“Las mujeres trabajadoras tienen mejor salud a los 40”
  1. Alma, Corazón, Vida
SE REABRE EL DEBATE SOBRE LAS SUPERMADRES

“Las mujeres trabajadoras tienen mejor salud a los 40”

El empleo no sólo reporta un beneficio económico y material, sino también repercute de manera muy beneficiosa en la salud física de la madre trabajadora. Esta

placeholder Foto: “Las mujeres trabajadoras tienen mejor salud a los 40”
“Las mujeres trabajadoras tienen mejor salud a los 40”

El empleo no sólo reporta un beneficio económico y material, sino también repercute de manera muy beneficiosa en la salud física de la madre trabajadora. Esta es la idea que se desprende de un estudio que acaba de ser publicado en la Universidad de Akron y que ha sido realizado por la profesora asociada de sociología Adrianne Frech, que ha analizado un grupo de más de dos mil quinientas mujeres con el objetivo de descubrir cuáles mostraban un mejor estado de salud a los cuarenta años. Todas ellas habían sido madres entre 1978 y 1995 y, poniendo en tela de juicio la idea que sugiere que compatibilizar la maternidad con la carrera laboral termina horadando rápidamente la salud de las mujeres, las que mostraban un mejor estado de salud eran precisamente las que trabajaban. En concreto, aquellas encuestadas que tenían un contrato a tiempo completo se encontraban en mejor forma que las que trabajaban a tiempo parcial, las paradas y las amas de casa.

El estudio recuerda la importancia de la formación académica y la carrera laboral La investigadora ha localizado un grupo de riesgo que muestra una salud mucho peor que la del resto: se trata de las llamadas “desempleadas perpetuas”, aquellas que aunque se encuentran en búsqueda de trabajo no han conseguido un empleo fijo y pasan largos periodos de tiempo en el paro. Como indica Frech, “luchar continuamente por mantener un puesto de trabajo o encontrarse en búsqueda constante de empleo resulta dañino, no sólo mentalmente, sino también físicamente”. La desconexión perpetua con el mercado de trabajo provoca la ausencia de estabilidad y una sensación de impotencia y frustración. Este grupo sufría más problemas de movimiento, más casos de depresión y disponía de una menor energía debido al estrés que provoca dicha situación. “Las mujeres que trabajan tienen un propósito claro en la vida, autoeficacia, un mayor control de la situación e independencia”, señala Frech. “Ocupan un lugar en el que pueden sentirse expertas en algo, y reciben un sueldo a cambio de ello”. Además, las autoras añaden un grupo de beneficios de carácter más social que tienen aquellas mujeres que vuelven a trabajar después de ser madre, como son un mayor sueldo, mejor estabilidad social y más posibilidades de ascenso.

¿Es posible tenerlo todo?

El estudio se decanta inequívocamente por la formación de la mujer y su realización en el mundo laboral antes que en el ámbito familiar. Las propias investigadoras aconsejan a sus compañeras más jóvenes que se preocupen de su carrera laboral antes de ser madres. “No dejéis que las transiciones vitales como el matrimonio o la maternidad os hagan invertir menos en vuestra educación y aspiraciones laborales, porque las mujeres son las que terminan teniendo más compromisos familiares”, señala la investigadora, que ha realizado su estudio junto a otra mujer, Sarah Damaske. Además, Frech señala que ante la posibilidad del divorcio es importante contar con una buena formación académica, y que gozar de ingresos permite mantener un respaldo económico ante cualquier eventualidad.

El concepto de la supermujer es cada vez más criticadoEste estudio coincide con la polémica que se ha desatado en Estados Unidos después de que la profesora de la Universidad de Princeton Anne-Marie Slaughter haya afirmado en las páginas de The Atlantic que para una mujer aún no es posible compatibilizar una carrera con su maternidad. Slaughter afirma que se vio obligada a abandonar su importante puesto como directora de planificación política para Hillary Clinton ya que le resultaba absolutamente imposible compaginar su soñado trabajo con su vida familiar. Unas declaraciones que, dada la reputación de su responsable, han creado gran controversia y han convertido dicho texto en el más leído en la historia de The Atlantic. Curiosamente, la propia Hillary Clinton fue la causante de una polémica semejante cuando en 1992, durante la presidencia de su marido, señaló que podría haberse quedado en casa “haciendo galletitas”, pero prefirió alcanzar sus objetivos profesionales, lo que fue interpretado como un desprecio hacia las amas de casa.

