Cuidado con los mensajes de tu móvil: tu pareja los lee
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LOS PELIGROS DE INTENTAR CONTROLAR TODO

Cuidado con los mensajes de tu móvil: tu pareja los lee

Si tuvieses la posibilidad de saber con quién habla tu mujer durante sus ratos muertos, ¿lo harías? ¿Preferirías estar al tanto de todas sus relaciones, aunque

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Cuidado con los mensajes de tu móvil: tu pareja los lee

Si tuvieses la posibilidad de saber con quién habla tu mujer durante sus ratos muertos, ¿lo harías? ¿Preferirías estar al tanto de todas sus relaciones, aunque pudiesen dar lugar a confusiones problemáticas, o es mejor portarse correctamente y respetar el espacio del compañero? Según una reciente encuesta realizada por una célebre página de citas estadounidense, una de cada tres personas entre 18 y 35 años elegiría la primera opción. En concreto, un 36% de los 2.000 encuestados se mostraba dispuesto a revisar el smartphone de su pareja si pudiesen hacerlo sin ser descubiertos. Una cifra que descendía hasta el 26% en el caso de los mayores de 55 años, una señal de que quizá los años nos hacen confiar más en nuestra pareja, o quizá que con el paso del tiempo lo que esta haga nos resulta indiferente. Los resultados de la encuesta también señalaron que las mujeres son más proclives a incurrir en este tipo de espionaje que los hombres.

La ansiedad por conocer lo que nuestra pareja hace fuera de nuestra vista puede llevar a este tipo de actitudes, aunque no desconfiemos de ella. Uno de los pocos estudios que se han destinado a investigar por qué las parejas se espían unas a otras es el realizado el pasado año por un grupo de psicólogos investigadores de la Universidad de Ámsterdam, que también señalaba que las esposas están más inclinadas a revisar la información privada de sus maridos que estos. En el estudio, llamado ¿Por qué las parejas se espían?, los profesores intentaron averiguar qué factores predicen este tipo de actitudes. Y, como cabía esperar, la desconfianza en el compañero era clave para dar pie a estos comportamientos, aunque no fuese la única causante.

Revisar los mensajes de la pareja hace que las reglas del juego se rompan“Cuando la pareja apenas suele compartir información importante, la gente percibe que los límites de la relación son muy rígidos y la disposición a entrometerse en los asuntos privados de su pareja es mucho mayor”, señalan los investigadores, que recuerdan que los “comportamientos ambiguos” suelen ser el causante de esta incertidumbre. Por otra parte, “cuando la gente confía en sus parejas, suelen considerar su comportamiento como previsible, fiable y dispuesto a ser solidario y sensible, independientemente de lo que el futuro pueda deparar”. Es decir, que en ocasiones es preferible ser transparentes si no queremos que la pareja comience a sospechar, aunque no tenga motivos reales.

Las consecuencias del espionaje

Además, señalan los investigadores holandeses, “la gente que se siente segura en su relación tiende a interpretar todos los comportamientos como algo positivo”, incluso en el caso de que el nivel de intimidad que compartan no sea alto. Obviamente, los celos también pueden jugar un papel central a la hora de convertirnos en espías domésticos, ya que se trata de la mayor expresión de la incertidumbre que una pareja puede sentir en su relación.

Otros estudios han mostrado de qué manera este comportamiento intrusivo es uno de los que más daño causan a la relación, en cuanto que traspasa las fronteras de la privacidad de cada uno de los amantes, cuyo respeto es esencial para mantener la confianza durante la convivencia.

Como señalan Sandra Petronio y W.T. Durham, en cada relación amorosa, los miembros de la relación desarrollan unas fronteras metafóricas sobre la privacidad, cuyos límites se negocian a lo largo de la misma. Una mayor disposición a compartir con la pareja determinada información personal lleva a esta a que se muestre más receptiva a actuar de la misma forma, pero si se considera que hay determinados temas que no tienen por qué compartirse (antiguas relaciones, conflictos en la familia, etc.), intentar obtener información sobre dichos asuntos por otras vías es una manera rápida y sencilla de romper el pacto establecido y con él, la confianza que nuestro compañero ha depositado en nosotros.

Una herramienta (inútil) de control

¿Por qué querría nadie romper las reglas? La respuesta, señalaron Julian Leff y Christine Vaughn en Expressed emotion in families. Its significance for mental illness (Guilford Publications) es que es una manera de conseguir control psicológico sobre el otro miembro de la relación. La información es poder, en definitiva. Estudios similares, como el publicado en Communication Reports por Walid A. Afifi y Tom Reichert, han señalado que los celos dentro de la vida en pareja suelen ser ocasionados por la pérdida de control que se percibe en la actitud ambigua del compañero, independientemente de otros factores personales como la inseguridad personal.

Las parejas suelen buscar información sobre la otra persona sin recurrir a esta directamenteSegún los investigadores, existen tres actitudes que las parejas celosas suelen adoptar para intentar poner fin a esas dudas acuciantes sobre el comportamiento de nuestros partenaires. En primer lugar, la interacción personal, en muchos casos la más útil ya que soluciona el problema de manera directa con la persona afectada, aunque en ocasiones pueda dar lugar a conflictos ocasionados por sentirse objeto de una sospecha infundada (es decir, “¿cómo se te puede pasar por la cabeza que pueda hacer algo así?”). En segundo lugar, la observación no intrusiva, es decir, vigilar el comportamiento de la pareja sin traspasar ninguna de las fronteras delimitadas, que en muchos casos puede conducir a una incertidumbre aún mayor. Y por último, la categoría en la que se encajaría esta vigilancia de los dispositivos electrónicos que el avance de la tecnología ha propiciado: las búsquedas activas, que implican manipular el entorno de la pareja sin interactuar directamente.

Diversos estudios como el presentado por L.A. Baxter y W.W. Wilmot bajo el nombre de Social strategies for acquiring information about the state of the relationship han señalado que, en la mayor parte de casos, las parejas eligen estos métodos indirectos de búsqueda de información e intentan evitar realizar una pregunta directa, lo que explicaría la sorprendente estadística presentada por la página de citas cibernéticas. En un experimento realizado a mediados de los años ochenta, los entonces profesores de la Universidad de Montana y del Lewis and Clark College descubrieron cómo de entre los siete métodos para conseguir información preferidos por los encuestados, tan sólo en uno se mantenía una interrelación con la pareja.

Entre estos métodos se encontraban preguntar a una tercera persona sobre el compañero sentimental, los test del triángulo (que implican salir con otra persona diferente para averiguar si la pareja se siente celosa) y el test de duración (poner a prueba la relación para ver cuán lejos es capaz de llegar la otra persona). Tan sólo realizar una sugerencia indirecta (como decir "te quiero cada vez más" y esperar la reacción del contrario) se contaba entre los métodos predilectos para poner a prueba la confianza del compañero sentimental. ¿El problema de todo esto? Como hemos visto, que romper la baraja de la relación puede causar muchos más problemas a largo plazo que jugar conforme a las reglas establecidas, por mucho que la curiosidad nos corroa. La curiosidad mató al gato, y también puede acabar con unas cuantas relaciones que hasta entonces habían funcionado perfectamente.