DIEZ EXPLICACIONES SOBRE LOS RECUERDOS QUE PERDURAN

Características de lo memorable: por qué algunas frases nunca se olvidan

“La forma en la que expresamos la información es determinante a la hora de que se quede grabada en la mente del público”. Esta es la

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Características de lo memorable: por qué algunas frases nunca se olvidan

“La forma en la que expresamos la información es determinante a la hora de que se quede grabada en la mente del público”. Esta es la tesis principal de un estudio realizado en la Universidad de Cornell (Nueva York), dirigido por Cristian Danescu-Niculescu-Mizil y llamado You had me at hello: How phrasing affects memorabilty, parafraseando las palabras de Renée Zellweger en Jerry Maguire (Cameron Crowe, 1996).

Mientras otras investigaciones emplean como base encuestas, tubos de ensayo o estadísticas globales, el material de trabajo de los universitarios ha sido la lista de las cien frases más famosas de la Historia del Cine creada por el AFI (American Film Institute). ¿Por qué esas y no otras, se preguntan, y qué las caracteriza?

A diferencia de lo que es habitual, este estudio no proviene del departamento de lingüística, semiótica o sociología, sino del de ciencias computacionales. El tratamiento informático de la información ha sido determinante en la investigación. “Cuando comencé este experimento, la gente me decía ‘es algo cultural, un ordenador no puede captarlo’”, se defiende Danescu.

Distintividad y generalidad

El experimento no se circunscribe al ámbito del cine, sino que puede ser aplicado a cualquier ámbito en el que el recuerdo de expresiones verbales juegue un papel esencial, como por ejemplo, la creación de slogans publicitarios. Sin embargo, el acierto de Danescu se ha encontrado en utilizar ejemplos archiconocidos de un campo conocido en todo el planeta, lo que ha facilitado la difusión del mismo. De hecho, cualquiera que quiera puede participar en el experimento a través de un link habilitado en su página web y comprobar qué frases recuerda mejor.

Danescu apunta que dos son las principales características de una oración memorable. En primer lugar, una distintividad que las diferencia del resto y en segundo lugar, una generalidad que las permite aparecer en circunstancias muy distintas. Dos ideas principales que, a su vez, se manifiestan en las siguientes características:

1. Fáciles de utilizar fuera de su contexto específico: “Alégrame el día” (Harry el sucio, Dirty Harry, Don Siegel, 1971).

Una característica esencial de este tipo de frases es la posibilidad de ser empleadas en coyunturas muy distintas, lo que garantiza su utilización frecuente en la vida cotidiana y que se conviertan en expresiones recurrentes. Un buen ejemplo puede ser la célebre sentencia del personaje de Clint Eastwood, que puede servir tanto para amenazar a un peligroso delincuente como para motivar a tus empleados o recibir a tu marido al volver a casa. Además, su versión original, ya empleaba el vocablo punk pocos años antes de caracterizar todo un género musical.

2. Utilizar términos poco habituales: “Sayonara, Baby” (Terminator, James Cameron, 1984).

Muchos estadounidenses se habrán sorprendido al escuchar a los españoles reproducir la célebre despedida del personaje de Arnold Schwarzenegger, pues lo que para nosotros fue un japonés sayonara, para ellos se trataba de nuestro habitual hasta la vista. Los traductores debieron pensar, acertadamente, que cómo íbamos a recordar lo que para nosotros es una fórmula habitual de despedida, así que recurrieron a un idioma exótico y poco conocido para garantizar el recuerdo de la expresión. Funcionó: ¿quién no sabe despedirse de un japonés gracias al antiguo gobernador de California?

3. Son paradójicas: “Francamente, querida, me importa un bledo” (Lo que el viento se llevó, Gone with the wind, Victor Fleming, 1939)

En el número uno de las frases más recordadas se encuentra la que Rhett Butler (Clark Gable) pronunciaba al final de la épica producción de David O. Selznick. Si por algo se ha quedado en la mente de los espectadores es por su utilización de distintos niveles del lenguaje en una misma oración (ese “querida” que contradice el directo “me importa un bledo”), utiliza la ironía, la cortesía y la blasfemia en menos de diez palabras. De hecho, se dice que el Código Hays impuso una multa de cinco mil dólares al productor, una anécdota que nunca ha sido confirmada.

