CONSULTAR EL MÓVIL, EL CORREO ELECTRÓNICO, FACEBOOK...Y VUELTA A EMPEZAR

FOMO: no te atrevas a perdértelo

"Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". El que probablemente sea el microrrelato más famoso de todos los tiempos, obra del mexicano Augusto Monterroso, es

Foto: FOMO: no te atrevas a perdértelo
FOMO: no te atrevas a perdértelo

"Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". El que probablemente sea el microrrelato más famoso de todos los tiempos, obra del mexicano Augusto Monterroso, es un prodigio de concisión y sugerencia, que en apenas una oración describe el terror que puede suponer el paso del mundo de los sueños al de la vigilia ante la posibilidad de que nuestras fantasías penetren en nuestro mundo cotidiano. Al mismo tiempo, sirve de opuesto perfecto a la sensación que nos invade cada vez con más frecuencia en el día a día: tememos que cuando volvamos a pestañear, nos hayamos perdido un gran número de novedades, noticias y acontecimientos. Podríamos reformular así el genial relato de Monterroso, adaptándolo a los tiempos modernos, como "cuando volvamos a encender el móvil, el mundo ya no estará allí". Es decir, sentiremos que no consultar un medio u otro constantemente nos hará perdernos algo irrecuperable, por mucho que conscientemente sepamos que no es así.

De ahí surge el recientemente creado acrónimo FOMO, que significa "miedo a perderse algo" (del inglés "fear of missing out"). Resulta revelador descubrir en qué otros campos se utiliza el mismo término; en comercio, por ejemplo el FOMO es aquel sentimiento que mueve a cerrar determinados tratos no tanto por convencimiento de que el negocio vaya a resultar rentable como por miedo a dejar pasar una buena oportunidad que quizá no se vaya a volver a presentar en el futuro. La publicidad escupe constantemente mensajes que nos avisan del peligro que corremos si faltamos a nuestra cita con determinada película, espectáculo o evento. Uno de los más habituales es ese archifamoso "no te lo pierdas", a veces transformado en un aún más amenazante "no te atrevas a perdértelo". ¿De qué hablarás entonces con tus amigos, qué pensarán de ti tus compañeros? En realidad, nadie puede abarcar tanto. El problema surge cuando nuestra conducta resulta mediatizada por esta inseguridad respecto a lo que hacemos. Ello provoca que terminemos realizando aquello que se espera que hagamos (y aun así, temamos que deberíamos haber realizado otra actividad) antes que hacer aquello que verdaderamente deseamos y disfrutamos.

La vida de los demás siempre es más interesante

Este miedo encuentra otra expresión que ya no atañe solamente a nuestro comportamiento, sino que se relaciona con el de los demás. Internet ha abierto ventanas a millones de hogares, y podemos consultar en cuestión de segundos aquello que nuestros amigos están haciendo y que, comparado con nuestros propios planes, siempre parece resultar mucho más interesante. Los psicólogos Victoria Trabazo Arias y Fernando Azor Lafarga (de gabinete de psicología.com),sintetizan esta sensación cuando señalan que "en Facebook vemos la vida de los demás, lo que hacen y tienen, por lo que es fácil desear lo mismo y compararse. En LinkedIn vemos los puestos que tienen, los cargos que ocupan, la gente que conocen, los masters que han hecho y mientras lo vemos queremos tener ese puesto y sentimos que tenemos que actualizar nuestro perfil con algún puesto nuevo…. ¿Y qué es todo esto? ¿Envidia? En parte sí, pero muchas veces tiene que ver más con un sentimiento de inseguridad y baja autoestima. Si nos comparamos continuamente es muy fácil que veamos lo bueno de los demás y lo malo nuestro. La persona que es autoexigente también entra en ese juego porque siente que no puede ser menos que los demás, tiene que estar al día".

Pero este miedo no sólo se refiere a aquello que podemos ver en la web. Recientemente, la fundadora de Flickr y Hunch, Caterina Fake, diagnosticó un caso general de FOMO refiriéndose a aquellos que habían visitado el South By Southwest, un festival que tiene lugar en Austin, Texas y en el que en apenas una semana pueden llegar a juntarse miles de eventos relacionados con el cine, la música o la tecnología. "En South By Southwest veo constantemente gente preguntándose si se encuentran en la fiesta equivocada, si es aburrida, tiene mucha publicidad o no ha acudido nadie que nos interese, así que se marchan a otra fiesta donde tienen que esperar mucho tiempo en la cola, no encuentran a sus amigos, por lo que van a otra… Y así continuamente", escribía Fake.

Así pues, la amplitud de la oferta, en muchos casos, no nos hace más libres sino que crea necesidades que nos sentimos obligados a cubrir. Por ello, Trabazo señala que "las personas al final no viven su vida, se angustian por el paso del tiempo y por lo que pierden, se genera una continua insatisfacción, se distraen y favorece la impulsividad". La socióloga Sherry Turkle, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, coincide con esta afirmación en su libro Alone Together al señalar que "medimos el éxito a través del número de llamadas realizadas, e-mails contestados, contactos llevados a cabo. Sin embargo, nos enfrentamos a una paradoja, que es que a pesar de que continuamente nos recordamos que vivimos en un mundo complejo, cada vez nos podemos parar menos a pensar en lo que hacemos, puesto que nos vemos en la necesidad de contestar instantáneamente". Es precisamente ese factor de irreflexión que causa la precipitación de nuestros actos lo que hemos de aprender a evitar.

Igual que ocurre con muchos otros sentimientos que en un primer momento parecen perjudicarnos, esta ansiedad puede tener un efecto beneficioso. Señala Trabazo que esta ansiedad puede ser positiva, ya que "puede actuar como un motor hacia la acción. Yo recomiendo a muchos pacientes que se metan en redes sociales para ver opciones de ocio y relacionarse, pero ojo, siempre con un criterio, con lo que llamamos un uso responsable".

Reglas para evitar el FOMO

¿Cómo evitar que ese motor que debería servirnos de acicate nos termine pasando por encima? En primer lugar, establece tus propias reglas. Permítete apagar el teléfono móvil en aquellas horas en que no sea imprescindible. Poco a poco, comprobarás que las llamadas que esperas recibir son mucho menos numerosas de las que realmente se producen, y aquellas que no hayas contestado raramente serán urgentes. Lo mismo ocurre con el ordenador: en lugar de dejarlo encendido para revisarlo cada poco tiempo, apaguémoslo y planifiquemos cuándo consultarlo. Ello no sólo nos ayudará, sino que sugerirá a los demás cuándo nos encontramos disponibles. Si contestamos correos electrónicos tanto a las doce de la noche como al mediodía o a primera hora de la mañana, nuestros contactos entenderán que nuestra disponibilidad es prácticamente absoluta. Por el contrario, si establecemos un horario determinado de consulta, nuestros contactos comprenderán que deben escribirnos a esas horas concretas si esperan recibir respuesta.

Quizá sea hora de aprender del cínico Diógenes de Sínope, al que cuando Alejandro Magno fue a visitar prometiéndole todo tipo de riquezas y lujos, sólo pidió al poderoso monarca que se apartase de su vista porque le tapaba el sol. Un sol que, como muchas de aquellas actividades que no hemos podido realizar al cabo de un día, volverá a salir por el este a la mañana siguiente. Porque no es más feliz el que más cosas hace, sino el que es capaz de extraer el máximo partido a la más inane actividad, sin preocuparse de aquello que no está haciendo.

Alma, Corazón, Vida
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios