Las siete mejores historias sobre lugares desaparecidos
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MONTES, CIUDADES Y VALLES QUE SE ESFUMARON

Las siete mejores historias sobre lugares desaparecidos

La Tierra es un planeta cambiante. Lugares que habían estado siempre en el mapa desaparecen, a veces, en cuestión de días. Las catástrofes naturales y el

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Las siete mejores historias sobre lugares desaparecidos

La Tierra es un planeta cambiante. Lugares que habían estado siempre en el mapa desaparecen, a veces, en cuestión de días. Las catástrofes naturales y el cambio climático son los principales causantes de la desaparición de pueblos, montañas o islas, pero también el hombre ha hecho desaparecer deliberadamente -guerras aparte- valles enteros en nombre del progreso tecnológico. Estas son las siete mejores historias sobre lugares que desaparecieron y desaparecen, y alguno que podría volver a aparecer.

1. El monte Santa Helena (Washington, EE.UU)

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El monte Santa Helena, situado en el estado de Washington, en el extremo noroeste de Estados Unidos, era un pico sagrado para los indios norteamericanos. Aunque se conocía sobradamente su carácter volcánico, sus 2.700 metros de altura, rodeados de un frondoso bosque de coníferas, atraían todos los años a miles de turistas. En 1980 el volcán llevaba más de un siglo sin entrar en erupción. Durante la primavera de ese año la montaña empezó a expulsar cenizas, pero nadie esperaba lo que ocurrió después. La mañana del 18 de mayo el volcán entró en erupción con una fuerza gigantesca debido a un terremoto que se desató bajo la montaña. La cara norte del monte se vino abajo provocando el mayor desprendimiento de tierras registrado en la historia. Se encontraron árboles pertenecientes a la ladera de la montaña a 20 kilómetros de su lugar y murieron 57 personas. El pico desapareció y la montaña perdió 400 metros de altura.

2. El albergue Stieregg (Suiza)

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El albergue Stieregg era una parada habitual para los montañeros que se dirigían al glaciar Grindelwald, en las laderas del monte Eiger en los Alpes suizos. Ubicado a 1.600 metros de altura, abrió sus puertas en 1952, pero tuvo que cerrar cuando el suelo se vino abajo. La causa: el cambio climático. La ladera del Eiger sigue desmoronándose debido al aumento de las temperaturas, que hacen que desaparezca el hielo que sustentaba las rocas, ahora en derrumbe. En verano de 2005, el río del valle que pasaba junto al albergue Stieregg creció con motivo del deshielo y empezó a erosionar la parte inferior del edificio. Fue el último capítulo. El edificio quedó colgando en el borde del barranco y las autoridades suizas decidieron demolerlo para que no acabara ladera abajo.

3. La isla Ferdinandea (Sicilia)

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La variación del nivel del mar ha provocado durante la historia la aparición y desaparición de numerosos islotes de pequeño tamaño. El caso de la isla de Ferdinandea es particular, porque va de la mano de un histórico conflicto diplomático. La isla en cuestión, que no llega a los cinco kilómetros de perímetro, está situada a tan sólo 30 kilómetros de Sicilia y forma parte de un volcán submarino. Actualmente se encuentra sumergida a unos 8 metros bajo el nivel del mar, pero los vulcanólogos especulan que podría aparecer de nuevo tras una eventual erupción. En los últimos 2.000 años ha emergido en cuatro ocasiones. La última vez que reapareció, en 1831, Inglaterra, Francia, el Reino de Sicilia y España, se enfrentaron acerca de la propiedad de la isla. Los ingleses llegaron los primeros tras el resurgimiento del islote, pues en esa época controlaban la Isla de Malta, y la bautizaron como Isla Graham. El monarca siciliano de la época, Fernando II de Borbón, no dudó en agenciarse también el islote, al que llamó Ferdinandea (el nombre usado en la actualidad, dada su cercanía a Sicilia). Tan sólo un mes después, los franceses mandaron una expedición a la isla y le pusieron un tercer nombre: Ille Julia. España declaró sus ambiciones territoriales sin ni siquiera desembarcar en la isla. No tuvimos tiempo para visitarla. A finales de ese mismo año Ferdinandea volvió a sumergirse. No ha vuelto a aparecer desde entonces.

