LOS ENGAÑOS AMOROSOS EN LA RED REVELAN LAS DIFERENCIAS DE GÉNERO DE LOS CELOS

A ellos no les importa la infidelidad emocional, ellas no la toleran

A los hombres les molesta mucho más que su pareja mantenga relaciones sexuales con otra persona, a que experimente un acercamiento emocional profundo. Prefieren, incluso, que

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A ellos no les importa la infidelidad emocional, ellas no la toleran
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    A los hombres les molesta mucho más que su pareja mantenga relaciones sexuales con otra persona, a que experimente un acercamiento emocional profundo. Prefieren, incluso, que se enamoren platónicamente de otro antes de que unas manos ajenas acaricien a su pareja. Las mujeres, sin embargo, señalan la intimidad emocional como el factor más negativo, más incluso que una posible relación física.

    Hombre y mujeres no son iguales, ni siquiera a la hora de sentir celos o de buscar una alternativa amorosa en Internet. El estudio Diferencias sexuales en los celos. El caso de Internet, publicado recientemente, analiza los distintos sentimientos que uno y otro sexo experimenta ante una hipotética infidelidad originada en la Red.

    Las conclusiones demuestran que el 81,1% de los hombres se sentirían más molestos por el aspecto sexual de una relación cibernética que por el aspecto emocional de esa relación. Sin embargo, sólo el 52,2% de las mujeres daría mayor importancia, por ejemplo, a una masturbación compartida vía webcam que a una conversación íntima de su pareja con otra mujer.

    Estos patrones ratifican los estudiados anteriormente en relaciones tradicionales. Cuando se produce una infidelidad, por lo general, los varones temen que su pareja vaya a invertir su energía y sus recursos en la descendencia de otro hombre, mientras que el mayor miedo de las mujeres es que su pareja emplee su energía, sus recursos y su tiempo en otra mujer y no en ella.

    ¿Es igual de doloroso si es virtual?

    Aunque el estudio, elaborado por Eric Anderson, de la Universidad de Bath (Inglaterra),  pone de manifiesto que “los cónyuges que participan en este tipo de actividades suelen racionalizarlas como aceptables porque no hay contacto físico”, las investigaciones de la psicóloga estadounidense Mónica Whitty revelan lo contrario: que las conversaciones subidas de tono vía chat, el intercambio de imágenes eróticas o la masturbación por webcam son consideradas por la mayoría de la población como una traición, al mismo nivel que si hubieran tenido lugar físicamente.

    Sin embargo, es innegable que las relaciones exclusivamente virtuales y las presenciales, aunque en muchos aspectos son similares (como en el de los celos), en otros difieren.

    El anonimato que ofrece la Red, por ejemplo, provoca que las mujeres tiendan a idealizar a la persona que está ‘al otro lado de la pantalla’. Dado que normalmente no se ve al amante, ni se escucha su voz, ni se perciben sus gestos o miradas, es fácil tender a creer todo lo que se cuenta e, incluso, todo lo que se quiere creer.

    Mientras la mujer tiende a buscar el ‘ciberpríncipe azul’, el hombre prefiere, más atraído por la excitación de lo desconocido, sentirse valorado por su amante virtual y lo que más estima es que le admiren y le reclamen.

    En cualquier caso, para ambos géneros es mucho más fácil ligar a través de Internet que en un bar o una fiesta. No sólo por el hecho de esconderse tras una personalidad, cuando menos, ‘adornada’, sino por deshacerse de las inhibiciones, la timidez y el miedo al rechazo. “En el ciberespacio no hay ni calvos ni feos, todo el mundo es más guapo o joven de lo que parece, el mal humor no está visible y muchos usuarios se vuelven sospechosamente románticos o por la contra, demasiado lanzados”, expone el investigador Francisco Canals.

    Además, para muchos, si la infidelidad se practica a través de Internet, el sentimiento de culpa se mitiga y se diluye porque en la mayoría de los casos las relaciones no llegan a concretarse.

    Canals, que durante un mes se hizo pasar por ciberadúltero en chats y páginas especializadas, asegura que para muchos es incluso saludable “fantasear con otras personas sobre la posibilidad de ser infieles, hablar con otras parejas con el fin de realizar tríos, intercambios y todo tipo de actividades sexuales que en realidad no acabarán produciéndose”.

    La práctica es ya tan común que a la sombra de la infidelidad on-line han nacido multitud de páginas web que facilitan los contactos e, incluso, agencias dedicadas en exclusiva a fomentar ese tipo de relaciones. Canals, de hecho, considera que existe una generación de jóvenes que ha crecido con Internet y que “no concibe el mundo de la seducción amorosa sin la Red”.

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