"VIVIMOS EN UN ENTORNO DESCONTROLADO QUE NO SABEMOS MANEJAR"

La impunidad del rumor: ¿es posible combatir las noticias falsas?

En ningún otro ámbito como en el de los mercados financieros un rumor tiene un impacto tan inmediato. En cuestión de décimas de segundo, hombres y

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La impunidad del rumor: ¿es posible combatir las noticias falsas?

En ningún otro ámbito como en el de los mercados financieros un rumor tiene un impacto tan inmediato. En cuestión de décimas de segundo, hombres y máquinas se ponen de acuerdo para ‘cotizar’ la información y provocar caídas o subidas brutales de un valor. “Estamos en manos de las máquinas, que compran o venden obedeciendo a sistemas que incorporan todo tipo de variables. Un rumor hace que un precio se dispare porque todas las máquinas van en la misma dirección”, asegura José Luis Noblejas, de Gestión de Patrimonios.

No obstante, en los últimos veinte años ha cambiado completamente la gestión de las noticias sin confirmar, protagonistas del axioma más popular en las bolsas: “compra con el rumor y vende con la noticia”. “Antes, cuando los valores se negociaban en los corros y marcaban un solo precio al día, los rumores procedían de los propios operadores que estaban negociando el valor. El impacto de un rumor podía durar varios días porque lo conocían sólo unas pocas personas. "Ahora, los mercados son electrónicos y están abiertos 24 horas, por lo que cualquier noticia se propaga a toda velocidad”, explica Francisco Álvarez Molina, ex vicepresidente de la Bolsa de París y presidente de Ética Soluciones Financieras.

"Son elementos que demuestran", asegura Juan Carlos Jiménez, profesor de sociología de la Universidad CEU San Pablo, “cómo internet lo ha desbordado todo, haciendo imposible el control de la información”. Cuando el rumor ha tomado la velocidad adecuada, lo cual es relativamente sencillo dados los medios que tenemos hoy a nuestra disposición, la capacidad de limitar el daño es muy escasa.

Terribles reacciones en poco tiempo

La crisis económica ha dejado ya un buen puñado de estos ejemplos. Las bolsas han experimentado caídas dramáticas por rumores sobre rebajas de calificación de ráting o por los de intervención en un país que luego han resultado totalmente infundados. Sin ir más lejos, la primera semana de mayo de 2010 el Ibex se desplomó casi un 14% ante la información falsa de que España necesitaba una inyección de 280.000 millones de euros.

Sí está claro que los nuevos tiempos obligan a gestionar el rumor mucho más rápido. “Antes el rumor se movía entre los propios protagonistas del mercado, brokers, empresas e inversores, porque la relación en los corros era estrecha. Ahora esa comunicación se ha reducido a la mínima expresión. Si a eso se une que los volúmenes de contratación son hoy mucho más altos y la sofisticación de los sistemas informáticos, beneficiarse de un rumor es mucho más difícil”, explica Noblejas.

“Ahora se utilizan otros mecanismos y la reacción de los precios es terrible en un muy corto espacio de tiempo. De ahí la moda de las suspensiones de cotización. Es problema es que cuanto éstas se producen, las operaciones ya están hechas”, explica Álvarez Molina. La democratización de los mercados desde que se incorporaron masivamente los inversores particulares ha limitado también el impacto de los rumores, que en muchos casos tienen que ver con la información privilegiada. Pero los mercados siempre van por delante de la regulación.

La trayectoria profesional del emisor, decisiva

¿Y la fiabilidad? Los inversores reciben diariamente una ingente cantidad de información desde los medios de comunicación, los blogs, las redes sociales o los informes de analistas. “Mucha gente que compraba productos de Bernard Madoff –protagonista de la mayor estafa piramidal registrada durante la crisis- ni siquiera vigilaba la inversión porque el propio Madoff era una referencia. Y si el rumor parte de las referencias, se le da credibilidad”, señala Álvarez Molina.

Para Enrique Dans, profesor en el Instituto de Empresa, este es el factor determinante. “En tanto la red ha provocado una brusca caída de las barreras de entrada a la hora de difundir información, la única manera de discernir entre lo verdadero y lo falso proviene de la credibilidad de las fuentes”. Así, muchas personas tienden a identificar como cierto aquello que ven en una pantalla cuando deberían ponerlo entre paréntesis. “La información tiene la fiabilidad que te da la persona o el medio que la emite. En la medida en que no es posible establecer mecanismos de control de la información previos a su publicación en la red, la trayectoria personal y profesional de quienes hacen las afirmaciones resultan esenciales para que éstas sean creídas”.

Compensar el daño causado no es suficiente

Sin embargo, esta clase de precauciones están mucho menos generalizadas de lo que sería preciso, apunta Dans, y la vía legal, el mecanismo regulador por excelencia, tampoco parece ofrecer la rapidez precisa para controlar las noticias falsas. Y ello, asegura el abogado especialista en internet Martí Manent, a pesar de que existe una legislación sólida en España, contemplada en la LSSI, que regula los contenidos de la web y que fija varias vías de actuación jurídica. “De una parte, cuando las informaciones se refieren a datos sobre personas físicas, podemos acudir a la página que las ha publicado para que las elimine, y en caso de negativa a la agencia de protección de datos, que solicitará que se retiren fijando en caso contrario multas de cuantía relevante”. Pero si se trata de rumores que difunden hechos en lugar de datos, el medio de Internet “sólo debería retirar la información cuando un juez haya dictaminado que no es cierta, lo que alarga enormemente los plazos. En consecuencia, lo único a lo que se suele poder aspirar es a compensar el daño causado a través de la vía civil, lo que complica bastante las cosas”.

En definitiva, asegura Jiménez, que las enormes dificultades para hacer frente a los rumores interesados terminan llevando a efectos paradójicos. De una parte, porque en muchas ocasiones se prefiere ignorarlos antes que combatirlos. “Si la Casa Real, pongamos por caso, hubiera de hacer frente a todas las informaciones que se publican sobre sus miembros, no pararía de emitir comunicados. Y esa inactividad consciente hace que muchas de las noticias de internet, a pesar de su falsedad, queden amparadas por la impunidad”.  En segundo lugar, porque si se quiere colocar una barrera sólida frente a las falsedades informativas, se está obligado a funcionar como un auténtico contraprogramador. “Empresas e instituciones han de saber manejar muy bien la red social para contrarrestar esos rumores, actuando con las mismas armas que quienes los difunden”. Y a pesar de ello, asegura Jiménez, “cuando alguien lance con la suficiente potencia la idea de que una firma está en la ruina, siempre la pondrá en un brete. Vivimos en un entorno descontrolado que no sabemos cómo manejar”.

Alma, Corazón, Vida
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