4. Valle del Yangtsé (China)

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La presa de las Tres Gargantas es la planta hidroeléctrica más grande del mundo. Su construcción, en la que murieron casi 100 obreros, comenzó en 1994 y finalizó en 2010. Su apertura inundó gran parte del valle del Yangtsé y con él numerosas poblaciones, en lo que constituyó uno de los mayores desalojos de la historia. Casi dos millones de personas fueron expulsadas de sus viviendas y reubicadas en la cercana ciudad de Chongqing. Bajo el embalse, de más de 600 kilómetros, descansan 13 ciudades, 140 pueblos y 1.352 pequeñas villas.

La inundación de las tierras provocó también la perdida de numerosos yacimientos arqueológicos –se trata de una zona con poblamientos que datan del Neolítico–, pese al intento a contrarreloj de las instituciones chinas por recopilar el mayor número de datos y enseres de los mismos. 

5. Centralia (Pensilvania, EE.UU)

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Centralia es un pueblo de Estados Unidos que en 1981 tenía más de 1.000 habitantes. Actualmente viven 10 personas, según el último censo disponible. ¿La causa del éxodo? El incendio de una mina de carbón que a día de hoy no ha logrado apagarse.

Se cree que el problema de los incendios subterráneos comenzó en 1962. En esa época, tal como se hacía en numerosas poblaciones estadounidenses, la basura acumulada en los vertederos se quemaba una vez al año. El problema es que ese año el vertedero se situó en una mina a cielo abierto abandonada. La mina tenía ramificaciones con otras galerías subterráneas y el fuego provocado al quemar el vertedero se extendió por el subsuelo, sin que los bomberos que dirigían la operación se percataran de nada.

Pronto el fuego se extendió por todas las minas que pasaban por debajo del pueblo y nadie fue capaz de apagarlo. Los vecinos, pese a conocer la existencia del incendio y sufrir problemas de intoxicación por monóxido de carbono, se negaron a abandonar el lugar. En 1981, 21 años después, el fuego seguía quemando y, aunque ya se habían trasladado numerosas familias, el grueso de la población de Centralia permanecía en su sito. Fue entonces cuando la tierra se abrió bajo los pies de Todd Domboski, un niño de 12 años. Era un agujero de más de un metro de diámetro y de unos 46 de profundidad. El suceso alertó definitivamente a las autoridades y a finales de ese año el gobernador planteó un plan voluntario para el desalojo y compra de todo el pueblo. Centralia es hoy en día una población fantasma, pero unas diez personas resisten en el pueblo. En 2002 el municipio perdió lo único que le quedaba: el código postal.

6. Riaño (León)

El pueblo de Riaño, al norte de la provincia de León, es nuestra particular contribución a la lista de lugares borrados del mapa, el último pueblo español inundado bajo las aguas de un embalse. Tras varios intentos de construir una nueva presa en la zona, dentro de la política hidrográfica del régimen de Franco, finalmente el valle de Riaño, en el que confluyen los ríos Esla, Yuso y Orza, fue sepultado por las aguas en 1987, bajo el gobierno de Felipe González. El embalse inundó otros siete pequeños pueblos del valle. Los vecinos fueron realojados en el nuevo Riaño, pero la construcción del embalse provocó numerosas movilizaciones, los vecinos tuvieron que ser desalojados a la fuerza de sus casas y hubo incluso un suicidio.

7. El Mar de Aral (Kazajistán y Uzbekistán)

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El Mar de Aral es en realidad un lago endorreico -un área en la que el agua no tiene salida fluvial hacia el mar- que se ha convertido en el ejemplo absoluto del proceso de desertificación que acosa a algunas zonas del planeta. En 1960, el Mar de Aral era el cuarto lago mayor del mundo, con un área aproximada de 68.000 kilómetros cuadrados. Hoy su superficie ha disminuido en un 60 por ciento, y su volumen un 80, convirtiendo en auténticos desiertos grandes llanuras que antes formaban el lecho del lago.

El mar empezó su declive en la década de los 60 cuando se desvió el agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria, principales aportes hídricos del lago, para regar cultivos en Uzbekistán y Kazajistán. Esto, unido al calentamiento global, ha convertido antiguos puertos pesqueros en desiertos con barcos varados, hoy en día la imagen más reconocible de lo que fue el Mar de Aral.