Cinco consejos para ahorrar cocinando de forma sana
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ALIMENTACIÓN BARATA Y DE CALIDAD

Cinco consejos para ahorrar cocinando de forma sana

El ajetreo de las tareas cotidianas nos hace descuidar nuestra alimentación y nos empuja a hacer gastos innecesarios en comida precocinada y preparados alimenticios que son

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Cinco consejos para ahorrar cocinando de forma sana

El ajetreo de las tareas cotidianas nos hace descuidar nuestra alimentación y nos empuja a hacer gastos innecesarios en comida precocinada y preparados alimenticios que son caros y poco saludables. Al menos de momento, no es necesario volver a las técnicas culinarias de posguerra, cuando se hacían maravillas con productos de saldo, pero seguir una serie de consejos básicos nos puede ayudar a comer mejor, gastarnos mucho menos dinero, y gestionar de forma óptima el tiempo que gastamos en la cocina. Estas son prácticas culinarias que todo el mundo debería conocer, pero que en muchos casos hemos olvidado por comodidad o pereza, castigándonos con tuppers de dudosa calidad.

1. Haz la compra a diario

Es una tarea complicada, y para algunos irrealizable, pero si se hace un esfuerzo nuestra alimentación y nuestro bolsillo lo agradecerán. Comprar lo que se necesita sólo para el día siguiente hace que podamos escoger con mucha flexibilidad nuestro menú, escogiendo los productos frescos más baratos cada jornada. Además nos ayuda a calcular las cantidades, evitando que se acumule comida en la nevera que nunca llegamos a utilizar, y que acaba en una esquina generando nuevas formas de vida.

Comprar día a día nos ayuda a calcular mejor las cantidadesUn consejo es organizar una compra semanal, o quincenal incluso, en supermercado, para adquirir productos que aguantan mejor (leche, conservas, pasta, aceite…), evitando en todo caso comprar productos frescos. Estos son los que deberemos comprar a diario, pensando sólo en las comidas y cenas del día siguiente. En las fruterías, carnicerías y pescaderías ajenas a los hipermercados se suelen conseguir mejores precios y, en muchos casos, mejor género. Comprar estos productos a diario nos forzará a comer mejor y aprenderemos que establecimientos cercanos se ajustan mejor a nuestras necesidades.

2. Compra productos de temporada

Esto es aplicable principalmente a la fruta y la verdura, pero también a la carne y el pescado. Los productos de temporada son mucho más baratos y su calidad es muy superior. Aunque hoy en día se puede adquirir casi cualquier cosa todo el año, si compramos productos fuera de temporada lo más probable es que estemos adquiriendo fruta o pescado previamente congelado, importado –con el consiguiente deterioro debido al transporte– o de segunda.  

También hay carne y pescado de temporadaAunque la fruta y la verdura tienen temporadas más rigurosas, también hay épocas mejores para distintos tipos de pescado y carne. La caza, por ejemplo, se debe adquirir en invierno. El pescado azul es mejor, y más barato, en verano y los salmonetes o la palometa de diciembre a mayo.  

 3. Almacena correctamente los alimentos

Saber guardar correctamente la comida es la clave para poder hacer la compra de forma inteligente. Si no se puede ir todos los días al mercado esta será la clave para no acabar tirando comida y, ya de paso, disfrutar de todo su sabor.

No tiene ningún sentido meter en la nevera los huevos o el pan de moldePara evitar ir a la compra tan a menudo, muchas familias han generalizado el uso de la nevera para todo tipo de productos, alargando así su vida útil. Esto es un tremendo error. En la medida de lo posible, y sobre todo en invierno, es recomendable dejar la fruta en temperatura ambiente. Tampoco tiene ningún sentido meter en la nevera los huevos o el pan de molde. Ni siquiera el queso y la mantequilla están bien en la nevera, se endurecen y pierden gran parte de su sabor. Puede que en verano sea necesario mantenerlos en frío, pero en invierno no hay ninguna necesidad.

Otro error es colocar las patatas y las cebollas en el mismo espacio, pues juntas se pudren. Tampoco deben estar en un sitio demasiado cerrado, no deben de estar expuestas a la luz, pero necesitan respirar. Siguiendo este consejo pueden aguantar en perfecto estado varios meses.

4. Aprovecha las sobras

Un buen cocinero doméstico debe evitar siempre tirar comida y, para esto, lo mejor es saber aprovechar las sobras. Además, si de un plato sabemos sacar dos, ahorraremos y podremos estirar la vida útil de nuestra comida. La cocina tradicional española tiene decenas de platos que sirven para aprovechar las sobras. Los más celebres son quizás las croquetas o la ropa vieja –un preparado con los restos del cocido­–, pero hay muchos otros guisos. 

Hay platos que llevan muy mal el recalentado, pero son exquisitos tras una sencilla transformación. Es el caso de la pasta. Si nos sobra se pueden hacer tortillas o buñuelos, una técnica muy extendida entre los italianos pero apenas usada en España, y que consiste, en resumidas cuentas, en mezclar las sobras con huevo y freírlas. En Suecia es muy típico aprovechar los restos de carne para hacer un sofrito con patatas y cebolla, conocido como pit i pana. El pan duro se puede aprovechar para hacer salmorejo o sopas de ajo, pero también rallarlo para hacer empanados. Hay tantas transformaciones como alimentos. 

5. Congela con inteligencia

Saber congelar los productos correctamente puede ser la solución a todos nuestros problemas si no tenemos tiempo para cocinar a diario. Basta con hacer cantidades abundantes, dividirlas en raciones y tener buenos recipientes para que la comida no se cuartee. No todos los preparados se congelan igual de bien. La pasta, el arroz y los fritos son poco amigos del congelador. Lo que mejor aguanta la congelación son los guisos de todo tipo: legumbres, pollo, carne o pescado. Hay otros productos que no asociamos con el congelado, pero que, incluso, se pueden usar directamente sin descongelar. Es el caso del perejil, que se puede congelar y trocear sólo lo que necesitemos en cada momento, sin depender de nuestro frutero. 

Hay que evitar a toda costa meter en el microondas la comida sin descongelarTan importante como congelar correctamente es descongelar bien. Lo mejor es que el proceso sea lo menos brusco posible. Si planeamos lo que vamos a comer al día siguiente podemos sacar el recipiente del congelador y meterlo en la nevera, allí se irá descongelando lentamente. Lo que hay que evitar a toda costa es meter en el microondas la comida sin descongelar. Esto nos llevará a un fracaso prácticamente asegurado, con partes frías y otras recocidas.