"No se te ocurra pegar a tus hijos, bajo ningún concepto"
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EL CASTIGO FÍSICO GENERA PROBLEMAS MENTALES

"No se te ocurra pegar a tus hijos, bajo ningún concepto"

“Las personas que han sido castigadas físicamente tienen una probabilidad muchísimo mayor de tener problemas de salud mental”. Esta es la principal conclusión a la que

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"No se te ocurra pegar a tus hijos, bajo ningún concepto"

“Las personas que han sido castigadas físicamente tienen una probabilidad muchísimo mayor de tener problemas de salud mental”. Esta es la principal conclusión a la que ha llegado un reciente estudio que aparecerá en el número de agosto de la revista científica Pediatrics, realizado por la epidemióloga Tracie Afifi de la Universidad de Manitoba (Canadá). La investigación señala que entre el 2% y el 7% de los problemas mentales tiene su origen en los abusos físicos que los pequeños reciben durante su infancia.

La principal novedad de la investigación es que pone de relieve que el castigo físico no abusivo también causa problemas mentales a largo plazo, entre los que se cuentan los desórdenes de ansiedad, abuso de alcohol y drogas o problemas de bipolaridad. Es decir, según el estudio no sólo aquellos actos físicos que producen daño corporal o lesiones son negativos en el largo plazo, sino también aquellos considerados como no abusivos, como pueden ser los azotes. Aunque se había demostrado que el abuso físico, psicológico o sexual tenía fuertes consecuencias durante toda la vida del que los había parecido, aún no existía evidencia clara de que los castigos físicos menos duros pudiesen tener ese tipo de efectos.

“Nunca jamás debería recurrirse a ningún tipo de castigo físico”, recuerda en el estudio Afifi. “En ningún niño, a ninguna edad. Lo más importante es que los padres tengan conciencia de este hecho”. La investigadora considera que las herramientas idóneas son el refuerzo positivo y la recompensa a las buenas acciones. Es decir, en lugar de castigar lo negativo, es preferible hacer saber al niño lo que ha hecho bien con el objetivo de que lo repita en el futuro.

No todos los investigadores están de acuerdo en que todo castigo corporal es maloEl estudio fue realizado a partir de una muestra de 35.000 adultos estadounidenses, encuestados entre 2004 y 2005. De todos ellos, alrededor de 1.300 (un 5,9%) admitieron que habían sufrido un castigo físico, en forma de “golpes, empujones o bofetadas propinadas por sus mayores”. Significativamente, era este grupo el que presentaba un mayor número de problemas mentales en su edad adulta. “Este tipo de castigo se encontraba asociado con malas respuestas psicológicas de forma casi uniforme en todos los casos estudiados”, señala Tracie Afifi.

Los azotes se encuentran prohibidos en más de 30 países de todo el mundo. El pionero fue Suecia en 1979, que durante cinco años fue el único país en condenar explícitamente todo tipo de castigo corporal; hasta 1984, año en el que Finlandia se uniría a sus vecinos. Poco después, Dinamarca, Noruega y Austria también participarían en dicha iniciativa. En España, una ley de 2007 elimina todo resquicio legal para la utilización del castigo físico, aclarando que “la patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos”.

Diferentes estudios sobre el tema han llegado a la conclusión que dicha legislación permitió alterar con el paso del tiempo las actitudes de los padres suecos hacia sus hijos. A comienzos de los años setenta, más de la mitad de la población sueca consideraba que los azotes eran positivos en la educación de sus hijos. Una década después de la aprobación de la ley, apenas un 10% se mostraba de acuerdo.

Efectos positivos

Sin embargo, no todos los investigadores se muestran de acuerdo en que todo tipo de castigo corporal es malo. Robert E. Larzelere publicó en las páginas de la propia revista Pediatrics un artículo que bajo el nombre de Una revisión de las consecuencias del uso parental del castigo físico no abusivo o tradicional mantenía que podía constituir una útil estrategia “entre los dos y los seis años”. De hecho, el propio investigador redactó una respuesta al estudio realizado en 2002 por E.T. Gershoff en el que mantenía que los niños que habían sido azotados tenían más probabilidades de convertirse a la larga en delincuentes o inadaptados sociales. Larzelere revisó los datos proporcionados por la estudiosa de la Universidad de Columbus, Ohio, para mantener que los mismos “no justifican la condena absoluta a los azotes moderados y disciplinarios”. El profesor mantiene que las consecuencias de dicha actuación no dependen del hecho en sí, sino de la manera que los padres tienen de hacer entender a sus hijos por qué han sido golpeados, y puede ser positivo como uno de los últimos recursos empleados tras el agotamiento de otras vías como el razonamiento con el niño. Es su llamado “modelo de secuencia condicional”.

Los golpes frecuentes antes de cumplir los dos años producían problemas de conductaEl profesor se ha mostrado particularmente crítico con el estudio realizado en la universidad canadiense, ya que como aseguraba en las páginas de USA Today, “no hace más que establecer una relación entre ambas cosas, pero no intenta ir más allá y averiguar qué es lo que causa realmente los problemas mentales. Más importante aún que golpear o no a tu hijo es la percepción que este tenga de por qué está recibiendo el castigo”. Una crítica semejante a la planteada a Gershoff hace una década.

Un nuevo modelo

La visión sobre el tema se ha alterado significativamente durante la última década, y cada vez existen más pruebas de los elementos negativos de este tipo de acciones. Por ejemplo, dos estudios realizados en 2004 demostraron que azotar a los niños estaba directamente vinculado con las actitudes antisociales cuando crecían. Por un lado, el realizado por Andrew Grogan-Kaylor de la Escuela de Michigan de Trabajo Social que concluía que “incluso las cantidades más mínimas de golpeo a niños pueden derivar en una probabilidad mucho mayor de que se comporten de forma asocial. Nuestro estudio proporciona información suficiente y rigurosa para defender que el castigo corporal no es una estrategia disciplinaria o apropiada”.

El mismo año, Eric P. Slade y Lawrence S. Wissow de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad John Hopkins se fijaron en los niños menores de 24 meses en su estudio para intentar averiguar de qué forma los azotes de sus padres influían en su integración social. Y llegaron a una conclusión semejante a la de Grogan-Kaylor: que los golpes frecuentes antes de cumplir los dos años se asociaban directamente con problemas de conducta durante la etapa escolar. Al mismo tiempo, cada vez existe más bibliografía que defiende una asociación entre los abusos físicos y la posibilidad de sufrir problemas cardiacos o mentales durante la madurez. Aunque todos los estudios parecen ponerse de acuerdo en que los abusos físicos son determinantes en estos casos, sigue existiendo un fuerte debate sobre si todo castigo físico es negativo, tan sólo lo son los más duros, o como afirma Larzelere, se encuentra en la integración del acto en un discurso educativo determinado lo que decidirá si es pertinente o no.