"SE CREE QUE UNA PERSONA MAYOR ESTÁ VICIADA"

No vales: tienes 45 años y ni eres flexible ni te adaptas

“Si no trabajo, es por mi edad, no por la crisis”. Es la idea que comparten el 90,6% de los parados que han participado en el

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No vales: tienes 45 años y ni eres flexible ni te adaptas

“Si no trabajo, es por mi edad, no por la crisis”. Es la idea que comparten el 90,6% de los parados que han participado en el IV Informe Mayores de 45 años en el Mundo Laboral, que acaba de publicar la Fundación Adecco. Se trata de un perfil de desempleado que va en aumento y que, según el informe, conforma el 37,8% del total, después de que en el último lustro más de un millón de personas de esta edad hayan acabado en el paro. El drama de este perfil es aún peor teniendo en cuenta que son aquellos que tienen más dificultades para volver al mercado laboral.

Francisco Mesonero, director general de Fundación Adecco, recuerda que “es un tema del que apenas se habla” y señala que existen dos cuestiones por las que se produce esta discriminación hacia los trabajadores de más de cuarenta y cinco años: “En primer lugar, se piensa que una persona de esa edad ya se encuentra viciada. En segundo lugar, hay que preguntarse si la experiencia que se tiene es válida hoy en día. Por ejemplo, las nuevas tecnologías y la velocidad de la innovación juegan en contra de ese perfil”.

La mayor parte de ellos (un 86,5%) son trabajadores que han acabado en el paro después de un despido o un expediente de regulación de empleo. Juan Carlos Fernández Arroyabe, director del Máster en Recursos Humanos de ESIC,  recuerda que “las grandes empresas, las que cotizan en el Ibex 35, como los bancos o las empresas eléctricas, han llevado a cabo unas políticas de abaratamiento de estructuras y de costes salariales que ha producido un gran número de prejubilaciones y en su lugar se han incorporado otros jóvenes que estaban siendo infrautilizados”. Mesonero añade que “al recortar costes, las empresas han prescindido de los trabajadores más caros, es decir, los que llevaban más tiempo en la empresa. Fueron los primeros afectados por los EREs, que en su mayor parte eran hombres porque hace veinte años la mujer aún no estaba tan integrada en el mercado laboral como hoy”.

El trabajador tiene que darse cuenta de que la competitividad ahora es mucho mayorEl 59,2% de los trabajadores de esta edad llevan en paro más de un año, nueve puntos por encima de la media nacional, lo que indica que no sólo están perdiendo sus trabajos sino que cada vez les es más complicado volver a encontrarlos. El profesor Arroyabe añade que “con esa edad, el trabajador tiene bastante experiencia, obligaciones familiares, una cierta exigencia y está ocupando un puesto de trabajo que a lo mejor un joven que no la tiene sí está dispuesto a ocupar”.

Flexibilidad y cargas familiares

La mayor parte de expertos coinciden en que una de las grandes dificultades para la población de dicha edad es aceptar el nivel de flexibilidad personal que los jóvenes están dispuestos a aceptar. Para Fernández de Arroyabe, “la clave, por políticamente incorrecto que pueda parecer, es la flexibilidad. Los trabajos ya no son iguales y en muchos casos nos tendremos que adaptar. Esto se traduce en empleos con una mayor movilidad, aceptar el carácter discontinuo de algunos trabajos que pueden necesitar que se trabaje durante seis meses y luego se esté parado otros seis o ser consciente de que a partir de ahora se van a necesitar llevar a cabo tareas muy diferentes dentro de la misma empresa, lo que implica una mayor formación”. Sin embargo, el profesor reconoce que “a un joven se le puede pedir fácilmente esta movilidad. Con alguien mayor, resulta mucho más complicado”.

Según los datos de la encuesta, el 93,4% de los parados aceptaría un empleo de cualificación inferior a su formación, un 34,3%, a cambiar de ciudad, y un 25,6% a abandonar el país, aunque Mesonero aclara que “en realidad no es así, sino que estamos en una cultura donde la gente no está tan dispuesta a desplazarse geográficamente, por sus cargas, algo que un joven sin responsabilidad familiar sí puede hacer. El trabajador tiene que darse cuenta de que la competitividad ahora es mucho mayor”.