La idea principal que subyace en el enconado texto de Slaughter es que debe dejarse de animar a las mujeres a que se propongan las metas más altas, ya que mientras no cambie la estructura de la sociedad, será virtualmente imposible hacerlo. Fomentar esta visión, señala la profesora, sólo provoca que la culpa de un hipotético fracaso recaiga en las mujeres, no en un contexto en el que aún juegan en desventaja. La ideología de la mujer que lo debe “tener todo” (“have it all”, término que aparece en el estudio de la Universidad de Akron, y que da título al texto de Slaughter) o de la supermujer parece encontrarse en un proceso de revisión que propone unas ideas más realistas de las auténticas posibilidades de conciliación entre trabajo y familia, como también sugiere Judith Warner en las páginas de Time, que defiende que hay que dejar de difundir dicha idea, que considera dañina.

Hilary Rosen acusó a Ann Romney de no haber trabajado nuncaEl pasado viernes la profesora del University College de Londres Melissa Terras publicaba un artículo en The Guardian bajo el nombre de La falacia de la supermamá en la que recordaba que su éxito personal y laboral no se debe a unas condiciones especiales, sino a una combinación entre la “suerte, tomar las decisiones correctas, el trabajo duro y el apoyo”. Es decir, no se trata tan sólo de la voluntad de la mujer, sino también de gozar de unas circunstancias favorables y del apoyo del entorno. Y en la misma línea que Frech y Damaske, Terras recuerda que es mucho más duro cuidar todo el día de tres niños que trabajar fuera de casa: "Creedme, lo he hecho", afirmaba la investigadora.

La guerra de las mamás

No se trata de un hecho puntual: el término “mommy wars” fue acuñado a mediados de los ochenta, con el libro Mommy Wars: Stay-at-Home and Career Moms Face Off on Their Choices, Their Lives, Their Families, para referirse a las discusiones que en teoría se producen entre aquellas mujeres que han decidido dedicarse a cuidar su hogar y las que consideran que su principal prioridad es su carrera laboral. Aunque se trata de un conflicto que nunca se ha extinguido, la publicación del ensayo The Conflict: How Modern Motherhood Undermines the Status of Women (Metropolitan Books) ha provocado el retorno de la polémica. En él, Elisabeth Badinter defiende que las nuevas ideas sobre la crianza, según las cuales la madre ha de estar continuamente con sus hijos, dormir con ellos y dejar que el padre se mantenga al margen son “reaccionarias” y lo único que consiguen es mantener a la mujer fuera del mercado laboral, lo que según la autora debería ser su principal objetivo. Además, las cosas sólo empeoraron cuando la demócrata Hilary Rosen acusó a la mujer del candidato Mitt Romney, Ann, madre de cinco hijos, de “no haber trabajado un día en su vida”, unas declaraciones que como las de Clinton han sido interpretadas como un desprecio hacia las amas de casa.

Dicha controversia ha sido catalogada como absurda por un amplio sector del feminismo académico, en cuanto que responde a decisiones vitales personales que no tienen por qué ser excluyentes. La socióloga y directora ejecutiva del Consejo de Familias Contemporáneas Barbara Risman, señalaba que la polémica, espoleada por los medios de comunicación y el mundo de la política, lo único que provoca es el olvido de los principales problemas que afectan a la mujer contemporánea, como es la citada imposibilidad de la conciliación entre vida familiar y laboral. La francesa Badinter afirmaba que dicha controversia no es más que un fenómeno estadounidense; aunque quizá no conozca la polémica que rodeó la pronta incorporación de la antigua ministra de Defensa Carme Chacón a la labor pública tras su parto o la controversia sobre la decisión de Soraya Sáenz de Santamaría de no solicitar la baja tras su maternidad (algo que ocurre en España con el 18% de las mujeres con cargos ejecutivos, según datos del IESE), decisiones apoyadas y rechazadas por diferentes sectores de la población que mostraron que la “guerra de las mamás” está lejos de terminar, también en nuestro país.