4. No realizan distinciones genéricas: “Nadie es perfecto” (Con faldas y a lo loco, Some like it hot, Billy Wilder, 1959)

Una frase que puede ser aplicada a cualquier persona o situación aumentará las probabilidades de ser utilizada. Es lo que ocurre con la célebre clausura del clásico de Billy Wilder, que en el momento de su escritura fue un mero apaño circunstancial pergeñado por el director polaco y su guionista I.A.L. Diamond, hasta que se les ocurriese algo mejor a la mañana siguiente. No lo consiguieron, lo que demuestra la pertinencia de esta frase-comodín que ha sido utilizada por todo el mundo para cualquier cosa, en cualquier situación. Especialmente para justificar los propios errores.

5. Proponen fórmulas recordables: “Amar significa no tener que decir ‘lo siento’” (Love Story, 1970)

Otra aseveración muy utilizada, especialmente en el ámbito de las discusiones de pareja, y generalmente en esos momentos en que se espera la retractación de uno de los miembros de la misma. Una coyuntura en la que el cine, de repente, parece conferirse una autoridad especial para justificar nuestras acciones, un papel semejante al que jugó el refranero popular en un pasado. Sin embargo, no todo tiene por qué ser negativo: seguramente James L. Brooks tuvo muy presente la utilización de estas fórmulas al escribir su célebre “tú haces que quiera ser mejor persona” en Mejor… imposible (As good as it gets, 1998), probablemente la frase más empleada en momentos de reconciliación sentimental. Aunque todos sepamos de dónde viene.

6. Utilizan una sintaxis sencilla: “Houston, tenemos un problema” (Apolo 13, Apollo 13, Ron Howard, 1995)

El estudio afirma que los hipérbaton utilizados por el Maestro Yoda (“equivocado me he”) son muy llamativos en el momento que son escuchados… Pero poco recordables, debido a su alambicada estructura. Por lo tanto, es preferible utilizar una frase compuesta de sujeto, verbo y predicado, en su orden habitual, si queremos quedarnos en la mente de los espectadores, como ocurre con la célebre frase de la película de Ron Howard. En ella, se simplificaba el tiempo verbal utilizado por el astronauta Jack Swigert al observar encenderse la luz de emergencia de la nave, sustituyendo el presente perfecto del original (“hemos tenido un problema”) por el presente simple que ha pasado a la historia.

7. Son cortas: “Que la Fuerza te acompañe” (La guerra de las galaxias, Star Wars, 1977)

Apenas cinco palabras (seis en su versión anglosajona, “may the force be with you”) conforman el principal motto de la saga de George Lucas La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977). Además, utiliza una métrica bastante sonora, al menos en su versión original, al encontrarse compuesta por dos sílabas débiles y una fuerte: las buenas frases no sólo deben presentar un lenguaje interesante, sino también sonar bien.

8. Emplean sonidos labiales: “Bond. James Bond” (Desde Rusia con amor, From Russia with love, Terence Young, 1963)

Esta tiene truco, puesto que las frases que en un idioma pueden emplear unos sonidos determinados, en otro pueden utilizar otros muy diferentes. Sólo los nombres propios garantizan la permanencia de tales fonemas, como ocurre con el hombre del célebre espía británico James Bond. No sólo el apellido comienza con la más sonora de las labiales, la “b”, sino que al ser monosílabo, parece una pequeña y tajante explosión de sonido. Que, además, suena muy sexy en la voz de actores como Sean Connery o Roger Moore.

9. Se conjugan en presente: “A veces veo muertos” (El sexto sentido, The Sixth Sense, M. Night Shymalan, 1999)

Todos convendremos en que la sentencia pronunciada por el joven Haley Joel Osment en la célebre historia de fantasmas del director hindú no habría funcionado igual si hubiese sido un “a veces veía muertos”. El presente denota que la amenaza aún es acuciante. Lo mismo ocurre con el “ya están aquí” de Poltergeist (Tobe Hooper, 1982), que habría tenido un impacto mucho menor si hubiese sido un “ya estuvieron aquí”. Con excepciones, claro está, como el futuro estoico del “mañana será otro día” de Scarlett O’ Hara (Vivien Leigh) al final de Lo que el viento se llevó.

10. Mezclan lo conocido con lo inesperado: “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…” (La guerra de las galaxias, Star Wars, 1977)

La frase que daba comienzo a la célebre saga galáctica (como ya hemos visto, un importante acervo de sentencias memorables) mezclaba la fórmula habitual de los cuentos (“hace mucho tiempo, en un país muy lejano”) con su reescritura futurista, al introducir el concepto de galaxia. Se trata de un procedimiento recurrente en la archifamosa serie, cuyo éxito se debió a conseguir conjugar las estructuras canónicas y tradicionales del viaje del héroe según Joseph Campbell con el folletín espacial a lo Buck Rogers.

Alma, Corazón, Vida
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