Algunos profesionales no se han actualizado o formado lo suficienteUno de los datos de la encuesta indica que de todos los parados de dicha edad, el 75,2% tienen familiares económicamente dependientes, tanto hijos como padres. Se trata de un círculo vicioso, en cuanto que se ven en la obligación de encontrar trabajo con mayor urgencia pero al mismo tiempo sus responsabilidades familiares no les permiten aceptar los mismos trabajos que los más jóvenes. Rafael Ibáñez Rojo, profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid señala en ese sentido que “muchas personas de estas edades, por mucho que quisieran, no podrían someterse a dichos criterios de flexibilidad”.

¿Un problema de cualificación?

Se suele señalar a la diferencia de preparación como una de las causas por las que resulta complicado que una persona mayor pueda volver al mercado laboral, comparado con las generaciones posteriores. Fernández de Arroyabe señala que “algunos profesionales no se han actualizado o formado lo suficiente, por lo que cuando se quedan en paro descubren que muchos jóvenes los superan”. Para Mesonero, no se trata tanto de hacer valer la propia experiencia, “como de orientarlo hacia lo que las empresas demandan”.

Sin embargo, para Rafael Ibáñez no es así: “no creo que el elemento estructural sea la cualificación, aunque se suela hablar de ello en estos casos. Más bien, ocurre que con la gran cantidad de paro juvenil y sobreabundancia de jóvenes licenciados listos para trabajar que existe en estos momentos, que tienen la posibilidad de aceptar contratos más flexibles, es normal que se produzca dicho desplazamiento”. Y añade que la experiencia no se valora lo suficiente en nuestro país.

Los alemanes y los franceses han devuelto a su país industrias como la automovilística, con lo que ello significaPara Fernández Arroyabe, la solución a esta situación es precisamente mejorar la competitividad a base de una mejor preparación. “Una persona que lleva veinte años en la misma empresa debe tener presente que debe formarse”. Sin embargo, Ibáñez mantiene que “aunque la reducción de costes de plantilla se ha producido de manera internacional”, el caso español es diferente por su propia estructura productiva. “Se ha incentivado que España sea parte del sector periférico de Europa, dedicado a labores de puro montaje. Y ya no me refiero sólo a los casos más evidentes, como pueden ser la construcción o el turismo, sino incluso el caso de jóvenes ingenieros que son contratados para ‘picar’ código durante ocho horas al día”, es decir, un trabajo mucho más mecánico.

Un nuevo proceso

Para Rafael Ibáñez se trata de un problema que está influido por la situación del país: “La diferencia es el tejido empresarial y la incapacidad del Estado para crear actividades con un mayor valor añadido. No existen en España las grandes corporaciones con peso industrial, salvo en el sector de las telecomunicaciones, capaces de concentrar inversión, por lo que se ha buscado mano de obra entre la población más joven”. El profesor añade que “el ajuste ha pasado por la repatriación de muchas actividades. Por ejemplo, los alemanes y los franceses han devuelto a su país industrias como la automovilística, con lo que ello supone en cuanto a los empleos con mayor valor añadido”. Mesonero se muestra de acuerdo en que la deslocalización de muchas actividades obliga a cambiar de objetivo.

Mesonero añade que estos trabajadores “no van a encontrar trabajo de lo mismo que trabajaron en su día, como puede ser el sector financiero o en la banca, así que deben reciclarse”. Curiosamente, un 10,8% de estos parados son personas que se han incorporado al mercado laboral por primera vez o han vuelto después de un tiempo dedicados a otras labores. Se trata de un grupo conformado en su mayor parte por mujeres (un 94%), lo que sugiere que existe un amplio porcentaje de amas de casa se han visto obligadas a acceder al mercado laboral.

En último lugar, el estudio señala que la cantidad de ancianos irá en aumento durante los próximos años. Se estima que la población entre 65 y 80 años crecerá un 40% a lo largo de toda esta década, lo que provocará un empeoramiento de esta situación. Mesonero alude el factor demográfico al señalar que “la pirámide poblacional se encuentra ensanchada en la población nacida entre 1964 y 1976, e irá a peor si no aumenta la natalidad. Debemos tener presente que no se trata de un problema coyuntural, sino que se agravará a no ser que se tomen políticas activas para el fomento del empleo entre los mayores”. Todo un reto que se añade a la ya de por sí conflictiva situación actual.

Alma, Corazón, Vida
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