Retrato contemporáneo de las clases medias catalanas
  1. Alma, Corazón, Vida
"SI SIGUEN EMPOBRECIÉNDOSE, SE RADICALIZARÁN"

Retrato contemporáneo de las clases medias catalanas

“Hasta hace poco, la familia operaba como salvaguarda. Vamos a ver qué pasa a partir de ahora, porque los padres ya no están en disposición de

placeholder Foto: Retrato contemporáneo de las clases medias catalanas
Retrato contemporáneo de las clases medias catalanas

“Hasta hace poco, la familia operaba como salvaguarda. Vamos a ver qué pasa a partir de ahora, porque los padres ya no están en disposición de seguir ejerciendo de tapón”. Marina Subirats, Catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, sintetiza así las dudas sobre el destino que aguarda a la clase que gozaba de mayor estabilidad en la pirámide social, la media. En Barcelona: de la necesidad a la libertad (UOC Ediciones), Subirats analiza los cambios que han sufrido las clases sociales catalanas a partir de los datos extraídos de las cinco ediciones (de 1985 a 2006) que tuvo lugar la Encuesta Metropolitana de Barcelona. Pero ese recorrido a través de dos décadas cruciales, en las que aumentó la riqueza y se multiplicó el número de personas formadas, no sólo sirve para ofrecer un retrato acerca de las clases que conforman Cataluña, sino que advierte de las convulsas transformaciones que están operando hoy.

Según Subirats, los tres estratos que pueden apreciarse en la clase media catalana, que contaron en el pasado con rasgos bien definidos, en cuanto a recursos, hábitos y actitudes, hoy aparecen mucho más mezclados. 

1. La parte alta de la clase media está conformada por titulares de pequeñas y medianas empresas, representa hoy entre el 4 y el 5% de las capas medias, y cuenta con diversos niveles de potencia económica, generalmente ligados a las áreas geográficas de residencia.  No es un grupo especialmente urbano, y tampoco goza del mismo peso social que en el pasado, en tanto su influencia ha sido sustituida, en lo económico y en lo simbólico, por la clase corporativa, hoy dominante.

Los empresarios, a pesar de tener la posibilidad de repartirse a su conveniencia el tiempo, son quienes declaran trabajar más horas. Ya no viven, como en el pasado, en grandes casas en el centro de la ciudad, sino que residen en urbanizaciones de las afueras, principalmente en viviendas unifamiliares (en 2006, el 67% tenía una residencia de este tipo frente al 42% de 1990). Tampoco sus empresas gozan de la continuidad intergeneracional que se les atribuía en otras épocas: sólo un 15% de la clase empresaria proviene de ella, procediendo la gran mayoría de otras posiciones sociales, en general familias de origen modesto con un nivel educativo relativamente bajo.

Eso sí, mientras en 1990 apenas un 29% contaba con estudios secundarios y prácticamente ninguno con un título superior, hoy el 27% posee titulación universitaria y un 40% estudios secundarios. No es habitual que tengan familia numerosa, como ocurría en otros tiempos, aun cuando siguen teniendo más hijos que la media. Su estabilidad matrimonial es grande. Sólo hay un 5% que haya roto su matrimonio y entre ellos hay más separados que divorciados.

2. La clase profesional comprende un 20,2% del conjunto de la población metropolitana. Son el grupo con mayor porcentaje de personas autóctonas (el 80%) y el más catalanizado (el 84% habla y escribe  catalán). Es también el que tiene menos dificultades para llegar a fin de mes, el que más ahorra y el que más invierte en deuda pública. El 83% vive en un piso, y sólo el 17% tiene vivienda unifamiliar. Es un grupo más homogéneo que el de los empresarios, donde aparece gente más rica pero también capas más empobrecidas, y es especialmente receptivo con las ideas innovadoras.

Sin embargo, es la parte de la clase media que más está perdiendo en el nuevo entorno, ya que la caída en la estimación social del conocimiento, el gran número de profesionales existentes y el menor número de puestos de trabajo disponibles ofrecen un panorama muy distinto para los próximos años. Una situación que se está dejando notar especialmente en los jóvenes que provienen de esta capa social.

3. El último estrato de la clase media está conformado por autónomos y titulares de pequeñas empresas. Como asegura Subirats, este grupo, compuesto mayoritariamente por personas de origen catalán (sólo un 24% proviene del resto de España), subsiste sobre la base de pequeñas producciones artesanales, de comercios familiares, de la restauración y de pequeñas firmas que prestan servicios altamente especializados. Pueden competir en un entorno dominado por la gran empresa haciendo valer ventajas relacionadas con el trato, la proximidad o la adaptación a necesidades específicas. Sin embargo, los límites en los que se mueven están cada vez más desdibujados. Si antes pertenecían sin dudarlo a la clase media, ahora su ubicación no es tan clara. Parte de este grupo forma ya parte de la clase trabajadora tradicional y otros están más cerca de la clase profesional, a los que les vincula un saber específico.

En todo caso, este grupo de autónomos y de pequeños propietarios son una prueba clara de los cambios que están operando en la clase media, presa de unas contradicciones que son mucho más parte de nuestro tiempo que expresiones de una cultura concreta. Las conclusiones que el estudio recoge respecto de Cataluña no son distintas de las que pueden extraerse respecto de España, señala Subirats.

Escenario paradójico

“Las generaciones que provenían del franquismo consiguieron grandes mejoras en cuanto a estabilidad, salario y derechos. Sus hijos, por el contrario, tienen muchas dificultades para entrar en el mercado laboral, y cuando lo hacen no gozan de las mejores condiciones. Entre los jóvenes de clase media hay un 40% que no trabaja”. Ese escenario paradójico en el que los padres gozaron de mejores oportunidades laborales conforme cumplían años mientras que sus hijos sufren condiciones que empeoran progresivamente va a generar notables problemas, según Subirats, y la clase media será la más afectada. “Hasta ahora los padres han servido de tapón y han conseguido absorber situaciones duras. Pero hoy hay hijos que vuelven a casa de los padres y padres que pierden su casa. Los problemas empiezan a plantearse de manera aguda”.

Esas contradicciones también van a tener una lectura política evidente. Para Subirats, la clase media, que se apoyaba en creencias firmes acerca del progreso y de la importancia de la formación y del conocimiento, está mutando ideológicamente. “La clase media era progresista y luchaba por encontrar su propio poder utilizando elementos de racionalidad y cientifismo que le eran propios. Después se fue asentando y se convirtió en conservadora.” Sin embargo, hoy no queda clara cuál será su posición de futuro. “Si sigue moviéndose hacia la pauperización, se radicalizará hacia la izquierda, como vemos en los indignados; si, por el contrario, el movimiento fuese hacia un mayor bienestar económico, se haría más conservadora.  Estamos ante una situación muy nueva”.