¿Cómo creamos los recuerdos? En hechos traumáticos, añadiendo elementos ajenos
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LOS RECUERDOS DEL 11-S HAN SIDO MODIFICADOS EN LA MENTE DE LOS TESTIGOS

¿Cómo creamos los recuerdos? En hechos traumáticos, añadiendo elementos ajenos

Hay acontecimientos históricos que quedan grabados a fuego en la memoria de generaciones enteras. ¿Qué estaba usted haciendo el 11 de septiembre de 2001? Seguro

Hay acontecimientos históricos que quedan grabados a fuego en la memoria de generaciones enteras. ¿Qué estaba usted haciendo el 11 de septiembre de 2001? Seguro que recuerda con claridad dónde estaba en el momento en el que se enteró del atentado contra las Torres Gemelas, con quién compartió sus emociones, cuáles fueron éstas.

La formación y el almacenamiento de los recuerdos tienen mucho que ver con las emociones asociadas a ellos y con el hecho de que estas experiencias sean positivas o negativas, o de mayor o menor intensidad.

Afortunadamente no guardamos en la memoria todo lo que sucede a nuestro alrededor y tan sólo fijamos con fiabilidad aquellos estímulos cuya intensidad es más fuerte.”Cuanto más sensibles seamos a una experiencia, más aumenta la cantidad de detalles memorizados y la sensación de realidad”, explica la catedrática de Bioquímica y Biología Molecular Natalia López Moratalla.

Ella es la responsable de un proyecto de la Universidad de Navarra llamado ‘Los secretos de tu cerebro’ que recoge los últimos avances de las neurociencias sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, en el que participan también Carlos Bernar, especialista en Comunicación Audiovisual en el centro académico y Enrique Sueiro, doctor en Comunicación Biomédica.

La última entrega de este proyecto, que realiza videos cortos a nivel divulgativo, se titula ‘Cerebro adolescente, memoria y creatividad’ y muestra cómo algunas personas para las que el 11-S supuso un gran impacto fueron cambiando inconscientemente la percepción de lo ocurrido. Al cabo de unos días muchas de ellas mezclaban lo vivido, lo escuchado, o lo visto en televisión, de modo que al rememorarlo recreaban lo ocurrido y esto se reescribía en la memoria según el estado anímico de ese momento.

Para elaborar el recuerdo de aquel trágico acontecimiento el cerebro de todos los que lo vivieron “tuvo que utilizar cuatro redes de memoria diferentes: la perceptiva, la semántica, la emocional, y la episódica”, explica Moratalla. “Todas las memorias se entrelazan entre sí y hacen de la memoria un sistema múltiple de redes dinámicas que asocian las diversas facetas del recuerdo”, continúa.

Recuerdos positivos resistentes al paso del tiempo

Lo vivido, y también lo conocido, van configurando la memoria propia, la autobiográfica, que comienza a forjarse en la adolescencia. Los recuerdos positivos que almacenamos en ese proceso resisten mejor que los negativos el paso del tiempo y participan com mayor intensidad en la construcción de la personalidad. Como explica el equipo de la Universidad de Navarra, nos apoyamos en ellos, en los recuerdos felices,  para tejer nuestra identidad, para definir la coherencia de lo que elegimos y para elegir a qué aspiramos.

Por el contrario, las decepciones o el impacto emocional de los acontecimientos traumáticos (que es más intenso en las mujeres) “fragmentan” la memoria emocional produciendo cambios en el cerebro. “De hecho, los traumas rompen las redes de memoria al podar ramificaciones de las neuronas”, añade Moratalla.

Como conclusión, la investigadora recuerda que la memoria nos orienta en el presente y que se trata de un ingrediente fundamental del pensamiento, de la creatividad y de la proyección en el futuro. “Por eso está en manos de cada uno que la memoria sea un depósito de datos más o menos útiles, o un mundo interior lleno de gusto por vivir, del placer por saber, y en el que uno no es un extraño para sí mismo”, añade.

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