LA SAGA CINEMATOGRÁFICA DEL CASO WIKILEAKS

Los juicios-espectáculo o la apelación a la opinión pública

“La defensa de Julian Assange se ve inevitablemente abocada a recurrir a la emotividad y a su personalización para jugar en el mismo campo de quienes

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Los juicios-espectáculo o la apelación a la opinión pública
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    “La defensa de Julian Assange se ve inevitablemente abocada a recurrir a la emotividad y a su personalización para jugar en el mismo campo de quienes pretenden juzgarlo y condenarlo. Desde el punto de vista periodístico podemos criticar esta estrategia, pero no le ha quedado otro remedio”. Esta es la visión del experto en comunicación política internacional Pascual Serrano, y es que la incorporación del mediático jurista Baltasar Garzón a la defensa del fundador de Wikileaks, acusado de violación en Suecia, muestra definitivamente las intenciones de convertir esta historia con tintes cinematográficos en un juicio-espectáculo.

    Su rodaje se está realizando en el plató global de la comunicación siguiendo un guion expresamente escrito para influir en la opinión pública internacional. La última figura en incorporarse al plantel de actores protagonistas ha sido Christine Assange, madre del perseguido activista, representando un papel propio de la ‘madre coraje’ en el que las apelaciones a la emotividad de quien ha “perdido” a su hijo por defender una causa justa son constantes. Un recurso al victimismo con grandes dotes para empetizar con las madres que hayan sufrido la pérdido de un hijo.

    El discurso de Christine Assange que conmocionó a todas las madres

    El objetivo del dueto Garzón-Assange se centra en conseguir la absolución de la comunidad internacional antes de que el activista australiano se siente en el banquillo de los acusados para responder por una supuesta violación cometida en territorio sueco. Un caso turbio y con ciertas inconsistencias que hacen pensar a Serrano que “las dos partes (acusación y defensa) están jugando la carta mediática”. Una partida, dice el analista, que se está inclinando a favor de Assange.

    El catedrático de Comunicación y Opinión Pública, Víctor Sampedro, refuerza esta misma postura triunfalista como resultado del uso de las nuevas tecnologías de la comunicación: “La hegemonía de Estados Unidos se ha hundido debido a internet, donde se ha fraguado la sociedad civil internacional siendo capaz de librar un pulso a quienes basaban su poder en el control y la opacidad”.

     
    Héroe o villano, esa es la cuestión, aunque pocos son ya los que intentan caricaturizarlo como un “terrorista”, a excepción de algún exaltado presentador de la cadena norteamericana Fox que ha pedido abiertamente su ejecución. “No infringió ninguna ley, simplemente hizo lo que cualquier periodista de investigación haría en su lugar, que es revelar la verdad al público. Y por eso ahora quieren asesinarlo”, explicaba Christine Assange el pasado viernes en la televisión de propiedad estatal rusa, Russia Today, entre sollozos y sujetando una fotografía de su hijo cuando todavía era un niño. Una orquestada contribución a la humanización del enemigo público número uno de Estados Unidos, cuyos efectos sobre los destinatarios de este SOS todavía están por evaluar.

    Los juicios-espectáculo nacieron en Hollywood

    La batalla librada en los medios de comunicación para expiar los pecados antes de que se celebre el juicio tuvo su primera resonancia en el escándalo de la estrella cinematográfica ‘Fatty’ Arbuckle. Se trató del primer juicio-espectáculo de Hollywood que tuvo lugar en los años 20. En aquella ocasión, la sentencia de los medios fue claramente contraria al actor, a quien se le acusó de violar y matar a Virginia Rappe a pesar de la campaña a su favor de otras estrellas de la meca del cine, como Buster Keaton o Charles Chaplin. Finalmente fue absuelto de los cargos de asesinato. El caso Roman Polanski, también acusado de violación, fue otro de los que se jugó previamente en los medios, y el documental Roman Polanski. Se busca, dirigido por Marina Zenovich, da buena cuenta de ello.El fundador de Wikileaks ha mediatizado su imagen para humanizar su figura

    En el caso de Assange la gestión de este proceso todavía ha sido más complicada, al tratarse de un personaje anónimo que se ha visto obligado no solo a construir de cero su imagen, sino a humanizar la figura de los hackers, acercándola a la gente común, desmitificándola de sus negativos estereotipos y equiparándola a la función social de cualquier organización a favor de los derechos y libertades humanas. Precisamente, es este último paralelismo el que introduce a Garzón como protagonista de la última entrega de la saga Wikileaks: “La alianza entre el defensor de la justicia internacional y el activista por el derecho universal a la información” podría ser su título.

    Las ‘amistades peligrosas’

    El fundador del portal informativo de filtraciones es de los que no pegan puntada sin hilo y la elección de sus amistades es buena muestra de ello. Si en un principio no dudó en aliarse con el Kremlin para emitir su programa de entrevistas The World Tomorrow en la televisión Russia Today, jugando así en el tablero global de las relaciones internacionales con el que Vladimir Putin pretende dimensionar su estrategia, tampoco le ha costado forzar otras ‘amistades peligrosas’ con intereses muy alejados de los de Moscú, como la del presidente ecuatoriano Rafael Correa para conseguir asilo o la de Garzón para que lo defienda. Una suerte de esquizofrénica huida hacia adelante que recuerda al juego de alianzas antagónicas de Ilich Ramírez ‘Carlos’, reflejo de las miserias en pro de la supervivencia, cuyas peripecias vitales llegaron a la gran pantalla de la mano del director de cine Olivier Assayas.La 'madre coraje' de Assange y Baltasar Garzón han entrado en el juego para ganarse a la opinión pública

    Sampedro define el dueto Garzón-Assange como “la suma de los dos máximos representantes de las nuevas generaciones que actúan en nombre de la sociedad civil transnacional y apelan directamente a la opinión pública global”. Una trascendental coalición de intereses que “si le sumamos la incorporación de un Estado desvinculado de la órbita de influencia estadounidense, como es el caso de Ecuador, las vías que se abren para la configuración de esa sociedad civil internacional son impresionantes”, añade el catedrático, inmerso en pleno proceso de redacción de un ensayo sobre el histórico papel de Wikileaks.

    ¿Una base jurídica para el conocimiento libre?

    Alberto Corsín, antropólogo de la red e investigador del CSIC, insiste en la relevancia de esta alianza: “La confluencia entre estos dos ámbitos –el derecho internacional y el acceso abierto a la red– podría acabar en una jurisdiccionalización de la cultura libre, que hasta ahora ha sido penalizada. Es decir, que el derecho a la libre circulación de información o el derecho a internet salga del ámbito nacional y se proteja como si fuese un derecho humano más”. Un salto cualitativo que armaría jurídicamente el discurso del conocimiento libre de las asociaciones y comunidades de internautas.

    Otra de las posibilidades es que esta alianza se limite a engordar los egos de ambos protagonistas. El problema de ambos personajes, indica Sampedro, “es que tratan de personificar lo que son movimientos sociales anónimos y de ciudadanía global. Esto deja un cierto margen para la manipulación de los intereses colectivos con el fin de rentabilizarlos personalmente”. Para evitar este extremo, propone “desarrollar mecanismos de rendición de cuentas”. Además, según advierte Sampedro, existe el riesgo de que todo sea un espejismo: “Existen algunas contradicciones en este proceso, internet tiene un marcado control norteamericano, aunque no hegemónico, y la legislación que realmente afecta a la vida de los individuos sigue siendo la nacional y no la internacional”.  

    Alma, Corazón, Vida
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