"HAN ESQUILMADO EL AHORRO DE GENERACIONES MIENTRAS LA CNMV MIRABA HACIA OTRO LADO"

Los fondos de inversión y la batalla por el alma del capitalismo

Juan Manuel Moreno-Luque dirige un despacho con una tradición familiar de más de 175 años en asuntos relacionados con la eficiencia y transparencia financiera. Como continuador

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Los fondos de inversión y la batalla por el alma del capitalismo

Juan Manuel Moreno-Luque dirige un despacho con una tradición familiar de más de 175 años en asuntos relacionados con la eficiencia y transparencia financiera. Como continuador de esta saga, le ha tocado enfrentarse a grandes grupos financieros en la defensa de los intereses de pequeños ahorradores, víctimas de los desmanes de los gestores de fondos, mobiliarios e inmobiliarios (ya prácticamente desaparecidos en combate), y de pensiones. Su experiencia quedó plasmada en un libro cuyo título, El desgobierno de los fondos de inversión (Marcial Pons, 2007), resume la opinión del autor sobre el estado de situación de un sector que tantos quebraderos de cabeza ha dado a gran parte de la población.

Este abogado, amante de la filosofía como queda patente en las páginas de su obra, se ha rebelado contra los grandes grupos financieros responsables de un escenario que, a la vista de los datos, no duda en calificar de desastroso. No está poseído por un ánimo anti-sistema, “no es el momento”, pero exige un capitalismo respetuoso con las reglas del juego, un sistema que pueda ser beneficioso para todo el mundo. Para que esto ocurra se deben cumplir dos premisas que, pareciendo de sentido común, brillan por su ausencia. En primer lugar, contar con una sólida legislación en materia contable y financiera que facilite la transparencia, la información y la defensa de los intereses de los pequeños ahorradores. Además, que quienes gestionan esos ahorros respeten esas leyes, no abusen de ellas y se sometan a las autoridades de vigilancia y supervisión. Se trata simplemente, dice Moreno-Luque, “de hacer triunfar la inteligencia del largo plazo sobre el oportunismo del corto plazo, y la ética de la responsabilidad sobre los costosísimos  comportamientos irresponsables”.

Que los banqueros de Wall Street dominan el mundo no es nuevo, es obvio

Para entender cómo hemos llegado a esta catastrófica situación actual, conviene repasar algunos hechos de nuestra historia económica reciente. El llamado Consenso de Washington, conjunto político-económico-intelectual de organismos internacionales (FMI, Banco Mundial), congreso de los EE.UU., Reserva Federal y otros expertos, formuló un recetario para la economía capitalista, entonces gran triunfadora sobre el socialismo real. Pretendía servir para orientar a los gobiernos de los países en desarrollo (realmente a cualquier economía capitalista) y supone un nuevo hito en la hegemonía estadounidense. Los inversores de aquel país percibieron de manera más clara las enormes oportunidades que ofrecían los países en desarrollo. A partir de aquí los instrumentos de inversión colectiva crecen de manera exponencial: se pasa de unos 300.000 millones de dólares en fondos de inversión, a 10 billones de dólares en menos de dos décadas. Esta cantidad constituye una excelente plataforma para dominar el mundo, como así ocurrió. Un altísimo porcentaje de las acciones de empresas cotizadas y de la deuda soberana acabó en manos de los gestores de fondos, que son quienes manejan los mercados de capitales y el beneficio de los partícipes. Como dice Moreno-Luque, “esto de presentar a los poderosos banqueros de Wall Street como los dueños del mundo no tiene nada de novedoso, simplemente ahora es más obvio”.

Todos los inconvenientes y ninguna ventaja

Desde años antes (Informe Segré de 1966), Europa intentaba conseguir un modelo de mercado financiero integrado en que se legislara y se supervisara mejor. Algo que, “debido a la extrema ineptitud de los llamados ‘expertos’ en la materia, nunca se ha conseguido”. Pretendía hacerse a imagen y semejanza del modelo americano, lo cual tenía su intríngulis, pues éste no responde a ningún ideal preconcebido y ha surgido a través de determinadas circunstancias históricas y de las preferencias sociales de sus ciudadanos. “El resultado está a la vista: en Europa no hemos conseguido más que un mal remedo del sistema americano con todos los inconvenientes del capitalismo y ninguna de sus ventajas, como podrían ser conseguir una buena rentabilidad para inversores modestos, la canalización de grandes volúmenes de ahorro a las empresas o la apertura de posibilidades de influencia en la gestión de las corporaciones a la inversión colectiva”.

En la Europa continental, el mercado de capitales unificado es una fracción del norteamericano. Las razones van más allá de la no existencia de un mercado de capitales unificado e incluyen “unas comisiones de gestión absurdamente elevadas y sin relación con los resultados obtenidos y una acentuada dependencia de las grandes instituciones financieras”, con los conflictos de interés que eso genera. La consecuencia es que “Europa se encuentra absolutamente desarmada ante el capital extranjero: un porcentaje muy alto tanto de la deuda de sus estados como del capital de sus empresas está en manos foráneas, especialmente anglosajonas. En España, cuando así les ha interesado a bancos y cajas, especialmente a los dos grandes bancos que concentran un porcentaje muy elevado del total de fondos, el ahorro se ha desviado a depósitos de bajísima rentabilidad. La transformación de ahorro en inversión a largo plazo no ha sucedido”.

En El desgobierno de los fondos de inversión se explica en detalle cómo el ahorro popular español “ha sufrido el riesgo de una gestión poco profesional (a veces incluso deshonesta), poco inteligente y muy cara, y  una supervisión ineficaz y nada proclive a enfrentarse a los grandes grupos financieros, que ha hecho posible las numerosas violaciones de los modelos de gobierno de los fondos”. Esa es la doble paradoja que origina la ineficiencia de la industria de la inversión colectiva, que “convierte a las sociedades gestoras de los fondos de inversión en una curiosa clase de seguros perdedores que, por serlo por cuenta ajena, siempre salen ganando”.

Los rendimientos de los fondos han sido raquíticos

Para el presente y futuro de la economía de nuestro país, este es un tema mucho más crucial que la tan cacareada reforma del mercado laboral pero no se insiste tanto en ello pues no interesa a los más poderosos ni a los políticos, sean estos del partido que sean. Tanto el Banco de España como la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) no han protegido el ahorro popular en España, con la grave consecuencia de nuestra dependencia del exterior. “En algo más de diez años han desaparecido en España más de 110.000 millones de euros, en su mayoría de pequeños ahorradores. Esta ingente masa de recursos ha sido esquilmada como consecuencia de las elevadas comisiones pagadas y de decisiones de inversión erróneas. Mientras los rendimientos nominales de los fondos en los últimos veinte años han sido raquíticos y no han cubierto la inflación, las comisiones han alcanzado el 60 por ciento de los mismos”. Este mayúsculo escándalo, afirma Moreno-Luque, constituye un auténtico fraude de ley “pues teóricamente las comisiones no pueden superar el 10% de los resultados, pero mediante un truco se ponen en relación con el patrimonio y no con los rendimientos”.

Se han cargado el ahorro popular del presente y han comprometido el del futuro

Hoy en día, cuando nuestra vida está siendo gobernada según el dictado de los fondos, a nadie se le escapa que la cantidad de ahorro destruida hubiera constituido una importante garantía de mayor independencia de nuestra nación siendo canalizada a los mercados bursátiles y de deuda nacionales, tal y como ocurre en los países que lideran la economía mundial. Al mismo tiempo, esta calamidad ha generado una mayor desigualdad entre la ciudadanía española y ha provocado “un trasvase del ahorro conseguido con gran esfuerzo por multitud de trabajadores durante muchos años hacia los dirigentes de las grandes instituciones bancarias, los grandes beneficiarios, por la vía de gratificaciones extraordinarias y multimillonarias, del crecimiento de las instituciones de inversión colectiva y de las comisiones percibidas”. La milonga del capitalismo popular ha degenerado en un subcapitalismo de quinta división y en la ruina de un importante número de familias españolas, asegura Moreno-Luque.

Por si fuese poco, a lo anterior hay que sumarle el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y sus nefastas consecuencias para el ahorro. A nadie se le escapa que el sistema bancario ha tenido una alta responsabilidad en la creación de esta burbuja mediante la concesión casi ilimitada de crédito hipotecario (la llamada ‘barra libre crediticia’) “saltándose todos los límites de riesgo con la justificación de tasaciones realizadas con notable alegría y sin ningún reproche de la autoridad supervisora”. Años después las casas sobre las que se concedieron las hipotecas valen mucho menos, con lo que el desolador cuadro se completa: “la banca no sólo se ha cargado el ahorro popular presente, sino que también ha comprometido el del futuro. Y en una gran parte por el simple acto de quedarse con ello, ante la mirada incompetente, cuando no cómplice, de gobierno y reguladores”.

*Este artículo continuará mañana.

Alma, Corazón, Vida
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