TENEMOS QUE PERMITIRNOS SER MENOS ANALÍTICOS Y MÁS AMOROSOS

Dos cerebros, dos realidades

Hoy en día  sabemos que tenemos dos cerebros netamente diferenciados, nuestro hemisferio izquierdo y nuestro hemisferio derecho. Estos dos cerebros están unidos por un puente con

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Dos cerebros, dos realidades
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    Hoy en día  sabemos que tenemos dos cerebros netamente diferenciados, nuestro hemisferio izquierdo y nuestro hemisferio derecho. Estos dos cerebros están unidos por un puente con millones de células nerviosas que los conectan. Trabaja por separado, a pesar de que habitualmente no tengamos conciencia más que del trabajo de uno de ellos.

    Nuestros dos cerebros trabajan de dos formas completamente diferentes. Nos hacen percibirnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea de maneras netamente distintas. Aunque no tengamos conciencia de ello, vivimos simultáneamente las dos realidades. Cada uno de nuestros cerebros, piensa y se interesa por cosas diversas.

    Veamos como procesamos la información con cada uno de ellos.  Nuestro cerebro izquierdo, el que usamos con mayor frecuencia, el que más desarrolla nuestra cultura y el que más fomentamos en las escuelas, funciona como un procesador en serie. Trabaja en una forma lineal y metódica, se mueve en un eje espaciotemporal, “allí y entonces, allá y después”. Se mueve en la línea del tiempo convencional, pasado-presente-futuro. Es analítico y no sintético, de modo que ante la realidad toma los elementos de uno en uno, los analiza y organiza, después lo asocia con todo el archivo de datos que ya tiene de las experiencias del pasado, saca sus conclusiones y proyecta hacia delante nuevas posibilidades. Todo este trabajo de análisis, organización, asociación y proyección lo hace utilizando el lenguaje, esa voz inacabable que llevamos incorporada, hablándonos sin parar y que conecta nuestro mundo interno con el mundo externo.

    El hemisferio derecho piensa en imágenes

    Para nosotros, en occidente y en esta época –en otras culturas podemos encontrar otras estructuras de lenguaje y por tanto otras estructuras mentales-  nuestra idea del “yo soy” está enraizada en el hemisferio izquierdo y su peculiar funcionamiento.  Nuestro lenguaje, nuestra cultura, nuestro predominante uso del hemisferio izquierdo, nos lleva a sentirnos y percibirnos como seres aislados, independizados de nuestro entorno como si no estuviéramos conectados y en interdependencia con él.

    Nuestro cerebro derecho, en cambio, trabaja en una forma radicalmente diferente, es como un procesador en “paralelo”.  No es analítico sino sintético. No capta la realidad detalle por detalle para después ensamblarlos sino que la percibe toda de una vez. Piensa en imágenes. No es espacio temporal, no trabaja con la idea del pasado-presente-futuro,  sino que vive en un absoluto Aquí y Ahora.

    Nosotros tenemos un complejo sistema de percepción sensorial con infinidad de terminales en todo el cuerpo que nos aportan miríadas de datos sobre nuestro entorno. Mientras nuestro hemisferio izquierdo selecciona sólo algunos, el cerebro derecho recibe toda la información en forma de energía global. Nuestro cerebro derecho nos permite percibirnos como una energía conectada a toda la energía del entorno, no como seres independientes e individuales, sino como una parte más del flujo de energía que la realidad es. Por tanto, nos hace sentirnos como una parte integrante de la familia humana, sin distinciones, en una forma abierta y amorosa, sin restricciones ni prejuicios.

    Somos lo que somos Aquí y Ahora y aquí y ahora nuestro cerebro derecho nos permite sentirnos uno con el todo y encontrar la paz. Acostumbrados como estamos a vivir con la preponderancia del hemisferio izquierdo nos cuesta imaginar que podemos vivir esa otra realidad, pero en verdad la vivimos simultáneamente aunque no mantengamos conciencia de ella.

    Neutralizar el diálogo interno

    La Dra. Jill Bolte Taylor, neuroanatomista  estadounidense, nos ha trasmitido un impresionante testimonio de cómo vivió desde su cerebro derecho al quedar su hemisferio izquierdo anulado por un derrame cerebral.

    Lo cierto es que esa forma de ver y vivir el mundo está con nosotros constantemente. Pero estamos tan ocupados en nuestro diálogo interno, nos hacemos tanto ruido con el pensamiento del hemisferio izquierdo, que no dejamos lugar para escuchar al mundo que vivimos en nuestro cerebro derecho. Pero está ahí, y podemos trabajar para recuperarlo y habitarlo, habitar ese otro mundo donde nos percibimos conectados con toda la energía del universo.

    ¿Cómo podemos hacer para entrar en esa otra conciencia? Obviamente no vamos a procurarnos un accidente vascular para que nuestro hemisferio izquierdo quede silenciado al menos temporalmente.

    Pero sí podemos trabajar voluntariamente en aumentar nuestra conciencia del Aquí y Ahora, aprender a estar más conscientes  de nuestras percepciones y sensaciones, ir abriendo nuestra percepción, permitirnos ser menos analíticos y más amorosos, permitirnos conectar con el sentimiento de universalidad y de paz.  Neutralizar un poco nuestro diálogo interno y nuestro cerebro izquierdo para permitir que nuestro cerebro derecho nos muestre la posibilidad de la compasión, el altruismo y el amor.

    *Asunta de Hormaechea. Psicóloga- Psicoterapeuta asuntafernanda@hotmail.com

     

     

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