¿Jesucristo es Chuck Norris y Nicolas Cage un vampiro?
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LAS NOTICIAS EXTRAVAGANTES ARRASAN EN LA RED

¿Jesucristo es Chuck Norris y Nicolas Cage un vampiro?

Una foto tomada en 1870, en la que aparece un habitante de Tennesse posando relajado con su ropa de domingo, sería la prueba definitiva de que

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¿Jesucristo es Chuck Norris y Nicolas Cage un vampiro?

Una foto tomada en 1870, en la que aparece un habitante de Tennesse posando relajado con su ropa de domingo, sería la prueba definitiva de que Nicolas Cage, quien tiene un notable parecido con el retratado, sería un vampiro inmortal. El propietario de la imagen la puso a la venta en Ebay por un millón de dólares. Dos días después, la foto desapareció de la página de subastas.

Stephen Sawyer, ilustrador de profesión, tuvo la idea de difundir el mensaje cristiano a través de una imagen más actualizada de Jesús, por lo que dibujó una serie de imágenes que le representaban como una especie de Chuck Norris del amor eterno, un dios musculoso que parece liderar una banda motera del sur estadounidense. (Vea el álbum de fotos)

Ambas anécdotas han sido notablemente populares entre los internautas, cada vez más aficionados a la extravagancia lúdica y a las noticias bizarras. Lo que, asegura el psicólogo Guillermo Fouce, puede explicarse porque “buscamos cosas que nos permitan desconectar de la realidad, que no nos compliquen la vida y que nos entretengan”. Pero también fijamos mucho más la atención en lo diferente, lo raro o lo llamativo porque las televisiones y los diarios han aumentado su interés por estos fenómenos y porque internet ha multiplicado su capacidad de difusión, lo que hace que tengamos mucho más presentes cosas que antes pasaban desapercibidas. En todo caso, lo que demuestra esta atención por lo friki, señala Fouce, es que “vivimos niveles de tensión mayores que en décadas precedentes, y más aún en medio de una crisis prolongada, por lo que pedimos a los medios que nos entretengan y nos diviertan”.

Para el filósofo Javier Gomá, director de la Fundación Juan March y autor de Ejemplaridad pública, este auge de lo friki conlleva una transformación notable respecto de aquellas figuras que elegimos para que sean nuestros referentes. Así, en lugar de seleccionar ejemplos positivos, que pueden generar resentimiento, preferimos contraejemplos que nos hagan sentir mejor: “a muchas personas tener alguien virtuoso cerca les puede producir mala conciencia (el otro es generoso, y yo no, lo que se convierte en un reproche) mientras que alguien negativo genera buen rollo (porque quedo legitimado como alguien superior)”. Por eso el recrearse en la vulgaridad ajena se está extendiendo tanto, ya que permite que el espectador quede por encima de la figura pública. “Mucha gente piensa que quizá esa persona que sale en televisión sea rica y famosa, pero que moralmente se trata de alguien inferior y así se siente mejor”

Internet, reino de la trivialidad

La consecuencia más obvia de esta demanda de temas frikis es que está multiplicando el nivel de banalización de los medios. Sin embargo, asegura Gomá, tampoco podemos exigir mucho más. “Quizá a los medios públicos (como RTVE), que se financian a través de impuestos y no de publicidad, podamos exigirles que emitan noticias positivas, pero no a las empresas privadas. Es como si pidieras a las heladerías que todos sus productos fueran sanos y que favorecieran el riego sanguíneo”. Para Gomá, el problema no está del lado de la oferta, sino del espectador, “al que habría que educar para que pidiera cosas menos superficiales”. Retrato del 'supuesto' vampiro Nicolas Cage.

“Internet es el reino de la banalidad y de la trivialidad”, asegura Víctor Sampedro, catedrático de Opinión pública de la Universidad Rey Juan Carlos,  “porque permite que se publique cualquier cosa y provoca que mucha gente se agrupe en torno a cualquier anécdota o afición, pero también es un registro en tiempo real de lo que la gente está pensando, muchos menos censurado y con menos barreras de acceso que los medios tradicionales”.

Además, las empresas periodísticas cuentan con un control de calidad adicional que tiende a frenar las tentaciones de banalizar los contenidos. “En todo modelo de negocio periodístico, el verdadero capital es la credibilidad que consigue, que es lo que le va a dar influencia social. Si no tienes ninguna de las dos, pierdes tu capacidad de contrapoder y con ella tu espacio”. Eso es lo que le está pasando a la prensa tradicional, señala Sampedro, “ya que no está ofertando algo digno de ser cobrado. Se ha dedicado a las relaciones públicas y a la publicidad, estando más pendiente de agradar al poder que de ser útil a los ciudadanos. Y como éstos encuentran la información en internet gratis, en tiempo real y con posibilidad de contrastarla, ya no compran sus diarios”. Para Sampedro, el mejor ejemplo de la nueva situación es el ofrecido por David Simon, creador de la serie televisiva The Wire, quien abandonó el  periódico de Baltimore en el que trabajaba porque, afirmó, “esta mierda ya no puede venderse”. Simon “se fue a una cadena televisiva de pago que funcionaba en mercados globales y que tenía una visión del negocio a largo plazo, y puso en marcha una serie de televisión que diseccionaba el sistema político, informativo y de gestión urbana de un país, utilizando tramas y documentos reales”.

La clave para que este nuevo periodismo se afiance es que “se realice con la complicidad y la ayuda de la inteligencia colectiva de los lectores". Si esas premisas se dan, la información en la red, lejos de ser el reino de la banalidad, “se convertirá en el espacio natural de un periodismo de primera calidad que tendrá vínculos más potentes con el lector que los de tiempos precedentes y que rejuvenecerá la profesión a niveles impresionantes. Hay páginas de internet que son ya indispensables para entender fenómenos sociales en marcha”.

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