tiempo en peleas de sacristía. Y ahora, con la irrupción del 15M, muchos otros ven más práctico emplear en este movimiento su tiempo y energía”. En un foro de unas 500 personas, encontrar entre el público a alguna cara juvenil es misión imposible y, de los pocos que allí se dieron cita, su asistencia estaba más motivada por el conferenciante que abría la primera ponencia, el catedrático de economía de Universidad Autónoma de Catalunya, Arcadi Oliveres, que por su implicación con la causa de estos cristianos.

En la vanguardia del activismo y poco dados a formalismos

El perfil prototipo de los cristianos rojos es gente mayor e involucrada en ONGs y, desde hace no mucho tiempo, también parte del núcleo fundacional del incipiente mundo de la banca ética y las cooperativas financieras, como Fiare o Coop 57. Más mujeres que hombres y más seglares practicantes que religiosos pertenecientes a alguna orden. Informales, chistosos y con un look recién salido de tienda de comercio justo, a medio camino entre la sobriedad y las vestimentas hippies.

Ni ápice de misticismo en sus expresiones o prácticas religiosas, de hecho, “este domingo, en lugar de una eucaristía celebraremos una cantata, la llamada Misa de la tierra sin males”, adelantaba Federico Pastor, presidente de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. Una particular misa que precederá a la alentadora ponencia de Pagola “No podéis servir a Dios y al dinero: Una lectura profética de la crisis, inspirada en Jesús”.

“Somos gente normal”, respondía un tanto ofendida una septuagenaria tras preguntarle sobre la singularidad de los cristianos de base dentro de la Iglesia. Tras matizar un poco la pregunta, amablemente explica: “participamos en movimientos sociales y eso no gusta a las cúpulas, por lo que no tenemos nada que ver con ellas, ni con las religiosas ni con las políticas ni con ninguna otra. Los que mandan en la Iglesia nos critican duramente porque dicen que no se puede hacer política, pero callarse ante las injusticias y el sufrimiento en el mundo también es hacer política, por omisión, y encima cómplice de lo que está pasando”.

Funciones de lobbie político

Su determinación política los mantiene, además de en movimientos sociales, ONGs y proyectos financieros de banca ética, en los partidos de izquierdas, principalmente Izquierda Unida, en menor medida en el PSOE, y también en el partido extraparlamentario Sain (Solidaridad y Autogestión Internacionalista). Uno de los ponentes de la segunda jornada del Congreso era el joven diputado de IU en el Congreso, Alberto Garzón, que disertó sobre “Los movimientos sociales ante la crisis”.

Su activismo solidario se extiende también a la Plataforma de Afectados de la Hipoteca, al menos así quedó con el sonado encierro que varios cristianos de base protagonizaron con familias desahuciadas en la catedral de la Almudena de Madrid el pasado mes de junio para denunciar su situación y apoyar sus reivindicaciones. Como no, también dicen simpatizar con el 15M.

Su influencia electoral, aunque limitada, es bienvenida en las organizaciones políticas de izquierdas y, como tal, su papel como lobbie cuenta con cierta relevancia. En el mundo académico destacan Juan José Tamayo, que dirige actualmente la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría en la Universidad Carlos III, y Arcadi Oliveres. Pero hay otras figuras relevantes con una fuerte capacidad de influencia en sus comunidades, como el exjesuita José María Castillo Sánchez, el gallego José Torres Queiruga o la catalana Vicenta Font, actual directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz (organismo público de la Generalitat de Cataluña). Sin bien, es cierto que su peso nada tiene que ver con el que tienen en América Latina, el continente padre de la teología de la liberación.

Los guardianes de los valores y la ética

Tamayo, que compagina su docencia universitaria con las clases de teología en la combativa parroquia de San Carlos Borromeo, apunta empleando una retórica con ecos de seminarista que “existe una capa de hielo muy gruesa en la Iglesia y también en la sociedad, pero por debajo hay agua que va saliendo poco a poco por algunos poros. Así se van creando unas pequeñas islas que seríamos nosotros donde, de alguna manera, traducimos los mensajes políticos, religiosos o éticos por vía de la solidaridad y las experiencias políticas de lucha”. Una implicación política estigmatizada por la Iglesia, según lamenta Tamayo, pero que cada vez se hace más necesaria “ante el creciente empobrecimiento de la población, las altas tasas de paro o la pérdida del derecho a la asistencia sanitaria de los inmigrantes sin papeles”.Nuestro papel es el de recuperar los valores perdidos de la Iglesia

Para Vicenta Font la influencia de estas organizaciones cristianas se centra más en la moral que en los partidos políticos. “Nuestro papel, que según mi opinión debería ser el de todas las religiones, es el de recuperar los valores. Claro que también es necesaria la acción política, pero si esta no se base en valores de poco servirá”. Como ejemplo, pone sobre la mesa valores universales que son comunes a todas las religiones, como el séptimo mandamiento (no robarás): “Una cuestión que con el ánimo de lucro actual y los mercados financieros es irrealizable. Sin embargo, vamos dando pasos, como limitar los sueldos de los directivos de los bancos intervenidos”.

Da la impresión de que existen demasiados elementos que juegan en su contra: las jerarquías eclesiásticas, la falta de renovación generacional, la pérdida de valores en el seno de la sociedad o la marginación editorial de sus tesis. No parece que su voz, aunque ya marginal, se seguirá escuchando durante mucho tiempo. Sin embargo, como sentencia Font, “representamos la única esperanza para la Iglesia, pues si no quiere desaparecer tiene que dejar de alejarse de la ciudadanía y recuperar los verdaderos valores cristianos”. Así es y así piensa la que puede ser la última generación de cristianos marxistas.

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